La negación total como mecanismo de supervivencia política

Por Milton Olivo

En Santo Domingo Este se vive un fenómeno curioso, casi clínico, digno de ser estudiado con detenimiento por sociólogos, politólogos y psicólogos sociales.

Mientras la administración municipal avanza, ejecuta, inaugura y transforma, una parte importante de la oposición —incluyendo aspirantes a la alcaldía tanto del PRM como de partidos adversarios— ha optado por una estrategia tan antigua como riesgosa: la negación total de la realidad.

No se trata de crítica constructiva, ni de debate de ideas, ni mucho menos de la presentación de propuestas superiores. Se trata de algo más básico, mediocre y más humano: negar lo evidente como mecanismo de supervivencia política.

La escena se repite. Se inaugura un espacio público recuperado y se dice que es maquillaje. Se ordena el sistema de recogida de residuos y se insiste en que «la basura sigue igual». Se realizan operativos de salud en barrios históricamente olvidados y se afirma que «no se siente el cambio».

Se intervienen drenajes, se mejora el tránsito, se impulsa la cultura, el deporte, la tecnología y la seguridad ciudadana, y aun así, desde ciertos micrófonos y redes sociales, se construye una narrativa paralela donde nada sirve, nada funciona y nada ha cambiado.

Da pena. No por la crítica en sí —que siempre es necesaria en democracia— sino por la pobreza intelectual y estratégica que revela.

 Porque da la impresión de que ignoran un detalle fundamental: la sociedad observa. Y observa con atención. Cuando un dirigente afirma que algo está mal, mientras la experiencia cotidiana de la gente dice lo contrario, el descrédito no cae sobre la obra, sino sobre quién la niega.

Aquí emerge el problema humano. Santo Domingo Este, en el presente, es un territorio en transformación. Un municipio impactado por un verdadero tsunami de iniciativas multisectoriales, propositivas y desarrollistas:

La recuperación de espacios públicos, la mejora sostenida de los servicios municipales, la solución de problemas históricos de drenaje, el control de la basura, el impulso cultural y deportivo, el humanismo solidario expresado en operativos constantes de salud en los sectores más vulnerables, el fortalecimiento de la seguridad ciudadana, el ordenamiento del tránsito, la planificación urbana, y el avance tecnológico no son discursos: son hechos palpables.

Y es precisamente ahí donde la negación se vuelve un acto desesperado. Porque superar esa avalancha de acciones no es fácil, ni siquiera con discursos elocuentes. Requeriría visión, estudio de la realidad, y sobre todo, sensibilidad social.

La metáfora se impone sola: mientras la administración municipal avanza a ritmo de Ferrari, muchos opositores —internos y externos— avanzan sobre burros. Y en lugar de acelerar, innovar o cambiar de vehículo, pretenden que el Ferrari reduzca su marcha para acomodarse a sus límites.

La historia política enseña que la negación sistemática no construye liderazgos ni genera confianza. Al contrario, termina convirtiéndose en una fábrica de infamia que erosiona a quien la practica.

Porque la realidad, tarde o temprano, siempre se impone. Y cuando lo hace, deja al desnudo a quienes creyeron que negar lo evidente era una estrategia, cuando en realidad era una infamia.

A la oposición —interna y externa— le convendría hacer una pausa honesta y un ejercicio profundo de introspección. Abandonar la negación como refugio y asumir el camino más difícil, pero más digno y eficaz: estudiar la realidad con rigor, reconocer los avances cuando existen y elevar el nivel del debate político.

La crítica que transforma no es la que grita, distorsiona o miente, sino la que propone alternativas viables, superiores y éticamente sustentadas. Solo así podrán reconectarse con una ciudadanía que no espera descalificaciones, sino ideas; no infamia, sino visión; No resentimiento, sino liderazgo.

Negar la realidad puede ofrecer alivio momentáneo, pero comprenderla y superarla es lo único que construye futuro. Porque la verdad no necesita ser defendida con gritos: avanza sola, mientras la mentira corre, se agota y finalmente cae por su propio peso.

*El autor es escritor, novelista, pensador social y analista dominicano, comprometido con la reflexión ética, el desarrollo humano y la construcción de una República Dominicana potencia; más justa y consciente. Su escritura aborda temas de interés público, gobernanza, valores cívicos y visión de futuro, con un enfoque humanista que conecta la política, la economía y el bienestar colectivo. Desde una perspectiva crítica y propositiva, promueve el fortalecimiento institucional, la responsabilidad social y una cultura de compromiso con el bien común.

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