Pausas, cansancio y fe
Por Carmen Imbert Brugal
Las pausas obligadas se convierten en anhelo, respiro después de olvidar los feriados de Navidad y Año Nuevo. Los días 21 y 26 sirven para atenuar el sofoco que produce la cuesta de enero.
El Día de la Altagracia obliga, el miércoles, la atención acompañará a la multitud peregrina, feligresía que irá a la Basílica Catedral ubicada en Higüey, santuario erigido en honor a la “madre espiritual del pueblo dominicano” a pedir y agradecer, a encender velas y cuabas, a mirar como llegan los funcionarios apresurados para lograr un asiento cerca del jefe de estado, de gobierno y para algunos también de la iglesia católica.
Los oídos estarán atentos para detectar alguna novedad en el sermón a cargo del obispo de la Diócesis. Párrafos más, párrafos menos se puede intuir el contenido desde antes: loas al poder terrenal, denuncias de “los males sociales” y la actualización podría incorporar con tenues pinceladas, el caso SenaSa o insinuar la existencia de políticos del PRM complicados con el narcotráfico sin que falte la mención del tema de Haití que se ha esfumado de la agenda.
Sentir desde el púlpito la mirada de los representantes del poder terrenal atenúa ímpetus, para lo delicado están las reuniones discretas y las peticiones. Por eso el sonsonete místico se pronuncia sin estridencias con titulares y comentarios presentidos y con la certeza de la reproducción en las parroquias.
La atención religiosa tendrá competencia en la travesía trasatlántica rumbo a Madrid para el disfrute de la Feria Internacional de Turismo (Fitur2026), la romería que llena aviones, tabernas, hoteles, multiplica brindis y conquistas más allá de la necesaria y efectiva labor del ministerio de Turismo.
Aunque la propuesta de incluir en el diccionario de la RAE el dominicanismo “fiturear” como sinónimo de figurear hecha por el periodista y diplomático Anibal de Castro todavía no ha sido ponderada, fiturear se ha convertido en símbolo de chabacano y emergente estatus.
Durante la jornada la información más trascendente vendrá de ultramar y aquí se atenderá la seña para eludir los pendientes con avemarías e incienso suficientes. En el territorio la cotidianidad dependerá de las cabriolas acostumbradas para desviar el interés y acallar problemas.
Diecinueve días tiene el año y el agotamiento se siente además de la desesperación que produce conducir por calles, avenidas, carreteras, en una RD que no ha logrado moverse a pesar del entusiasmo del director de Intrant, defensor del fiasco RDSeMueve.
La displicencia colectiva desoye las denuncias que describen escarceos dolosos en algunas instituciones. Tampoco interesa el entra y sale por la incontrolable frontera y la resignación comenta como chisme, las consecuencias de la violencia con desapariciones añadidas.
La buena estrella sigue iluminando la ruta del oficialismo y los escribidores complacientes cooperan. El affaire Venezuela-Trump ha permitido engavetar, postergar, estar atentos a las revelaciones del camarada Miguel Mejía y asumirnos especialistas ad-hoc en política venezolana para auscultar el talante del liderazgo bolivariano. Una, astuta, pacta y reniega, otra, confunde una presea como la otorgada por la Academia Sueca con una medallita de la Virgen de Coromoto y la regala, esperando milagros.
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