Un mundo fragmentado: retrotopía / utopía, involución y desarrollo
Por Cándido Mercedes
“Lo que está pasando ahora, lo que podemos llamar la crisis de la democracia, es el colapso de la confianza. La creencia de que los líderes no solo son corruptos o estúpidos, sino que son incapaces, en general”. (Zygmund Bauman).
La democracia, en tanto que sistema, es en sí misma un proceso. Una fuente inagotable de la dinámica de la evolución humana en el plano colectivo, societal, en el cuerpo del aparato jurídico – político. Por ello, la democracia siempre será una ruta, un camino en constante construcción que no opera como un destino, sino, como un espacio de la posibilidad política, social, cultural e institucional.
Hoy, en el mundo, se cierne cuasi una tormenta iconoclástica sobre la democracia, donde los vientos huracanados son tan fuertes, que desde todos los ángulos ideológicos se crean y recrean ojivas para su destrucción, más allá de las intenciones. De izquierdas y de derechas, las variedades son inmensas, incluso, desde la construcción misma de la anti política, que, al decir de Bauman, “La antipolítica garantiza la continuación del juego político entre los partidos, pero lo vacía de significado social”.
La democracia no se agota, es como la naturaleza humana en su infinita imaginación, desde la antigua Grecia y sus grandes filósofos: Sócrates, Platón y Aristóteles. Estamos asistiendo, en esta etapa de la incertidumbre de la certeza, a la más cruenta “guerra” contra la democracia, incluso de sus propios apologistas, simbolizados en los propios hombres y mujeres del mercado. ¿Cómo es posible que hombres como Elon Reeve Musk y Donald Trump, exitosos en el plano empresarial, expresión del capitalismo de mercado, sean los que están dinamitando y fragmentando el mundo de esa manera?
Parafraseando a Max Weber, quien con mucha propiedad nos orientó acerca de que habían “políticos profesionales y profesionales de la política. Políticos que viven para la política y políticos que viven de la política”. El caso de ellos es el reflejo de la crisis de la política, que deriva como consecuencia, en una crisis de la democracia. En una subversión desde el interior mismo de las instituciones del Estado para devaluarla, para no solo dinamitarla desde su propio vientre, sino para deslegitimarla. Es la crisis de un imperio que por su poder gravita en el mundo, causando una grieta en el panorama mundial, una fragmentación que nos deja perplejos y que acusa un juego de poder, un audaz espíritu programático que hace que los adversarios, enemigos, de contenidos, parezcan los aliados.
Los representantes más icónicos del estamento del poder norteamericano no son, ni pertenecen a ninguna de las caracterizaciones del eminente sociólogo alemán Max Weber. Solo constituyen la encarnación del poder económico, del poder fáctico, en la esfera visible del poder político, directamente del Estado. Es una clara muestra del desgarramiento del establishment norteamericano, del proceso mismo de la involución y retroceso del imperio más global que haya conocido la humanidad hasta hoy.
El filósofo Byung –Chul Han en su libro Psicopolítica nos advierte lo que significa el poder cuando nos dice “Cuanto mayor es el poder más silenciosamente actúa”. ¿Qué ocurre entonces, que estos han emergido en la esfera visible del poder político? Dos lecturas o hipótesis sociológicas, filosóficas, lo encierra: a) La crisis de la política y, con ello, la crisis de liderazgo de su representación, pues la democracia, en gran medida, tiene como núcleo central la participación de la ciudadanía y sus agendas. No es la simple votación cada cierto tiempo; b) El cenit de la tecnología. Los actores políticos de hoy no tendrían el éxito que ocupan, si no estuviéramos en la era de la alta tecnología.
Como nos diría el filósofo surcoreano radicado en Alemania Byung –Chul Han, esta vez, en su libro Infocracia “La tecnología de la información digital hace de la comunicación un medio de vigilancia”. Trump no hubiese podido ser presidente ni en 2016 ni en 2024 sin el rol de la tecnología y con ella, del protagonismo de las redes sociales. La creación de comunidades que configuran las plataformas de las redes, hace que el más simple mortal, el más conspicuo “sindromoso” ocupe un lugar en los poderes públicos.
En la sociedad analógica, en la sociedad de la biopolítica, de la vigilancia y control, de la sociedad disciplinar de Michel Foucault, los hombres y mujeres paradigmáticos no hubiesen tenido la jerarquía política que hoy ostentan. Es en la sociedad digital que encuentra el eco reflotante de su contemporaneidad. Es en el marco de la psicopolítica, que lograron maravillarse en el espectáculo de su creación. Porque nosotros mismos, diría Byung –Chul Han en Infocracia “Nos colocamos los grilletes al comunicar y producir información. La prisión digital es transparente”.
