Ideas visionarias de Duarte y de Martí
Henry Morales Casado
Febrero tiene una alta carga simbólica para el pueblo dominicano: es el mes de la Patria.
Las festividades comenzaron con toda intención el 26 de enero para celebrar el natalicio del Padre de la Patria, Juan Pablo Duarte.
Fue Duarte quien al frente de los Trinitarios, condujo al movimiento revolucionario a la proclamación de la República el 27 de febrero de 1844.
Como toda obra que busca un cambio profundo, necesita sacrificio elevado de los hombres que la impulsan en no pocas ocasiones el de la propia vida.
La bibliografía nacional registra cómo la familia Duarte y Díez sacrificó sus bienes materiales por pedido del Padre de la Patria, para ponerlos al servicio de la causa emancipadora, por lo que fueron objeto de amenazas, persecución y expatriación.
Al mismo tiempo, sectores conservadores, dirigidos en su momento por Pedro Santana, aunque se sumaron a la lucha independentista, terminaron traicionando la soberanía de la naciente república, persiguiendo a los Trinitarios y con frecuencia asesinándolos.
La desconfianza de los santanistas en la capacidad de los dominicanos para proteger su soberanía y desarrollar su territorio, los llevaron a anexar el país a España, algo insólito en la historia latinoamericana.
Después de la Restauración de la Independencia, desde Venezuela, escribió una carta a la Secretaría de Estado de Relaciones Exteriores y Policía dominicana, en la que advierte: “No es de esperarse que yo deje de protestar cual protesto y protestaré siempre, no digo tan solo contra la anexión de mi Patria a los Estados Unidos, sino a cualquiera otra potencia de la tierra… Por desesperada que sea la causa de mi Patria, siempre será la causa del honor y siempre estaré dispuesto a honrar su enseña con mi sangre”.
Pero febrero tiene también una alta significación histórica para Cuba: el 24 de febrero de 1895 se reinició la lucha por la independencia contra España, organizada por el héroe nacional José Martí, pero frustrada por la intervención estadounidense en 1899.
Igual que Duarte, Martí previó la amenaza que constituía Estados Unidos para el resto de las naciones de América.
En una carta inconclusa que escribiera el día antes de su caída en combate, apuntó: “Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y mi deber –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo– de impedir a tiempo con la independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. Viví en el monstruo y le conozco las entrañas y mi onda es la de David”.
La Revolución cubana que marchó triunfante el 1° de enero de 1959, puso fin al dominio estadounidense en Cuba durante 60 años junto con la dictadura batistiana, sostenida y armada por Estados Unidos y la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.
El saldo en luto y sangre de siete años de dictadura fue el asesinato de más de 20,000 jóvenes que escuchando el llamado de Martí, lucharon por salvar su Patria.
Nacionalizar los recursos naturales, alfabetizar al pueblo, realizar una reforma agraria, fomentar la cultura, las artes y lo deportes, defendiendo la soberanía nacional, derechos consagrados por Naciones Unidas, bastaron para que Estados Unidos desatara una guerra de agresión en todos los órdenes, incluidos los planes para asesinar a sus dirigentes y un cerco económico y financiero para ahogar la revolución.
A lo largo de los años, el gobierno dominicano ha votado en contra del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba, mientras el pueblo dominicano manifiesta admiración y respeto por la Revolución Cubana por su apoyo contra la dictadura trujillista y su eterna solidaridad frente a fenómenos naturales o de otro tipo.
En medio de las más difíciles condiciones que vive Cuba como resultado del arreciado bloqueo estadounidense y la amenaza de bombardear el país, aparecen en República Dominicana voces destempladas que buscan que el pueblo cubano traicione su revolución y rinda sus banderas.
Como aprendimos de Duarte y Martí en su época, confiamos en que el pueblo cubano continuará firme en la defensa de su soberanía y hombres y mujeres ocuparán un lugar de honor nuevamente en la defensa de su independencia y los derechos de los pueblos de América Latina a vivir sin opresión ni amenazas neocoloniales.

