La era del pragmatismo geopolítico
Francisco S. Cruz
La gran diferencia política-ideológica, y hasta doctrinaria, es que mientras EE.UU. ha dejado plasmado, en la historia, su larga trayectoria de colonialismo, intervencionismo y golpes blandos, China y Rusia guardan, en paralelo, la suya: dinastías-civilizaciones, un paradigma que colapsó -el comunismo- y un autoritarismo-zarismo que no tiene parangón si hablamos de potencias en el ejercicio de dictadura, dinastía y mesianismo, ortodoxo o no, en que, históricamente, se han superpuesto a sus sociedades -la China y Rusia- y esferas de influencia geográfica-cultural.
Hoy, además de bloques o asociaciones de naciones, para hegemonizar o expandirse no basta con esparcir propaganda o querer esconder o disfrazar las intenciones; y encima, pretender vender la mentira de que solo el otro, en este caso, o casi siempre, EE.UU. es el malo o ambicioso cuando sabemos que, de bando y bando, se busca lo mismo: intereses de todas índoles (económicos, geopolíticos, estratégico, comerciales y culturales). En esa carrera hacia el dominio global, no hay filosofía altruista o cuentos chinos -aunque también- sino presencia activa, guerra abierta o solapada; pero jamás inocente de ningún lado.
Hoy solo se quiere exhibir y hacer noticia sobre lo que es un axioma geopolítico triple -China, EE.UU. Rusia-, pero la narrativa mediática no es holística como tampoco muchos análisis y “estudios”: por ejemplo, quienes son Putin y Xi Jinping si no dos dictadores que igual, bajo otros métodos o inventivas, buscan el predominio y la impostura global en procura de vender un rostro que no es, ni por asomo, democrático; y aunque sí, en el fondo y negándose, capitalismo (no olvidemos que el fascismo también lo fue).
La más irrefutable prueba de que el capitalismo ha sobrevivido o triunfado, es el ejemplo de China y Rusia; o si se quiere ampliar y hacerlo más heterogéneo, al menos geográfica-cultural, los BRICS: (en mayoría “emergentes”) una comuna o entente financiero global -capitalismo y mercados- que se llama bloque emergente frente al obsoleto G-20 -otrora G-7- u otro tanto- donde, al principio, estaban todos….
Sin embargo, y hay que resaltarlo, Donald Trump -un outsider o impredecible- ha roto el equilibrio donde no había equilibrio; aunque sí mucho interés de acorralar a EE.UU. en su propio traspatio (no importa desde o mediante qué: comercio, religión o la “cooperación”). Porque en la guerra que se libra hoy no se trata de espacio sino de tierras raras, minerales, avances científicos-tecnológicos, geopolíticos y culturales. Es otra forma de capitalismo (no tiene otro nombre) donde Europa luce rezagada y donde EE.UU. da la cara -la que hay que poner a China y Rusia- y carga con la propaganda negativa. Así no, tío -como se diría en España-. En fin, hagamos análisis menos sesgados, pues no solo está EE.UU. tras Groenlandia; sino también, China y Rusia -con presencia activa a través de sus taparetes ONG y “altruismo” de mercado-.
Entonces, en la era del pragmatismo geopolítico, no podemos mirar solamente lo que hace o no hace Trump, sino también lo que hacen Putin y Jinping -que no son dos angelitos-, digo, si queremos mirar mejor esta nueva fase del capitalismo por más propaganda que se esparza para convencernos de que estamos ante un Hitler y dos Mahatma Gandhi. ¡Mentira!
El Caribe

