La Costa del Faro, Santo Domingo Este: el territorio donde puede incubarse el nuevo PIB dominicano
Por Milton Olivo
Las ciudades no solo crecen: cumplen destinos. Algunas nacen para administrar, otras para producir, y unas pocas —en momentos excepcionales de la historia— están llamadas a convertirse en motores del desarrollo nacional. Santo Domingo Este se encuentra hoy ante esa encrucijada.
En un mundo sacudido por tensiones geopolíticas, guerras que alteran los mercados, cadenas de suministro que se relocalizan y una economía global que busca territorios seguros, la pregunta clave para la República Dominicana no es abstracta ni lejana: Desde dónde se impulsará el próximo salto del PIB nacional? La respuesta apunta, con fuerza creciente, hacia el Este de la capital. Hacia la Costa del Faro.
Santo Domingo Este no es solo el municipio más poblado del país. Es, quizá sin plena conciencia colectiva, el nudo geoestratégico más importante de la República Dominicana. Aquí confluyen el Puerto Multimodal de Punta Caucedo, el Aeropuerto Internacional de Las Américas, la Autovía del Este, la Avenida Las Américas y el litoral del Mar Caribe. Pocos territorios en el hemisferio concentran en tan corto espacio semejante infraestructura crítica.
En la nueva geopolítica del comercio —donde la cercanía al mercado estadounidense, la logística eficiente y la estabilidad institucional pesan más que la mano de obra barata— Santo Domingo Este posee las condiciones para convertirse en un hub logístico, industrial y de servicios del Caribe. La geografía ya hizo su parte. Ahora toca la estrategia.
De ciudad dormitorio a ciudad productiva. Durante años, Santo Domingo Este creció más en población que en oportunidades. Más de un millón de dominicanos viven aquí, pero producen, trabajan o consumen valor agregado en otros territorios. Ese modelo está agotado.
La verdadera transformación comienza cuando una ciudad deja de ser dormitorio y se convierte en plataforma de producción de riqueza. Zonas francas avanzadas, parques industriales, centros de distribución regional, agroindustrias urbanas y servicios globales pueden —y deben— encontrar aquí su asiento natural.
Cada contenedor que sale de Caucedo con bajo valor agregado es una oportunidad perdida. Cada alimento que se importa y pudo procesarse localmente es un empleo que no nació.
Santo Domingo Este puede articular lo que pocas regiones logran: campo, ciudad y puerto. Desde aquí pueden organizarse cadenas agroindustriales que conecten a Monte Plata, San Pedro, Hato Mayor y el Este profundo con los mercados internacionales.
Plantas de procesamiento de alimentos, cocinas industriales certificadas, centros de acopio, logística en frío y exportación directa permitirían que el valor agregado nazca en el territorio y se multiplique en el PIB nacional. No se trata solo de exportar más, sino de exportar mejor.
Turismo urbano, cultural y espiritual: el otro motor oculto. Cuando se habla de turismo, pocas veces se mira a Santo Domingo Este con la atención que merece. Sin embargo, aquí se encuentra la primera iglesia del Nuevo Mundo, el Faro a Colón, los sistemas de lagos subterráneos, el litoral caribeño y una identidad cultural viva. Base del discurso del Pastor Dio Astacio de convertir Santo Domingo este en un Polo Turistico.
El turismo urbano, histórico, religioso y ecológico puede convertir a Santo Domingo Este en una extensión natural del circuito turístico nacional, elevando el gasto por visitante y generando empleos intensivos en servicios, cultura y creatividad.
El crecimiento sin orden tiene costos. Basura, contaminación, informalidad. Pero también aquí Santo Domingo Este, como somos testigo en el presente marca un rumbo distinto. Empresas comunitarias de reciclaje, economía circular, energías renovables y gestión moderna de residuos no solo embellecen la ciudad: crean riqueza y reducen desigualdades. La economía verde no es un discurso ambientalista; es una política económica inteligente para territorios densamente poblados.
Con una población joven y diversa, Santo Domingo Este, con el ITLA, el ITSC, y las diversas universidades existentes, es un semillero de talento para la economía del conocimiento. Con Centros de formación técnica, dominio del inglés, servicios digitales, BPO y nearshoring tecnológico pueden encontrar aquí una base sólida continuando con la actual política municipal de alinear educación, empresa y gobierno.
Nada de esto ocurrirá por inercia. Requiere liderazgo, planificación y visión. Con un gobierno municipal que entiende que su rol no es solo administrar servicios, sino activar el desarrollo económico local con impacto nacional. Santo Domingo Este no es un apéndice de la capital. Es una palanca del crecimiento dominicano.
La historia enseña que los países despegan cuando uno de sus territorios despierta y arrastra al resto. Hoy, todas las señales indican que Santo Domingo Este es ese territorio.
Si se alinean geografía, infraestructura, talento y visión, el municipio puede convertirse en uno de los principales motores del PIB nacional, un referente caribeño de desarrollo urbano-productivo y un símbolo de que el crecimiento puede ser inclusivo, sostenible y soberano.
Porque el futuro no siempre se anuncia. A veces se construye, barrio a barrio, puerto a puerto, decisión a decisión.
El autor es escritor y analista político.

