El sargazo vuelve a golpear las costas dominicanas y amenaza la actividad turística en el Sur, Este y Nordeste del país
Santo Domingo, 9 junio. – La llegada masiva de sargazo a las costas de República Dominicana se ha convertido nuevamente en uno de los principales desafíos ambientales y económicos para el sector turístico nacional.
Desde las playas de Barahona, en el Sur, hasta los destinos de Punta Cana, Bávaro, Miches y otras zonas del Este y Nordeste, extensas acumulaciones de estas algas marinas están afectando la imagen de los balnearios, la operación de hoteles, restaurantes y comercios, así como la experiencia de miles de visitantes nacionales y extranjeros.
Aunque el fenómeno forma parte de un proceso natural en los ecosistemas marinos del Atlántico y el Caribe, su creciente intensidad durante los últimos años ha provocado serias consecuencias para las comunidades costeras que dependen del turismo como principal motor económico.
En Barahona, uno de los destinos emergentes del ecoturismo dominicano, el sargazo cubre amplios tramos del litoral, especialmente en la emblemática Bahía de Neiba, considerada la puerta de entrada a la ciudad. Allí, enormes cantidades de algas flotan sobre la superficie del mar y terminan acumulándose en las orillas, impulsadas por las corrientes marinas y los vientos predominantes.
La situación también se observa en playas urbanas como Casita Blanca, El Cayo, Punta Inglesa, Las Saladillas y los alrededores del Hotel Guarocuya, donde las algas permanecen durante días sobre la arena antes de ser retiradas por brigadas de limpieza.
El problema no se limita al Sur.
En el Este del país, considerado el principal polo turístico del Caribe insular, hoteles y complejos turísticos de Punta Cana, Bávaro, Uvero Alto, Cabeza de Toro, Bayahíbe y La Romana enfrentan desde hace semanas una intensa llegada de sargazo que obliga a redoblar las labores de limpieza para mantener en condiciones aceptables las áreas de playa.
En algunas jornadas, brigadas hoteleras deben retirar toneladas de algas desde tempranas horas de la mañana para evitar que los visitantes encuentren las playas cubiertas por el material orgánico en descomposición.
De igual manera, zonas costeras del Nordeste, como Miches y sectores de la provincia María Trinidad Sánchez, también han reportado acumulaciones importantes que afectan la actividad pesquera, recreativa y turística.
Hoteles y comercios sienten el impacto económico

Empresarios del sector turístico advierten que la presencia masiva del sargazo está generando costos operativos adicionales para hoteles, restaurantes y comercios ubicados frente al mar.
La necesidad de mantener brigadas permanentes de limpieza, maquinaria especializada y sistemas de recolección representa una inversión significativa para los establecimientos turísticos, especialmente durante la temporada alta de verano.
En Barahona, propietarios de bares y restaurantes del malecón aseguran que la situación ya está provocando una disminución notable de visitantes.
Carlos Beltré, camarero del restaurante Brisa del Caribe, afirmó que muchos turistas abandonan el lugar tan pronto perciben el fuerte olor que desprenden las algas en proceso de descomposición.
“Dependemos principalmente de visitantes que vienen de otras provincias. Cuando llegan y sienten el olor, muchos prefieren marcharse. Hemos visto una reducción considerable en la cantidad de clientes”, explicó.
Según comerciantes de la zona, las ventas han experimentado una caída significativa durante las últimas semanas, afectando directamente los ingresos de negocios que dependen del flujo turístico.
La preocupación también se extiende a hoteles y operadores turísticos que temen un impacto negativo en la percepción internacional de algunos destinos dominicanos si el problema continúa agravándose.
Un problema ambiental de alcance regional
Especialistas recuerdan que el sargazo cumple una función ecológica importante en mar abierto, donde sirve como refugio y fuente de alimento para numerosas especies marinas. Sin embargo, cuando llega en grandes cantidades a las costas y comienza a descomponerse, genera emisiones de gases como sulfuro de hidrógeno y amoníaco, responsables de los fuertes olores que afectan tanto a residentes como a visitantes.
Además de alterar la experiencia turística, las acumulaciones masivas pueden impactar los ecosistemas costeros, reducir la oxigenación del agua y afectar arrecifes, manglares y praderas marinas.
Esfuerzos insuficientes ante la magnitud del fenómeno
El Ministerio de Turismo, junto a autoridades locales y brigadas municipales, mantiene operativos permanentes de limpieza en diversos puntos del país. No obstante, comerciantes y residentes consideran que los esfuerzos resultan insuficientes frente al volumen de algas que continúa llegando diariamente.
En Barahona, las algas retiradas son colocadas temporalmente en la costa para su secado antes de ser trasladadas a lugares de disposición final o aprovechamiento. Sin embargo, la velocidad con que llega nuevo material supera frecuentemente la capacidad de recolección.
Los sectores productivos vinculados al turismo reclaman la implementación de estrategias más integrales que incluyan barreras de contención marina, sistemas mecanizados de recolección y proyectos de aprovechamiento industrial del sargazo.
Un desafío que llegó para quedarse
Investigaciones científicas desarrolladas en los últimos años indican que las grandes floraciones de sargazo en el Atlántico tropical podrían continuar registrándose con frecuencia debido a cambios en las condiciones oceánicas, el aumento de nutrientes en el mar y los efectos asociados al cambio climático.
Ante este escenario, expertos consideran que República Dominicana deberá fortalecer sus planes de mitigación y adaptación para proteger uno de sus principales activos económicos: el turismo costero.
Mientras tanto, desde Barahona hasta Punta Cana, miles de trabajadores, empresarios y comunidades costeras continúan enfrentando cada día la llegada de nuevas manchas de sargazo, un fenómeno que ya forma parte de la realidad ambiental y turística del Caribe.
