Unir escuelas y Unidades de Atención Primaria: la estrategia urgente para proteger la salud mental

Por Doctor Ramón Ceballo

El presidente de la República, Luis Abinader en el Consejo de Ministros, manifestó su interés de abordar los problemas de salud mental que afectan a la población dominicana. He venido en los últimos cinco años abordando en medios televisivos y artículos periodísticos acerca de esta difícil situación.

Esa decisión es oportuna y necesaria. La salud mental se ha convertido en uno de los desafíos más urgentes del país

Diversas estimaciones indican que más del 20 % de la población presenta algún trastorno de salud mental, con alta prevalencia de depresión, ansiedad adiciones, violencia domestica, suicidios y problemas conductuales. Sin embargo, la respuesta institucional sigue siendo fragmentada, reactiva y concentrada en niveles especializados que resultan insuficientes para la magnitud del problema.

En este contexto, la integración de los psicólogos clinicos y orientadores del sistema escolar a la red de atención primaria de salud, junto con la incorporación plena de los servicios de salud mental al Plan Básico de Salud (PBS), emerge como una estrategia clave para enfrentar de manera estructural y sostenible la crisis de salud mental en el país.

La República Dominicana dispone de 1,348 Unidades de Atención Primaria (UNAP) distribuidas en todo el territorio nacional, llamadas a ser la puerta de entrada al sistema de salud. Paralelamente, el sistema educativo cuenta con cientos de psicólogos y orientadores escolares que interactúan a diario con niños, adolescentes y familias.

Estos profesionales no solo observan el desempeño académico, sino también señales tempranas de sufrimiento emocional, violencia, abandono, consumo de sustancias y trastornos del estado de ánimo. A pesar de ello, su labor suele quedar limitada al ámbito escolar, sin una articulación efectiva con el sistema de salud. Esta desconexión representa una pérdida crítica de oportunidades para la detección temprana y la prevención.

Muchos trastornos mentales se manifiestan por primera vez durante la infancia y la adolescencia. Cuando no son identificados ni tratados a tiempo, evolucionan hacia cuadros más graves en la adultez, con impacto directo en la productividad, la convivencia social, la violencia, los accidentes de tránsito y laborales.

 Integrar formalmente a los psicólogos escolares a la red de atención primaria permitiría ampliar la cobertura, mejorar la vigilancia comunitaria y reducir la sobrecarga de los servicios especializados.

Para que esta integración sea efectiva, no basta con la buena voluntad institucional. Se requiere el diseño e implementación de un protocolo nacional de articulación entre educación y salud, que establezca mecanismos claros de evaluación, referencia y seguimiento.

Dicho protocolo debe permitir que los psicólogos escolares realicen evaluaciones básicas estandarizadas de salud mental, identifiquen niveles de riesgo y deriven oportunamente a las UNAP, garantizando la confidencialidad y el respeto de los derechos de niños y adolescentes.

Asimismo, es fundamental crear canales formales de comunicación y trabajo en red entre orientadores escolares, médicos familiares, psicólogos comunitarios, trabajadores sociales y personal de enfermería. Esta coordinación favorecería la continuidad del cuidado y evitaría que los casos queden atrapados entre instituciones que no se comunican entre sí.

La integración también debe ir acompañada de capacitación continua, tanto para psicólogos escolares como para el personal de atención primaria, en temas de detección temprana, primeros auxilios psicológicos, manejo de crisis y prevención del suicidio. De esta forma, se fortalece una visión de salud mental comunitaria, preventiva y no exclusivamente hospitalaria.

Otro beneficio clave de esta estrategia es la reducción del estigma. Cuando la salud mental se aborda desde la escuela y el primer nivel de atención, deja de percibirse como un problema “grave” o “vergonzoso” y se normaliza como parte integral de la salud. Esto favorece que las familias busquen ayuda a tiempo y participen activamente en los procesos de cuidado.

En un país que enfrenta altos niveles de estrés social, violencia, pobreza y mortalidad por accidentes, seguir ignorando la salud mental como eje transversal de las políticas públicas resulta insostenible. Integrar a los psicólogos del sistema escolar a la red de atención primaria no implica crear nuevas estructuras costosas, sino aprovechar de manera inteligente un recurso humano ya existente.

La salud mental en la República Dominicana necesita respuestas integrales, intersectoriales y preventivas. La articulación entre escuelas y Unidades de Atención Primaria no es una opción secundaria; es una condición indispensable para enfrentar una crisis que afecta silenciosamente a millones de dominicanos y compromete el futuro del país.

Iniciar estos trabajos desde las UNAP, con el apoyo activo de orientadores y psicólogos escolares, permitiría construir un modelo de atención más cercano, humano y eficaz, capaz de proteger la vida, la dignidad y el bienestar emocional de toda la población.

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