Senén Barro: «Es muy tentador delegar nuestro esfuerzo cognitivo a las máquinas»

José Carlos Rodríguez I

Santiago de Compostela, 7 marzo.– El catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial, Senén Barro, presenta en Santiago de Compostela ‘Poden pensar as máquinas?’ un ensayo divulgativo que pretende descubrir si las nuevas tecnologías «son o no inteligentes», cómo surgió la inteligencia artificial (IA) y hasta dónde podríamos llegar con ella como sociedad.

«Es un mundo apasionante, de excepcionales posibilidades. Pero en paralelo se están produciendo muchas señales que deberían de servirnos de alerta, de cautela. De pensar antes de actuar», afirma Barro (As Pontes, 1962) en una entrevista con EFE.

Según el exrector de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y actual director científico del CiTIUS (Centro Singular de Investigación en Tecnoloxías Intelixentes), una herramienta que permite escribir, resumir, hacer propuestas, buscar soluciones o hacer los deberes puede ser «muy tentadora» a la hora de «delegar esfuerzo cognitivo y responsabilidades a las máquinas».

«Eso en la gente que se está formando va a tener un precio a pagar que todavía no somos capaces de imaginar, pero va a ser muy alto», advierte el experto en IA.

Precisamente por ello, defiende que es necesario hacer una reflexión profunda sobre estas nuevas realidades: «No hay ningún campo a día de hoy o ningún ámbito de desarrollo científico o tecnológico tan dinámico como la inteligencia artificial y ninguno que esté llamado a tener tanto impacto. Lo percibimos aunque no seamos expertos. Por lo tanto, como en ningún otro ámbito necesitamos información, formación, divulgación y cultura», señala Barro.

Vocación «divulgativa»

En ‘Poden pensar as máquinas?’ (Editora Alvarellos), el autor se pregunta lo mismo que se preguntó en 1950 el científico y matemático británico Alan Turing. Y la respuesta, depende «de la semántica que se le quiera dar al verbo ‘pensar’».

«Si lo vemos desde un punto de vista antropocéntrico, está claro que las máquinas no piensan, o al menos no piensan como las personas. No solo porque el soporte biológico del ser humano y del cerebro en particular se parece muy poco al soporte de semiconductores de los circuitos integrados, sino porque tampoco, desde un punto de vista funcional, operan como nosotros», explica.

Ahora bien, desde «una semántica práctica, de utilidad», las máquinas piensan y «cada vez mejor», agrega.

El libro, con vocación divulgativa, pretende llegar a cualquier persona que tenga interés en el origen de la IA y en el desarrollo de los modelos de lenguaje, los LLM (Large Language Models), además de las aplicaciones que podría tener el desarrollo sostenido de esta tecnología.

«Probablemente no pararemos hasta conseguir máquinas, si es posible, que alcancen la inteligencia general de una persona o la superen. Pero en ese camino tenemos que tener mucha precaución y anticiparnos a los posibles problemas derivados del uso», opina el experto.

Beneficios y perjuicios de la IA

Barro considera que la IA supera a la inteligencia humana en capacidad de cómputo y análisis de la información y que «bien utilizado» puede ser beneficiosa en ámbitos como el sanitario, al anticipar posibles enfermedades o diseñar mejores fármacos.

También en áreas como la industria o la educación, consiguiendo el ideal de la educación «personalizada».

Ahora bien, también existen usos perjudiciales, como los armamentísticos o bélicos, además de «favorecer el desempleo tecnológico o la construcción y difusión de noticias falsas y discursos tóxicos».

«Hay mejoras inconcebibles en la ciencia, la educación, la industria o la sanidad, pero también precios a pagar si no se usa correctamente», resume.

Necesidad de «regulación»

Consciente de que una de sus principales responsabilidades como profesor universitario e investigador es «tratar de acercar el conocimiento a la gente», Barro aboga por el desarrollo de una regulación «amplia y global» en torno a la IA, ya que «la ética no es suficiente».

«La ética no es de obligado cumplimiento y las compañías pueden responder a intereses muy dispares, normalmente a maximizar sus beneficios económicos. Solo van a poner por delante el cumplimiento de la ley para no exponerse a sanciones importantes» advierte.

Para Barro, las grandes tecnológicas saben que esto es un negocio «importante» y en muchos casos desarrollan herramientas «de forma extraordinariamente rápida sin tener testeado o evaluado cuál es el impacto negativo que puedan tener».

«A veces parece que no hay tiempo, que hay que ir a la carrera. Es lo que le están diciendo al mundo. Pero es necesario reflexionar, evaluar y tener cautela para no perdernos como sociedad», concluye. EFE

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