La caída de “El Mencho” sacude a México y desata una ola de violencia en al menos diez Estados
Guadalajara, Jalisco, 22 Feb. — La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha desencadenado una jornada de violencia coordinada en varios puntos del país que evocó los momentos más críticos de la llamada guerra contra el narcotráfico.
Bloqueos carreteros, quema de vehículos, ataques a comercios y suspensión de actividades públicas marcaron un domingo de tensión que obligó a los gobiernos estatales a pedir a la población que permaneciera en sus hogares.
El operativo federal que culminó con la caída del capo —considerado durante años el narcotraficante más buscado de México— se desarrolló en el municipio de Tapalpa, en el sur de Jalisco.
De acuerdo con el primer parte oficial del Ejército mexicano, Oseguera resultó herido de gravedad junto a otros tres integrantes del grupo criminal y falleció durante su traslado a Ciudad de México. En la operación también fueron lesionados tres elementos militares.
La reacción no se hizo esperar. Desde primeras horas del día comenzaron a circular en redes sociales imágenes de vehículos incendiados y hombres armados bloqueando carreteras en el área metropolitana de Guadalajara y en el puerto turístico de Puerto Vallarta.
El Gobierno de Jalisco ordenó la suspensión del transporte público, de las clases presenciales en educación básica y de eventos masivos programados para el día siguiente, al tiempo que exhortó a la ciudadanía a evitar desplazamientos innecesarios.



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Las escenas de caos recordaron inevitablemente al llamado Culiacanazo de 2019, cuando durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador fue detenido y posteriormente liberado Ovidio Guzmán, hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, ante la ofensiva del Cártel de Sinaloa en la capital sinaloense.
En esta ocasión, sin embargo, el desenlace fue distinto: la muerte del líder del CJNG ha dejado al grupo en una encrucijada cuya respuesta inicial ha sido la expansión de la violencia.
Aeropuertos, carreteras y comercios bajo amenaza
En Guadalajara, la tensión se concentró en las inmediaciones del aeropuerto internacional, donde se reportaron detonaciones y bloqueos en accesos viales. Aunque las autoridades federales aseguraron que las terminales no cerraron formalmente sus operaciones, varias aerolíneas nacionales e internacionales optaron por cancelar vuelos hasta contar con garantías plenas de seguridad.
En Puerto Vallarta, uno de los destinos turísticos más importantes del Pacífico mexicano, densas columnas de humo se elevaron desde distintos puntos de la ciudad. Automóviles y camiones fueron incendiados en avenidas principales y en tramos carreteros estratégicos, en lo que las autoridades describieron como “narcobloqueos” destinados a entorpecer el despliegue de fuerzas federales.
El gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, informó a media mañana que los sucesos violentos se habían extendido a por lo menos cinco entidades federativas. “Recomendamos no circular por carreteras; continuamos en plena coordinación con la Federación”, señaló. A primeras horas de la tarde, se contabilizaban 21 bloqueos activos en carreteras jaliscienses.
La violencia no se limitó a Jalisco. En Michoacán y Guanajuato se reportaron incendios en farmacias y otros comercios, así como enfrentamientos entre civiles armados y fuerzas policiales. En Hidalgo y Querétaro se registraron bloqueos carreteros y quema de vehículos.
La Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes emitió una alerta por incidentes en vías federales de al menos seis Estados y pidió a los conductores utilizar rutas alternas.
En total, al menos diez entidades anunciaron la suspensión de clases presenciales en educación básica como medida preventiva. La prioridad, subrayaron los gobiernos locales, es proteger a la población infantil ante el riesgo de nuevos brotes de violencia.
Un despliegue federal de gran escala
Ante la magnitud de los disturbios, el Gobierno federal ordenó el despliegue adicional de elementos del Ejército y de la Guardia Nacional en la región centro-occidente del país.
El Gabinete de Seguridad difundió comunicados en los que aseguró que tanto el aeropuerto de Guadalajara como los centros comerciales de Jalisco operaban con normalidad tras los incidentes más graves, entre ellos el ataque a 20 sucursales del Banco del Bienestar.


