Las Promesas de Dios
por Anthony Franco Montero
En la vida hay procesos que nos marcan, temporadas que nos secan, decisiones que nos llevan a estados de ansiedad, frustración y dolor. Momentos en los que las circunstancias difíciles nos abruman. Nos sentimos solos, preocupados y cansados de tanto batallar. Son tiempos donde las fuerzas se agotan, se terminan los recursos, experimentamos pérdidas y las alternativas humanas desaparecen.
En estas etapas marcadas por el dolor o la desilusión, sencillamente olvidamos quiénes somos en Dios, ignoramos nuestra identidad y optamos por refugiarnos en el valle de sombra de muerte. Sentimos que nos encontramos en un callejón sin salida.
Pero son precisamente esos momentos en los que, sin importar los dolores, enfermedades, crisis, tentaciones o amenazas, necesitamos reconocer que para cada problema, Dios nos ha entregado una solución; para cada dificultad, el Señor nos ha provisto de herramientas para salir victoriosos. Esas herramientas son sus PROMESAS, aquellas que nuestro Padre eterno nos ha entregado y que nos invitan a conocer, abrazar y creer con toda nuestra mente y corazón.
Al conocer y creer en sus promesas, aprendemos a caminar «como viendo al invisible». El miedo desaparece, la depresión y la ansiedad se desvanecen. Cuando conocemos los planes de Dios, nuestra perspectiva cambia por completo, transformando la mentalidad de pobreza, conmiseración y culpabilidad, por una actitud de fe, esperanza y gratitud. Y también, la Palabra de Dios nos recuerda que sus promesas «son de bienestar, y no de calamidad, para darnos un futuro y una esperanza» (Jeremías 29:11, LBLA).
Dichas promesas nos dan aliento, nos brindan esperanza, nos levantan, nos restauran, nos renuevan, vivificando y refrescando nuestras almas, trayendo transformación a nuestras vidas, así como escribió David: Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, en la cual me has hecho esperar. Ella es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado. (Salmos 119:49-50)
Lo más impresionante de nuestro Dios, es que sus promesas nos dan garantía de gozo, victoria y satisfacción, ya que por medio de Él somos más que vencedores.