Visión Geopolítica alternativa sobre la guerra EE. UU–Israel vs. Irán:

¿Conflicto por temores nucleares o disputa por la hegemonía global?

Por Milton Olivo

Uno de los elementos más controvertidos del actual conflicto EEUU-ISRAEL Vs IRAN, es la recurrencia de acciones militares en medio de procesos diplomáticos.    Desde la perspectiva iraní —y de amplios sectores del Sur Global— los ataques de EEUU e Israel mientras se desarrollan negociaciones no constituyen una anomalía, sino un patrón.

El antecedente más emblemático fue la salida de Estados Unidos del acuerdo de occidente con Irán en 2018, durante la primera administración de Trump,  lo que reforzó la narrativa iraní de que los compromisos occidentales pueden ser reversibles según la coyuntura política interna estadounidense.

Desde Teherán se interpreta que las negociaciones no siempre buscan equilibrio, sino imposición estratégica,  desarme unilateral a cambio de alivios temporales. Para Irán, la sorpresa no es el ataque en sí, sino el momento; golpear mientras se dialoga erosiona la confianza estructural y fortalece las posiciones más duras dentro del sistema político iraní.

La experiencia de Libia ocupa un lugar central en la memoria estratégica iraní. Gadafi renunció a su programa de armas de destrucción masiva en 2003 buscando normalizar relaciones con Occidente.    Ocho años después, en 2011, una intervención internacional en Libia bajo el paraguas de la OTAN terminó con la caída del régimen y la muerte del líder libio. Desde la óptica iraní, el mensaje fue inequívoco: desarmarse no garantiza seguridad. Por el contrario, puede debilitar la capacidad de disuasión frente a potencias militares superiores.

Esa lectura alimenta la negativa iraní a aceptar un desmantelamiento completo de sus capacidades estratégicas sin garantías estructurales verificables.  Más allá del expediente nuclear, para muchos, la disputa tiene que ver con la lucha imperial geopolítica global.

 Para numerosos analistas, el conflicto no puede reducirse al enriquecimiento de uranio, ni control de misiles iraníes. Se inscribe en la competencia sistémica entre EEUU y CHINA y particularmente en torno al proyecto de la Ruta de la Seda.

Irán ocupa una posición geográfica estratégica: conecta Asia Central, el Golfo Pérsico y el Mediterráneo oriental. Su integración plena a corredores logísticos chinos fortalecería la autonomía euroasiática frente al control marítimo tradicional ejercido por EE. UU.

Desde esta visión alternativa, neutralizar o debilitar a Irán implicaría: – Interrumpir el eje energético hacia Asia. – Limitar la penetración china en Medio Oriente. – Reforzar la hegemonía occidental en una zona clave para el comercio mundial. Y fortalecer a Israel como una potencia regional.

Así, el expediente nuclear sería solo la capa visible de una pugna mayor por la arquitectura del orden internacional.    La dimensión religiosa y simbólica de la presencia de EEUU en tierras musulmanas, como  «botas en tierra sagrada», es un factor frecuentemente subestimado, cuando  es un poderoso  simbolismo religioso y cultural.  Que genera simpatía había los bombardeos iraníes de estas bases por parte del mundo islámico.

Para amplios sectores del mundo musulmán, la presencia militar estadounidense en territorios considerados sagrados constituye una afrenta histórica. Esta percepción ha alimentado movimientos islamistas y nacionalistas desde finales del siglo XX.

El resentimiento contra EEUU e Israel,  no se limita a Irán; atraviesa sociedades suníes y chiíes por igual. La narrativa de «ocupación» ha sido utilizada por actores radicales para legitimar ataques contra bases y activos estadounidenses en la región. En ese contexto, la actual escalada militar, el mayor riesgo es que  podría reactivar solidaridades transnacionales que trascienden fronteras estatales y alianzas oficiales.

Las monarquías árabes y el riesgo de inestabilidad interna es un elemento potencial a tomar en cuenta. Las monarquías del Golfo han mantenido alianzas estratégicas con Estados Unidos durante décadas. Sin embargo, la historia reciente —incluyendo las revueltas de 2011— demuestra que la estabilidad no es inmutable.

Si el conflicto se percibe como una guerra impuesta desde Occidente contra un país musulmán, podría intensificarse la presión interna sobre gobiernos considerados demasiado cercanos a Washington. Aunque estos Estados cuentan con fuertes aparatos de seguridad, la erosión de legitimidad es un riesgo latente.

El riesgo militar sobre  portaaviones y la guerra asimétrica se convierte en un elemento de alto impacto, imaginar  la eventual destrucción o daño severo de activos navales estadounidenses en el Golfo Pérsico. Posible, cuando Irán ha desarrollado capacidades asimétricas —misiles antibuque, drones, guerra naval irregular— diseñadas específicamente para contrarrestar la superioridad convencional estadounidense.

El hundimiento de un portaaviones o de un buque de guerra transformaría radicalmente la ecuación política interna en Estados Unidos y podría precipitar una escalada regional de consecuencias imprevisibles.

En fin, creo que  entre la disuasión y el reordenamiento global, la confrontación EE. UU–Israel vs. Irán no puede analizarse únicamente como una disputa técnica sobre centrifugadoras y misiles. Desde una visión alternativa, el conflicto se inserta en una transición geopolítica más amplia: el desplazamiento del eje de poder occidental  hacia Asia y la resistencia de la hegemonía occidental a perder centralidad.

Para Irán, la lección de Libia, la experiencia de Corea del Norte –que su seguridad ha estado garantizada por su armamento nuclear- y la competencia global con China refuerzan su apuesta por la disuasión estratégica.

Para Estados Unidos, permitir una consolidación iraní significaría aceptar un debilitamiento relativo en una región clave. El riesgo mayor no es solo la guerra abierta, sino la acumulación de errores de cálculo en un entorno donde diplomacia y fuerza se entremezclan peligrosamente. En ese delicado equilibrio se juega no solo la estabilidad de Medio Oriente, sino la configuración del orden mundial del siglo XXI.

*El autor es escritor, novelista, pensador social y analista dominicano, comprometido con la reflexión ética, el desarrollo humano y la construcción de una República Dominicana más justa y consciente. Su escritura aborda temas de interés público, gobernanza, valores cívicos y visión de futuro, con un enfoque humanista que conecta la política, la economía y el bienestar colectivo. Desde una perspectiva crítica y propositiva, promueve el fortalecimiento institucional, la responsabilidad social y una cultura de compromiso con el bien común enfocado en hacer realidad una Quisqueya potencia.

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