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En Ciudad de México, la Guardia Nacional resguardó la sede de la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada, donde se practicó la necropsia al cuerpo de Oseguera. La capital, aunque distante del epicentro de los enfrentamientos, activó su propio gabinete de seguridad. La jefa de Gobierno, Clara Brugada, convocó a las autoridades locales para reforzar la vigilancia preventiva.
La onda expansiva alcanzó incluso a Estados alejados del tradicional bastión del CJNG. Gobernadores de Campeche, Veracruz y Oaxaca, en el sur; así como del Estado de México, Hidalgo y Puebla, en el centro del país, instalaron mesas de seguridad para anticipar posibles réplicas violentas. El mensaje común fue de alerta y coordinación con las fuerzas federales.
Reacciones internacionales y presión desde Washington
La caída de “El Mencho” no solo tiene repercusiones internas. El capo era objetivo prioritario del Gobierno de Estados Unidos, que ofrecía una recompensa de 15 millones de dólares por información que condujera a su captura.
La embajada estadounidense en México emitió una alerta de seguridad para sus ciudadanos, recomendando evitar traslados innecesarios y extremar precauciones en Chapala, Puerto Vallarta y Guadalajara, así como en Estados como Guerrero, Michoacán, Tamaulipas y Nuevo León.
Desde Washington, el subsecretario de Estado, Christopher Landau, felicitó a las Fuerzas Armadas mexicanas por el golpe asestado al CJNG y reconoció que la reacción violenta era previsible. “No es sorprendente que los malos estén respondiendo con terror”, escribió en redes sociales.
La presión del Gobierno estadounidense sobre la Administración de Claudia Sheinbaum para intensificar el combate al crimen organizado ha sido constante en los últimos meses. La muerte de Oseguera representa un triunfo simbólico y operativo para la cooperación bilateral en materia de seguridad, aunque también abre interrogantes sobre la recomposición interna del grupo criminal.
El mayor golpe al narcotráfico en años
La figura de Nemesio Oseguera había alcanzado un aura casi mítica en el mundo del narcotráfico. Bajo su liderazgo, el CJNG se consolidó como una de las organizaciones criminales más poderosas, violentas y expansivas de México, con presencia en múltiples Estados y ramificaciones en el tráfico de drogas sintéticas, extorsión y otras actividades ilícitas.
Su caída es considerada por analistas como el mayor golpe al narcotráfico en la historia reciente del país. Solo es comparable con la captura de Ismael “El Mayo” Zambada en julio de 2024, antiguo líder del Cártel de Sinaloa, cuya detención por autoridades estadounidenses desató una guerra interna entre facciones del grupo en Sinaloa.
El precedente no es alentador. En aquel caso, la fragmentación del liderazgo generó un repunte de homicidios y enfrentamientos. Ahora, la incógnita es si el CJNG experimentará un proceso similar. La estructura del cartel, altamente centralizada en torno a la figura de Oseguera, podría enfrentar disputas internas por el control de rutas y negocios ilícitos.
Un país en vilo
Más allá de la dimensión criminal, los acontecimientos ponen a prueba la capacidad del Estado mexicano para contener la violencia tras un golpe de alto perfil. Las imágenes de familias refugiándose en centros comerciales, pasajeros varados en aeropuertos y automovilistas atrapados entre bloqueos reflejan el impacto directo sobre la vida cotidiana.
La narrativa oficial insiste en que la situación está bajo control y que la presencia federal ha sido reforzada para garantizar la seguridad. Sin embargo, la extensión geográfica de los incidentes —desde el occidente hasta el centro y norte del país— evidencia la capacidad de movilización del CJNG incluso tras la muerte de su líder.
El desafío inmediato para las autoridades será evitar que la reacción inicial se convierta en una escalada prolongada. La experiencia mexicana demuestra que la captura o muerte de capos no siempre se traduce en una disminución sostenida de la violencia; en ocasiones, provoca lo contrario.
Por ahora, Jalisco y los Estados vecinos permanecen en alerta máxima. Las carreteras vigiladas por fuerzas federales, los comercios reabriendo con cautela y las aulas vacías son el retrato de un país que celebra un golpe histórico al crimen organizado mientras enfrenta las consecuencias inmediatas de su propia victoria.

