Temo Montás se confiesa sobre la relaciones de Leonel Fernández y Danilo Medina y las razones de los éxitos y fracasos de los gobiernos del PLD

“La convivencia política —y con ella la cohesión del PLD— empezó a resquebrajarse cuando la gestión del poder dejó de ser percibida como una construcción colectiva y pasó a administrarse por lógicas más personalistas y de corto plazo.”

Santo Domingo, 18 enero. – El economista, exfuncionario, y alto dirigente del PLD, Juan Temístocles Montás, entrevistado por el periodista Pablo McKinney en su programa sabatino para Color Visión,  presentó un relato detallado entre nostálgico y crítico sobre la evolución de la relación política entre Leonel Fernández y Danilo Medina, y explicó cómo, con el paso de los años, esa dinámica terminó por fracturar la unidad del proyecto del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Montás —quien junto a Fernández y Medina fue uno de los tres actores centrales en la gestión peledeísta que condujo al país entre 1996 y 2000— trazó el origen de las tensiones entre los dos líderes, los momentos de quiebre y las implicaciones políticas y administrativas que dejaron secuelas en la gobernabilidad del país. “Hubo un tiempo en que éramos un equipo compacto”, recordó Montás. “Leonel, Danilo y yo compartimos responsabilidades que permitieron ejecutar políticas públicas y poner en marcha proyectos que transformaron la infraestructura y los servicios. Eso es innegable”. Sin embargo, añadió, la convivencia política —y con ella la cohesión del PLD— empezó a resquebrajarse cuando la gestión del poder dejó de ser percibida como una construcción colectiva y pasó a administrarse por lógicas más personalistas y de corto plazo”, afirmó.

Montás ubicó el inicio de la erosión de la unidad en un conjunto de decisiones y prácticas que, superpuestas en el tiempo, terminaron por establecer competencias internas y cerrar espacios de deliberación. “No fue un solo evento, sino una concatenación: nombramientos pautados por lealtades inmediatas, una creciente centralización en la toma de decisiones y la disminución de la deliberación partidaria”, afirmó. Según explicó, esos factores generaron descontento y desconfianza en distintos niveles del partido y del aparato estatal, fomentando la emergencia de facciones y tensiones que con el tiempo se hicieron insostenibles.

El economista señaló que, durante los períodos iniciales, la relación entre Fernández y Medina estuvo marcada por cooperación estratégica y por la articulación de visiones de gobierno que permitieron llevar adelante programas de impacto. “En los noventa trabajamos con claridad: prioridades, equipo técnico, metas. Hubo una época de construcción colectiva que produjo resultados”, recordó Montás. Mientras recordaba los años entre 1993 y 1995, en los cuales, Fernández por un lado y Danilo Medina y él por el otro, discutían porque tanto Medina y Leonel, afirmaban que el candidato peledeísta tenía que ser el otro.

Recordó que para entonces, ya Leonel era un dirigente muy valorado en el PLD, pero sin la relación directa con las bases peledeísta que sí tenía Danilo Medina, para entonces, presidente de la Cámara de Diputados. Contó cómo, con el paso de los años, esa relación transitó hacia una dinámica en la que los intereses personales y las lógicas de control influyeron decisivamente en la selección de cuadros y en la asignación de recursos públicos.

Montás fue explícito al afirmar que la concentración del poder y la creación de redes de influencia terminaron por erosionar la legitimidad interna del liderazgo. “Cuando la distribución del poder deja de responder a criterios técnicos y políticos de largo plazo, y responde más a estructuras clientelares o lealtades personales, la cohesión se convierte en fachada”, expresó, para añadir que esa fachada permitió la gestión de grandes obras y programas, pero que también abrió espacios para prácticas que dañaron la percepción pública sobre transparencia y eficiencia.

La fractura, según el exfuncionario, se manifestó en varios niveles: disputas por candidaturas, choques sobre prioridades presupuestarias, y la incapacidad para sostener consensos en reformas estructurales necesarias para modernizar la economía. “Las tensiones internas terminaron afectando la capacidad del PLD para impulsar cambios que requerían acuerdos amplios; en muchos casos se optó por soluciones parciales que no resolvían problemas de fondo”, señaló.

