Las memorias de Melania eran malas: La película es peor

Por Carlos Lozada

Columnista de Opinión

The New York Times

La película Melania es un clásico instantáneo: de la opacidad, de la superficialidad, de la desconexión. Y puede que ese sea el objetivo.

Su protagonista, la que fuera y es de nuevo la primera dama de Estados Unidos, permanece ignota e inalcanzable a lo largo de más de 100 minutos de escenas rebuscadas y narraciones genéricas. En una historia que abarca los 20 días previos a la investidura presidencial del año pasado, Melania Trump está en constante movimiento —en aviones, en coches, en tacones—, pero siempre a distancia, justo frente a ti, pero muy alejada de cualquier espectador que quiera vislumbrar a la persona que se esconde tras las gafas de sol.

En 2024, leí las memorias de la primera dama (también se titulaban Melania; ¿estará muy lejos un pódcast llamado Melania?) y me parecieron indiferentes, insulsas y descaradamente oportunistas. Y, sin embargo, comparado con la película, el libro era mejor. Al menos las memorias nos contaban algo, por fugaz que fuera, sobre los primeros años de la vida de Melania Trump. También revelaban su apoyo al derecho al aborto y dejaban al descubierto sus ambiciones pecuniarias. La película, que parece un capítulo adicional del libro, no añade casi nada. Es una proeza cinematográfica dedicar tanto tiempo a una persona y revelar tan poco.

“Con esta película”, dice, “quiero mostrar mi travesía al pueblo estadounidense”. Hay que felicitar a la primera dama por no utilizar “travesía” de forma terapéutica, pero se toma la palabra demasiado al pie de la letra; gran parte de la película parece un solitario diario de viaje mientras revolotea entre Florida, Washington y Nueva York. No hay ningún viaje interior. Cuando entrevista a los aspirantes a trabajar para ella en la Casa Blanca, dice que los miembros de su personal deben “compartir mi visión porque no solo están al servicio de mi oficina, sino que están al servicio del país”.

¿Cuál es la visión de Melania Trump para el país? No lo sé, y vi la película dos veces.

En la película, ella afirma que su objetivo es “hacer evolucionar el papel de primera dama más allá de los deberes sociales formales”, sin embargo, los deberes sociales formales ocupan la mayor parte de la trama. Los momentos de mayor tensión giran en torno a las modificaciones de sus atuendos para las festividades de la inauguración (“Aquí tiene que quedar mucho más ajustado”, le dice a su diseñador, Hervé Pierre) o la gran revelación de las invitaciones y la disposición de las mesas (“Nadie, absolutamente nadie, ha visto esto todavía”, le comenta un organizador de eventos). Cuando, a cinco días de la investidura, la primera dama vuelve a su diseñador con las últimas peticiones, le explica que “mi visión creativa ha alcanzado su versión final”.

No preguntes qué puede hacer tu país por ti. Pregunta qué puede hacerte ver bien para tu país.

Hay algunos momentos en la película que ofrecen algo de humanidad. Cuando Melania Trump consuela a una mujer que fue tomada como rehén por Hamás el 7 de octubre de 2023 y cuyo marido aún no había sido liberado, muestra el tipo de compasión y conexión que cabría esperar de una primera dama. Otra escena la muestra en la catedral de San Patricio, encendiendo una vela para conmemorar el aniversario de la muerte de su madre. (“Ella venía aquí a menudo cuando estaba en Nueva York”, dice a los sacerdotes).

Dejando a un lado estos casos, gran parte de Melania tiene un estilo similar al de ChatGPT. A lo largo de la película, que tiene más de infomercial que de documental, las descripciones y declaraciones de la primera dama caen en un diáfano sinsentido:

“Cada día vivo con propósito y devoción, orquestando las complejidades de mi vida mientras atiendo las necesidades de mi familia”.

“Como primera dama de Estados Unidos, la verdadera nobleza consiste en hacerme más fuerte que la persona que era ayer. Esta fuerza no puede provenir del título. Es una fuerza silenciosa que viene del interior”.

“Como primera dama, honro la importancia de la Casa Blanca y su lugar tan especial en la historia de nuestra nación”.

