La relación entre embarazo adolescente y salud mental: una emergencia en República Dominicana
Por Doctor Ramón Ceballo
En la República Dominicana, el alto número de embarazos en adolescentes revela múltiples problemáticas sociales, educativas y de salud pública que se encuentran profundamente interconectadas y que requieren atención urgente.
El país enfrenta una combinación particularmente alarmante, elevadas tasas de embarazo adolescente y una prevalencia de problemas de salud mental en una población que supera el 20 %, según estimaciones nacionales e internacionales. Esta doble realidad no puede seguir analizándose por separado.
El embarazo en adolescentes no ocurre en un vacío emocional; se desarrolla en una sociedad donde la salud mental continúa siendo una deuda histórica del sistema público.
Una parte significativa de estos embarazos se concentra en zonas fronterizas y en provincias con altos índices de pobreza y desigualdad, lo que evidencia una relación directa entre precariedad social, falta de oportunidades y maternidad temprana.
A ello se suman que provienen de familias disfuncionales que trae como resultados limitaciones económicas, baja escolaridad de las familias y escaso acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, factores que dificultan seriamente la prevención y el acompañamiento adecuado de las adolescentes.
La adolescencia es una etapa crítica del desarrollo psicológico y neurológico. La regulación emocional, el control de los impulsos y la toma de decisiones aún se encuentran en proceso de maduración. Precipitar la maternidad en este período incrementa de manera significativa el riesgo de trastornos mentales.

Estudios internacionales estiman que una de cada cinco mujeres experimenta algún trastorno de salud mental durante el período perinatal, pero más del 50 % no recibe diagnóstico ni tratamiento oportuno. Cuando se trata de adolescentes, este subregistro y abandono son aún mayores.
La realidad es que la adolescente embarazada enfrenta más que una mujer adulta depresión perinatal, trastornos de ansiedad, pánico y trastorno obsesivo-compulsivo, condiciones para las cuales no están emocional ni socialmente preparadas, además, riesgos físicos (eclampsia, parto prematuro) bebé (bajo peso), y no cuenta con una red de apoyo formal y suficientemente robusta dirigida específicamente a las adolescentes embarazadas.
En casos menos frecuentes, pero de extrema gravedad, aparece la psicosis posparto, una condición que puede poner en riesgo la vida de la madre y del recién nacido. En un país con servicios de salud mental limitados, centralizados y con bajo presupuesto,
Durante los primeros nueve meses de 2025 se registraron 11,961 embarazos en adolescentes, incluyendo más de 600 casos en niñas menores de 15 años. Estas cifras, aunque muestren reducciones marginales, siguen siendo inaceptablemente altas.
Detrás de cada número hay historias marcadas por vulnerabilidad emocional, pobreza, violencia intrafamiliar, abuso sexual, abandono escolar y ausencia de redes de apoyo. En un contexto donde uno de cada cinco dominicanos presenta síntomas de ansiedad, depresión u otros trastornos mentales, las adolescentes parten en clara desventaja.
El problema se profundiza porque la respuesta institucional sigue siendo parcial y tardía. El sistema de salud dominicano continúa abordando el embarazo adolescente casi exclusivamente desde una perspectiva biomédica, centrada en el control prenatal, mientras la salud mental perinatal no forma parte estructural del acompañamiento.
No existe un seguimiento psicológico sistemático antes, durante ni después del embarazo, a pesar de la elevada carga de trastornos mentales no atendidos en la población general.
A esto se suma la exclusión educativa. Una proporción significativa de la deserción escolar femenina está directamente vinculada a la maternidad temprana. Al abandonar la escuela, muchas adolescentes quedan atrapadas en un ciclo de dependencia económica, informalidad laboral y relaciones de pareja desiguales o violentas, factores que deterioran aún más su salud mental y limitan cualquier posibilidad real de movilidad social.
Hablar de embarazo adolescente en la República Dominicana exige reconocer que estamos ante una emergencia de salud mental dentro de otra emergencia mayor. No basta con reducir cifras reproductivas, se requieren políticas públicas integrales, sostenidas y basadas en evidencia que articulen educación sexual, prevención de la violencia, permanencia escolar y atención psicológica oportuna.
Ignorar esta realidad no es neutral, porque la ausencia de políticas públicas también enferma.