Montás reconoció la responsabilidad compartida de los protagonistas en los logros de la etapa 1996-2000, cuando la coordinación entre líderes del PLD permitió resultados significativos en infraestructura, estabilidad macroeconómica y programas sociales. “Ese legado existe y fue producto del trabajo conjunto de Leonel, Danilo y de equipos técnicos en los que participé. No pretendo borrarlo; lo defiendo”, dijo. No obstante, añadió que asumir esa responsabilidad histórica obliga también a reconocer errores posteriores y a analizar cómo ciertas prácticas institucionales fueron deteriorando la calidad del gobierno y del partido.

Montás describió momentos concretos de ruptura política que aceleraron la desconexión interna: la gestión de nombramientos claves sin suficiente consenso; la instrumentalización de decisiones administrativas para favorecer lealtades; y la acumulación de episodios que erosionaron la confianza entre sectores del PLD. “La política interna se convirtió en un circuito cerrado, y esa cerradura encerró también la capacidad de autocrítica y renovación”, afirmó.  Sobre las consecuencias, el economista advirtió que la fractura del PLD no solo tuvo efectos partidarios sino también impacto en la gobernanza nacional. “Cuando un partido hegemónico pierde su institucionalidad, el país pierde capacidad de diseñar y sostener políticas públicas a mediano y largo plazo”, sostuvo.

En su diagnóstico, la debilidad institucional resultante aumentó la vulnerabilidad del país frente a shocks externos y redujo el margen para implementar reformas fiscales, productivas y de transparencia. Aprovechó la conversación para hacer un llamado a la reflexión y a la reconstrucción institucional: propuso que los actores del PLD reconozcan tanto los aciertos como los errores del pasado y busquen mecanismos de reparación que incluyan mayor transparencia, reglas claras para la sucesión y canales de deliberación interna que permitan recuperar la confianza ciudadana. “El reconocimiento de responsabilidades no es castigo; es condición para recomponer la credibilidad”, señaló.

SOBRE ECONOMÍA Y DIPLOMACIA DOMINICANA ANTE EL COROLARIO TRUMP.

Ante el nuevo orden internacional surgido a partir de las decisiones del gobierno de Donald Trump y el Corolario Trump a la Doctrina de Monroe, el exfuncionario trazó un diagnóstico crítico y a la vez propositivo, mientras advertía sobre vulnerabilidades estructurales heredadas y planteaba reformas urgentes para blindar al país frente a choques externos.

“Crecimos, sí; nos falta desarrollar”, dijo Montás en un pasaje contundente de la entrevista.  Reconoció que la República Dominicana ha mantenido ritmos de expansión superiores al promedio regional en las últimas dos décadas, impulsada por el turismo, las zonas francas, la construcción y las remesas. Sin embargo, subrayó que ese crecimiento no se ha traducido de forma sostenida en aumentos de productividad ni en una diversificación del entramado productivo que reduzca la dependencia de unos pocos motores económicos. Señaló al déficit fiscal, la deuda pública creciente y la informalidad laboral como factores que limitan el espacio de maniobra del Estado.

“Cuando la política fiscal es reactiva y dependiente de medidas temporales, quedamos expuestos a cualquier viento en contra”, afirmó; haciendo hincapié en la necesidad de una reforma tributaria progresiva y la priorización del gasto público hacia inversión productiva. Además, defendió la necesidad de una diplomacia económica más activa: “No basta con esperar que el capital llegue; hay que construir marcos y alianzas que reduzcan riesgos, sobre todo cuando las grandes potencias reescriben sus reglas de juego”.

Propuso también la búsqueda de mayor integración regional y el fortalecimiento de relaciones con bloques y países emergentes como contrapeso a la presión de decisiones unilaterales. Además de un paquete de medidas orientadas a fortalecer la resiliencia económica y la gobernanza. Entre ellas, una reforma fiscal gradual y progresiva; la simplificación y revisión de incentivos fiscales que no favorezcan la evasión ni la concentración de beneficios; un plan sostenido de inversión en capital humano para elevar la productividad; y políticas de atracción de inversión que combinen estabilidad regulatoria con garantías institucionales, y cumplimiento de estándares anticorrupción.

El llamado a un consenso político y social sobre las reformas fue otro de los mensajes reiterados por Montás. “La sostenibilidad no se logra por decreto ni por campañas cortas; exige pactos que trasciendan ciclos electorales”, dijo, al tiempo que abogó por fortalecer instituciones de control y transparencia para recuperar la confianza de inversionistas y ciudadanos.

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