“Mi objetivo es establecer una coalición con otros líderes mundiales para ayudar a los niños”.

El galimatías de lenguaje político alcanza su punto álgido cuando Melania Trump reflexiona sobre un almuerzo con miembros del Congreso el día de la investidura. “Como primera dama, pienso constantemente en cómo nuestros legisladores pueden fomentar la dignidad, crear igualdad de oportunidades y promover la compasión mediante la unidad de todos los estadounidenses”.

Esta referencia a la “unidad” no es casual. También aparece en las memorias, donde Melania Trump recuerda haber “acogido el mensaje de unidad de Donald” durante la campaña de 2016. “Podemos elegir”, escribió en su libro. “Ser desgarrados por la violencia, el odio y la división o unirnos en un espíritu de amor, bondad y humanidad compartida. Es fundamental que elijamos esto último antes de que sea demasiado tarde”.

¿Cree que lo hemos elegido, o que el presidente Trump lo ha hecho?

No importa; lo único que importa es que él debe decirlo. En la película, cuando la primera dama asiste al ensayo del discurso de investidura de su esposo, lo escucha declarar que el legado del que se sentirá más orgulloso será el de pacificador. “Pacificador y unificador”, interviene ella. Él dice a los cineastas que no incluyan ese intercambio en el montaje final, pero ella insiste en que lo mantengan. Al final, él sí incluyó la palabra en el discurso. “El legado del que me sentiré más orgulloso será el de ser un pacificador y unificador”, dijo. “Eso es lo que quiero ser: un pacificador y un unificador”.

En la película, ese momento del discurso del presidente está editado de tal forma que parece que señaló a su esposa inmediatamente después, para reconocer la frase sobre ser un “unificador”, aunque en realidad no lo hizo cuando pronunció el discurso en la Rotonda del Capitolio. Aun así, el episodio se presenta como un triunfo de la primera dama, como si al decir algo y repetirlo pudiera convertirse en verdad, o al menos pudiera parecerlo. En este aspecto, tiene mucho en común con el presidente.

Cerca del final de la película, hace hincapié en su experiencia como migrante, pero de una forma descontextualizada de la reciente campaña de su marido, una campaña basada en la promesa de la deportación masiva de quienes “envenenan la sangre” de Estados Unidos, como él ha dicho en repetidas ocasiones.

“Al entrar en la Rotonda del Capitolio, sentí el peso de la historia entrelazada con mi propia travesía como inmigrante, un recordatorio de por qué respeto tan profundamente a esta nación”, dice Melania Trump. “Todos debemos hacer lo que podamos para proteger nuestros derechos individuales. No darlos nunca por sentados. Porque al final, no importa de dónde vengamos, nos une la misma humanidad”.

En su libro, la primera dama escribió que instó al presidente a poner fin a la separación de familias en la frontera sur durante su primer mandato. En la película, la seguridad que más le preocupa es la de su propia familia. Cuando ella y su marido se reúnen con el director del Servicio Secreto para hablar de cuestiones de seguridad, ella pregunta sobre la posibilidad de abandonar el vehículo durante un desfile inaugural. “¿Cómo podría ser seguro?”, pregunta. “Me preocupa, sinceramente. Y sé que Barron no saldrá del coche”.

Menos de un año después de que su marido escapara por poco de un intento de asesinato, los temores de Melania Trump son perfectamente comprensibles, “especialmente con el último año”, como recuerda de forma oblicua. Sin embargo, cuando oigo su preocupación por salir del coche, avanzo rápidamente a un año después, cuando agentes del gobierno de su esposo sacan a la gente de sus coches, o les disparan dentro de ellos.

Sinceramente, todos tenemos preocupaciones.

Incluso las películas prosaicas tienen un punto álgido, y en Melania es sin duda la música. Los espectadores ven a la primera dama cantando “Billie Jean” de Michael Jackson mientras la llevan a un aeropuerto de Nueva York. (Digo “ven” porque apenas se oye su voz). Más tarde, al salir de un baile inaugural, se ríe y se luce ante la cámara mientras baila “YMCA”. Parece que son raros momentos espontáneos, aunque es difícil saberlo con certeza.

