Gobernadores llegan a Washington ansiosos por superar el control partidista de Trump

WASHINGTON, 19 Feb. — En otra época, la escena habría pasado desapercibida. Pero en el Washington del presidente Donald Trump, es cada vez más inusual.

Sentados juntos en el escenario estaban el gobernador de Oklahoma, el republicano Kevin Stitt, y el de Maryland, el demócrata Wes Moore. Intercambiaron bromas y cumplidos en lugar de insultos y acusaciones, un breve paréntesis de cordialidad en una cacofonía de conflictos.

Stitt y Moore son los líderes de la Asociación Nacional de Gobernadores (NGA, por sus siglas en inglés), una de las poquísimas instituciones bipartidistas que sobreviven en la política estadounidense. Pero puede que a la organización, que esta semana celebra su conferencia anual, le resulte complicado mantener su reputación como refugio frente a la polarización.

Trump ha roto con la costumbre al negarse a invitar a todos los gobernadores a la tradicional reunión y cena en la Casa Blanca. Calificó a Stitt, presidente de la NGA, de “RINO”, siglas en inglés para “republicano solo de nombre”, y avivó su enfrentamiento con Moore, vicepresidente del grupo, culpándolo de un vertido de aguas residuales vinculado a una tubería regulada por las autoridades federales.

Este cambio refleja el enfoque de Trump en su segundo mandato: la adopción de una postura de confrontación hacia algunos estados, reteniendo fondos federales o desplegando tropas pese a las objeciones de las autoridades locales.

Con un Congreso controlado por los republicanos que no está dispuesto a limitar las ambiciones de Trump, varios gobernadores se han presentado cada vez más como un contrapeso a la Casa Blanca.

“Se supone que los presidentes no deben hacer estas cosas”, afirmó el gobernador de Utah, Spencer Cox, acerca de la expansión del poder ejecutivo en las últimas legislaturas. “El Congreso tiene que ponerse las pilas. Y dejar de actuar para TikTok y empezar a hacer cosas de verdad. Ese es el problema con el que estamos lidiando ahora mismo”.

Cox, republicano, sostuvo que “les corresponde a los estados mantener la postura”.

Moore se hizo eco de ese sentimiento en una entrevista con The Associated Press.

“La gente está prestando atención a cómo actúan los gobernadores, porque creo que los gobernadores tienen una manera única de actuar en este momento que otras personas simplemente no tienen”, señaló.

Aun así, los gobernadores adoptaron un tono optimista en paneles y entrevistas el miércoles. Stitt dijo que la conferencia es “más importante que una cena en la Casa Blanca”, mientras que Moore pronosticó que “van a ser tres días muy productivos para los gobernadores”.

“Aquí hay un gobernador republicano y uno demócrata de estados distintos que literalmente coinciden probablemente en el 80% de las cosas. Y sobre las cosas en las que no coincidimos, podemos tener conversaciones honestas”, manifestó Stitt, sentado junto a Moore.

Las tensiones por la lista de invitados a los eventos en la Casa Blanca subrayaron la incertidumbre que rodeaba al evento. Durante el tira y afloja, Trump se enfrentó con Stitt y dijo que Moore y el gobernador de Colorado, Jared Polis, no fueron invitados porque “no son dignos de estar allí”.

Sigue siendo una incógnita si el tono bipartidista que se vio el miércoles por la noche puede mantenerse durante la semana, y más allá.

“Podemos tener desacuerdos. En los negocios, siempre quiero a gente a mi alrededor que me discuta y me presione porque de ahí salen las mejores ideas”, manifestó Stitt. “Todos necesitamos este intercambio de ideas”.

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