Ramón y yo, admiración peremne
Por Pedro Richardson
Con el titulo no pretendo asumir al clásico Platero y yo, obra maestra de la literatura española, escrita por el nobel Juan Ramón Jiménez en 1914 donde en prosa poetica narra la relación entre el poeta y su burro, Platero, en un pueblo de Andalucía.
En este breve artículo evoco mi amistad con ese gigante del intelecto , la solidaridad y el ejercicio ético de la política que es Ramón Albuquerque, quien como yo venimos del batey, él de Gonzalo y nosotros de Palo Bonito.
En 1979 vivimos tiempos de cambios y nacionalización del oro, Ramón venia lleno de lauro desde Alemania y yo hacia pinino en Teleinde canal 13 con mi programa Coloquio y con mucha frecuencia lo invita para que hablaramos del oro dominicano y su futuro, siendo él presidente del Instituto mundial que agrupa a los productores de ese metal y plata.
A partir de ahí nació una amistad al calor de una admiración profunda por un ciudadano en cuya conducta uno podía verse reflejado cuál si fuera un espejo y cuya capacidad cognocitiva aspiramos o deseariamos tener.
En sus años finales estuvimos más cerca que nunca desde la campaña del 2020 en la Comisión Nacional de Estratégia que él dirigía y en la 2024 en que le correspondió coordinar la provincia San Juan en donde nosotros teníamos un interés especial en ganar.
Símbolo de superación personal y acrisolada honestidad, Ramón Albuquerque, se nos fue cuando menos lo esperábamos. Si, porque su enfermedad se conoció de súbito y en pocos meses apagó la luz de su existencia. No sin antes dejarnos la imagen de valor que le acompañó por siempre, llegando caminando a la Plaza de la Salud cargado de dignidad, la misma conque vivió y le acompañó hasta la muerte.