Sin embargo, la banda sonora también trolea un poco. Melania comienza con un largo plano de aproximación a Mar-a-Lago, al son de “Gimme Shelter”, una canción de los Rolling Stones de 1969 sobre una tierra tan tensa que está “a un tiro” de la guerra, de los estragos de las violaciones, los asesinatos, las inundaciones y los incendios. Mientras los Trump se despiden del personal de Mar-a-Lago antes de dirigirse a Washington para la toma de posesión, los espectadores oyen la melodía de “Everybody Wants to Rule the World”, una elección intrigante para una presidencia entrante empeñada en la expansión territorial y el uso agresivo del poder ejecutivo. Y luego, mientras los Biden se alejan en avión y los Trump caminan de vuelta hacia la Casa Blanca, oímos la obertura de Rossini de La Gazza Ladra (La urraca ladrona), utilizada en escenas ultraviolentas de la película distópica de Stanley Kubrick La naranja mecánica y, más recientemente, en la segunda temporada de Sherlock de la BBC, cuando el archivillano Moriarty irrumpe en la Torre de Londres y se adorna con las joyas de la corona de Inglaterra, sentado en un trono y empuñando un cetro.

Todo es demasiado obvio.

Durante gran parte de la película, Trump permanece en un segundo plano —la primera vez que oímos su voz es a los 20 minutos— y, cuando aparece, a menudo se enfoca en el aspecto de su esposa. Presenta a Melania Trump en una celebración postinaugural en el Capital One Arena de Washington como “mi bella esposa”. (También presenta a Barron Trump, un poco torpemente, como su “hijo muy alto”). Durante las conversaciones sobre seguridad, le pregunta si tiene un “vestido bonito” para la toma de posesión y se pregunta si “puede competir” con el que llevó en 2017.

Su sencilla respuesta (“Mira”, dice ella) es la contestación perfecta para un presidente obsesionado con la imagen que se proyecta en televisión, con si las personas dan la talla o parecen sacadas de un “casting central”, como él suele decir. También es el mensaje perfecto para los espectadores de Melania. No hace falta conocerla; basta con verla.

En ese sentido, esta película hace un buen trabajo.

Cuando fui a ver la primera función disponible de la película en Washington el viernes de su estreno, me encontré con gente de todo tipo; es decir, de The Atlantic y The Wall Street Journal, de la CNN y The New York Times. “¿Todo el mundo aquí es periodista?”, gritó alguien en el cine. “¿Hay algún civil aquí?”. Un civil solitario se identificó como tal. Cuando volví a verla el domingo, parecía estar rodeado de gente común (un público algo mayor, sin ninguna libreta a la vista) que parecía estar disfrutando de la película.

La película tuvo un fin de semana de estreno mejor de lo esperado (unos 7 millones de dólares en venta de entradas en Estados Unidos y Canadá), aunque todavía muy lejos de los 75 millones de dólares que Amazon se gastó en adquirir y promocionar la película. No obstante, Jeff Bezos, fundador y presidente ejecutivo de Amazon, sale bastante bien parado. La película narra la cena a la luz de las velas de Trump en el Museo Nacional de la Construcción en vísperas de la toma de posesión, y Melania Trump se deshace en elogios hacia los invitados, destacando la “elegancia y sofisticación de nuestros donantes”, calificándolos de “motor de la campaña y su filosofía”. En ese momento, la cámara se desliza sobre un Bezos sonriente. Aquí no hay sutileza.

Al inicio de Melania, Pierre se enorgullece del vestido que la primera dama llevaría para los bailes. “Lo fascinante de este vestido es que no se ve ninguna costura”, dice. “Esta pieza es solo una pieza. Es un misterio”. Imagina que cuando la gente lo vea, se maravillará de su diseño. “Dirán algo así como: ‘¿Cómo hicieron el vestido? No veo nada por ninguna parte’”.

Esta película me dejó una sensación muy parecida. La superficie es todo lo que hay. No veo nada más, en ninguna parte. La película termina, convenientemente, con una larga sesión fotográfica de la primera dama. Después, la palabra “Melania” parpadea en la pantalla y, con el sonido crepitante de un flash, desaparece.

The New York Times

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