En la Sociedad de la Información todo es espectáculo y no sabemos desdibujar donde está la mentira y donde encontrar la verdad para el encuentro de la realidad. EL DIA DE LA LIBERACION del discurso de Donald Trump el pasado miércoles 2 de abril, es el alcance vehemente y fehaciente de la fragmentación, retroceso e involución, no solo en el plano económico, sino, en la esfera global, al diezmar los espacios institucionales donde se gestionan los conflictos.
Un cambio de juego total ha eclosionado, precisamente en el epicentro de la cuna del capitalismo. Las reacciones de Europa, China y una parte de la región latinoamericana, quedan en shock. Cambiar las reglas en un juego de poder suma cero no conduce a nada halagüeño; empero, sí a más retroceso, deterioro, involución, ralentizando del desarrollo y bienestar de las personas en todos los continentes.
Estamos frente a una fragmentación en ocasión de la visión retrotópica de los que dirigen Estados Unidos. Creen mirar el futuro con optimismo, no obstante, no guardan en su seno como visión, la UTOPIA. Se atrincheran en una retrotopía encarnada en la nostalgia de un pasado “glorioso” que ellos mismos “aplastaron”.
Cuando vemos lo que nos señala Freedom House de cómo en el 2023 se verificaron signos evidentes de repliegue democrático. Retrocesos significativos, un deterioro elocuente en 52 países en lo que tiene que ver con los derechos políticos y las libertades civiles. Para el 2024 la progresión de la democracia siguió menguando y muy pocos países mejoraron en el plano de los distintos derechos, que el mundo democrático forjó con más hincapié desde el final de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo, a partir de 1989.
La ola de la fragmentación, de la retrotopía, no de la libertad y la seguridad, sino del espectro de grandeza, de personificar los trastornos narcisistas, summun mundial de lo que estamos asistiendo es al desarrollo de una autonomía, lo que trae consigo, como axioma, como corolario, una recesión democrática. Es lo que vemos en el Índice de Desarrollo Democrático de The Economist Inteligence, donde en la región de América Latina y el Caribe, solo Uruguay y Costa Rica tienen democracias plenas.
De 167 países evaluados, solo 25 forman parte de las democracias plenas, con más de 8.61 puntos de 10, mientras que 36 están considerados como regímenes híbridos y varios países como regiones autoritarias. 46 países cayeron en la categoría de democracia deficiente. Nos encontramos, como parte de la fragmentación del mundo, con regresiones autoritarias y una clara visibilización de la reducción de la calidad democrática. Hay países que han sufrido una involución democrática, aun cuando mantienen las estructuras democráticas: Venezuela, Nicaragua, El Salvador. En el propio Estados Unidos estamos viendo cómo se trata de vulnerar la separación de los poderes y gobernar por Órdenes Ejecutivas del Poder Ejecutivo. Lo más asombroso es quitar LA VISA A OSCAR ARIAS, Premio Nobel de la paz, Ex presidente de Costa Rica dos veces, por criticar la política de Trump.
Nos encontramos en una profunda irrupción de la fragmentación de la democracia, frente a una verdadera conmoción de las instituciones que validan y soportan a la democracia. El simbolismo de signo autoritario de Trump significa un reto ciclópeo, inmenso para la humanidad, que grita desesperadamente por líderes auténticos, mundiales que asuman el contrapoder que urge a nivel planetario.
El discurso de Trump del 2 de abril, es una auténtica señal, en la praxis, del deterioro, no ya de signos, sino, de fuegos incandescentes, que nos indican el fragor de una lacerante guerra comercial que, en su génesis, en su vientre, no nos dibuja un desfile pausado, con el rol definido de todos los actores. Es la clara fragmentación, empero, que al mismo tiempo nos llama a una audaz reconfiguración en todos los planos: económicos, sociales y políticos.
La interconexión convoca a los académicos, a los intelectuales, a las universidades, a los medios de comunicación a que comprendan que su verdadera misión, como contrapoder, es la verdad, a reflexionar sobre un mundo mejor y más justo. Porque al decir de Bauman “Es estéril y peligroso creer que uno domina el mundo entero gracias a internet cuando no se tiene la cultura suficiente que permite filtrar la información buena de la mala…”.