Los jóvenes votan por Trump, pero eso no cambia su ideología
Por Neil Gross
The New York Times
Gross es profesor de sociología en Colby College y está trabajando en un libro sobre cómo la política está redefiniendo la experiencia universitaria.
Los demócratas se alarmaron la primavera y el verano pasados cuando los sondeos insinuaron que los votantes de 18 a 29 años estaban suavizando su compromiso de siempre con el Partido Demócrata. Tras las elecciones de noviembre, cuando los sondeos a pie de urna indicaron que Kamala Harris había ganado el voto de los adultos jóvenes solo por un escaso margen (si es que lo había), parecía que el terreno había cambiado. Un artículo de portada de la revista New York, posterior a la inauguración, sobre jóvenes partidarios de Trump de fiesta en Washington, captó la impresión generalizada de que se trataba de una realineación generacional: el ascenso de un grupo de jóvenes MAGA (sigla en inglés del eslogan “Hagamos a Estados Unidos grandioso de nuevo”).
Tras examinar los datos de una nueva encuesta y entrevistar a más de 100 adultos jóvenes para un libro que estoy escribiendo sobre cómo la política está remodelando la experiencia universitaria, tengo mis dudas. Puede que los jóvenes MAGA se sientan llenos de energía y empoderados, pero el empoderamiento es distinto del crecimiento numérico. Los datos sugieren que el cambio en el voto de los adultos jóvenes a favor de Donald Trump no refleja un cambio importante en la ideología. Más bien, el cambio parece deberse a que los jóvenes votantes moderados o algo liberales decidieron apostar por Trump preocupados por el estado de la economía, y a que los jóvenes moderados y progresistas decidieron quedarse en casa porque pensaban que Harris era demasiado progresista o no lo bastante progresista. Se trata de un punto con implicaciones tanto para demócratas como para republicanos.
La característica más llamativa del giro hacia Trump de los adultos jóvenes es que se produjo a pesar de que no ha habido un aumento reciente significativo de la proporción de adultos jóvenes que se identifican como conservadores. Los datos del Estudio Electoral Cooperativo, una encuesta nacional con más de 50.000 encuestados durante los años electorales, muestran que entre 2006 y 2023, alrededor del 23 por ciento de los estadounidenses de 18 a 29 años se identificaron como “conservadores” o “muy conservadores” en promedio, una cifra que fluctuó solo modestamente de año en año. Las cifras de 2024, que los investigadores del estudio han compartido conmigo, no muestran ninguna desviación significativa de este patrón. (A pesar del temor a la influencia de una “manosfera” misógina en internet, la proporción de hombres y mujeres jóvenes que se identifican como conservadores tampoco cambió de forma apreciable).
Asimismo, la encuesta solo registró cambios modestos en las afiliaciones a partidos políticos de los adultos jóvenes en las dos últimas décadas. Los jóvenes han ido suavizando su compromiso con los demócratas, pero también con los republicanos. En lugar de estas lealtades, un número creciente dice ser independiente.
Escuché esta insatisfacción con la afiliación partidista en mis entrevistas. Una mujer negra de familia inmigrante que se había graduado recientemente en una universidad pública emblemática del sur me dijo que se había sentido frustrada por la polarización política que había presenciado en su universidad, donde “o eres demócrata o eres republicano”, dijo. “Es como los hippies contra los veteranos”.
Se enorgullecía de no estar vinculada a ningún partido. Recientemente había estado leyendo el Proyecto 2025, el anteproyecto de la Fundación Heritage para la segunda presidencia de Trump. Encontró algunos elementos que le disgustaban y otros que le gustaban, una reacción no partidista que sugirió que debería ser más habitual. (Como ocurre con la mayoría de las investigaciones en ciencias sociales, los participantes en mi estudio permanecen en el anonimato).
Tampoco hay muchas pruebas de que los adultos jóvenes tengan opiniones cada vez más conservadoras, sino todo lo contrario. Un estudio reciente de los sociólogos Kyle Dodson y Clem Brooks descubrió que, de 2012 a 2020, la opinión pública de Estados Unidos hacia las minorías raciales, los inmigrantes, las personas homosexuales y lesbianas y otros grupos creció en aceptación social, con los jóvenes adultos a la cabeza de ese cambio. Los jóvenes republicanos también se volvieron más tolerantes socialmente, aunque no en todos los temas.
