Carnaval de Santo Domingo Este vs. Carnaval de La Vega

Por Milton Olivo

Marzo parece haber elegido a Santo Domingo Este como su escenario. En la llamada Costa del Faro, la ciudad comenzó a latir al ritmo de los tambores, las comparsas y los disfraces que llenaron hoy 8 de marzo de vida la avenida Venezuela, convertida en un río humano de colores, música,  creatividad e identidad popular.

Lo que antes era una avenida de tránsito cotidiano, hoy es una avenida de fiesta. Desde temprano, familias enteras, niños con máscaras, jóvenes con pintura en el rostro y adultos orgullosos de su barrio fueron ocupando las aceras y el asfalto.

Poco a poco, el lugar se transformó en un inmenso teatro al aire libre donde el pueblo es protagonista. La metamorfosis fue impresionante. La avenida Venezuela se volvió un mosaico vibrante: plumas, lentejuelas, máscaras gigantes, carrozas improvisadas y comparsas que parecían surgir de la imaginación colectiva de los barrios.

El carnaval de Santo Domingo Este no es solo un desfile; es una narración viva de la identidad de un municipio que está descubriendo su propia voz cultural. A diferencia de otros carnavales tradicionales, el de Santo Domingo Este tiene una característica que lo hace singular: su autenticidad.

Santo Domingo Este, no busca copiar a nadie. No intenta replicar las famosas máscaras del Diablo Cojuelo de La Vega, ni competir con la historia centenaria de ese carnaval legendario. El carnaval vegano es, sin duda, una institución cultural dominicana, con siglos de tradición, donde los diablos cojuelos, sus vejigas y sus máscaras barrocas dominan la escena.

Es un carnaval con reglas, símbolos y rituales que se repiten cada año como un patrimonio cultural consolidado. Pero en Santo Domingo Este ocurre algo distinto. Aquí el carnaval es un laboratorio creativo.

Las comparsas surgen de los barrios, de los liceos, de los clubes culturales y de las comunidades. En el desfile aparecen escenas de la historia dominicana, personajes populares, críticas sociales y representaciones de la vida cotidiana del municipio.

Se ven comparsas de estudiantes, grupos de teatro callejero, dramatizaciones históricas, comparsas que narran vivencias barriales y hasta vehículos transformados en carrozas improvisadas que parecen esculturas rodantes.

La creatividad no tiene límites. Este dinamismo no es casualidad. Forma parte de una visión municipal que busca posicionar a Santo Domingo Este como una ciudad cultural y turística, proyecto impulsado por la administración del alcalde Dio Astacio, quien ha promovido la marca ciudad «Costa del Faro» para proyectar el municipio como destino cultural y de eventos.

Los resultados comienzan a sentirse. En ediciones recientes, el desfile cultural de Santo Domingo Este ha reunido miles de personas y más de un centenar de comparsas, convirtiendo el evento en una de las celebraciones populares más concurridas del municipio.

El carnaval vegano es historia. El carnaval de Santo Domingo Este es futuro. La Vega tiene tradición centenaria; Santo Domingo Este tiene el impulso de una ciudad joven que se reinventa.

Mientras en La Vega las máscaras representan un legado cultural consolidado, en Santo Domingo Este cada comparsa parece decir: Aquí estamos, esta es nuestra historia, esta es nuestra identidad.»

Y quizá ahí radica su mayor encanto. Porque cuando cae la tarde y la música sigue sonando sobre la avenida Venezuela, el carnaval deja de ser un simple evento cultural. Se convierte en una declaración colectiva: Santo Domingo Este la Costa del Faro, ya no es solo un municipio dormitorio de la capital.

Está construyendo su propio relato, su propia estética y su propio carnaval. Y si este proceso continúa, no sería extraño que, dentro de algunos años, cuando se hable de los grandes carnavales dominicanos, junto al histórico carnaval de La Vega se mencione también el carnaval vibrante, creativo y emergente de la Costa del Faro.  

*El autor es escritor y residente en Santo Domingo Este

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