Esto forma parte de una tendencia a más largo plazo. Sociólogos como Mike Hout y Ethan Fosse han demostrado que en una amplia gama de cuestiones sociales, como la división del trabajo doméstico entre hombres y mujeres, la moralidad de la homosexualidad, las opiniones sobre el castigo corporal y los sentimientos sobre la oración en la escuela, la tendencia general a lo largo del siglo pasado es que los estadounidenses nacidos cada año sucesivo expresen actitudes ligeramente más tolerantes, igualitarias y laicas que el anterior. Aunque estos estudios no llegan hasta 2024, las investigaciones de Gallup indican que esta evolución no ha cambiado de rumbo en los últimos años, por mucho que se hable de un cambio de vibra.
Por el contrario, hay pruebas contundentes de que las consideraciones económicas importaron mucho a los jóvenes estadounidenses en las elecciones de 2024. Aunque los votantes de todos los grupos de edad citaron la economía como una preocupación urgente, esto fue particularmente cierto para los votantes menores de 30 años, con un 40 por ciento que declaró que la inflación había sido el factor más importante en su voto para presidente, y un 46 por ciento más que dijo que había sido un factor importante. Al parecer, un número considerable de jóvenes creía que Kamala Harris continuaría con las políticas del gobierno de Joe Biden, a las que consideraban responsables de los altos precios, y esperaban que Donald Trump trajera alivio.
Pero votar por Trump no significaba necesariamente que estos jóvenes se hubieran convertido en fieles del movimiento MAGA. En respuesta a una encuesta que realicé el verano pasado, una joven de la costa Oeste, una estudiante latina que se desplaza diariamente a su trabajo y que recibe muchas ayudas económicas en una gran universidad pública no selectiva, declaró que, aunque era algo liberal y le preocupaba el medioambiente, pensaba votar por Trump. Dijo que su voto se referiría a la economía, a cómo, bajo el gobierno de Biden, la gente “no podía permitirse cubrir sus necesidades básicas”.
La migración también era una cuestión importante para algunos jóvenes votantes de Trump, pero no, al parecer, de la forma tan partidista en que era importante para los votantes de más edad. Una encuesta realizada en septiembre por el Instituto de Política de Harvard reveló que más de un tercio de los estadounidenses de entre 18 y 29 años apoyaban la deportación masiva de las personas migrantes que se encontraban ilegalmente en el país; sin embargo, el Centro de Investigación Pew informó en diciembre de que solo el 10 por ciento de los adultos jóvenes decía que debían reducirse los niveles de inmigración legal. Esto sugiere que los jóvenes tendían a estar más motivados por preocupaciones económicas asociadas a la migración a gran escala y no regulada que por llamamientos nacionalistas o xenófobos, a pesar de los focos de apoyo de la extrema derecha.
También está la cuestión de los jóvenes que podrían haber votado a Harris pero se abstuvieron de votar. Muchos jóvenes moderados la consideraban demasiado progresista o “woke”. Muchos jóvenes progresistas la consideraban poco progresista, especialmente a la luz de la ayuda militar del gobierno de Biden a Israel. En la medida en que estas personas se quedaron en casa el día de las elecciones, provocaron un aumento de la proporción del voto adulto joven a favor de Trump, pero no un aumento del número de jóvenes que lo apoyaron.
Soy sociólogo, no estratega político, pero creo que aquí hay lecciones tanto para demócratas como para republicanos. Los demócratas, pensando que tienen el viento de la historia a sus espaldas, a menudo dan por sentado el apoyo de los adultos jóvenes, centrando sus esfuerzos más en llevarlos a las urnas que en ganarse su voto. Sin embargo, el cambio social a largo plazo no se traduce automáticamente en éxito electoral. Aunque los jóvenes son cada vez más progresistas desde el punto de vista social, son más votantes de bolsillo de lo que los demócratas se han dado cuenta.
Los republicanos, por su parte, deberían tener en cuenta los límites de su mandato entre los jóvenes estadounidenses, tal como es. La base principal del Partido Republicano sigue siendo la gente blanca de más edad, que dice que ya no reconoce el país que los jóvenes están creando. Cuanto más busque complacer el gobierno de Trump a estos votantes, redoblando la oración en las escuelas públicas, por ejemplo, o persiguiendo una prohibición nacional del aborto o imponiendo restricciones a los derechos del colectivo LGBTQ+, más se arriesga a alienar a los votantes más jóvenes y socialmente más tolerantes, quienes se inclinaron por Trump en busca de mayores sueldos y viviendas más baratas, especialmente si la economía se tambalea.
Quizá los votantes jóvenes de hoy adopten más plenamente las identidades partidistas a medida que se hagan mayores. Pero también es posible que el descontento con ambos partidos sea tan grande que estemos presenciando la aparición de una cohorte de votantes indecisos que están abiertos a la persuasión en cada ciclo político. Si esto tiene el efecto de atemperar nuestra política polarizada y disfuncional, les deberemos a los jóvenes de hoy nuestra gratitud.
The New York Times