Opinión

El crecimiento económico pierde calidad: ¿Qué revela el 4%?

Por Juan Temístocles Montás

El informe reciente del Banco Central sobre el desempeño de la economía dominicana durante el período enero-abril reporta un crecimiento acumulado de 4%. Más allá del dato agregado, el análisis sectorial revela elementos que permiten observar lo que ocurre detrás de esa cifra. Lo que emerge es una economía que mantiene crecimiento positivo, pero cuya estructura productiva muestra señales de debilitamiento y una creciente dependencia de factores externos y coyunturales.

Un dato relevante es que la minería, los servicios y la construcción fueron los principales motores del crecimiento, con expansiones de 10.7%, 4.4% y 4.6%, respectivamente. En contraste, la manufactura local, las zonas francas y el sector agropecuario registraron crecimientos de a penas 3.6%, 3.7% y 2.7%.

Esta situación resulta relevante porque estos sectores han contribuido históricamente a elevar la productividad, diversificar la estructura económica y fortalecer la capacidad exportadora del país. Cuando estos sectores crecen a menor ritmo que los más dependientes de factores externos, la calidad del crecimiento económico tiende a deteriorarse.

El principal impulsor del crecimiento fue la minería, favorecido por los elevados precios internacionales del oro. Dado que se trata de una actividad con limitados encadenamientos internos, baja generación de empleos y alta dependencia de factores externos, un auge minero puede elevar temporalmente el crecimiento sin que ello refleje una fortaleza generalizada de la economía. Cuando una parte importante de la expansión económica depende del comportamiento de los precios internacionales del oro, aumenta la exposición del país a factores que escapan a su control.

Los servicios también contribuyeron significativamente al crecimiento, destacándose hoteles, bares y restaurantes (5.9%), intermediación financiera (6.2%), enseñanza (6.7%) y salud (5.7%). Sin embargo, un crecimiento de 4.4% en los servicios luce moderado para los estándares dominicanos.

Dentro del sector servicio, llama la atención el desempeño del comercio, cuya expansión fue 1.7%. El comercio suele reflejar el comportamiento del consumo, la circulación de ingresos, el acceso al crédito y la confianza de los agentes económicos. Cuando este sector se desacelera tan marcadamente, indica una demanda interna menos dinámica, consumidores más cautelosos, menor capacidad adquisitiva o una desaceleración del crédito.

Todo ello coincide con un entorno caracterizado por tasas de interés activas elevadas, inflación acumulada y deterioro del ingreso real de numerosos hogares.

En el sector construcción, aunque el crecimiento de 4.6% supera el promedio general de la economía, también refleja una pérdida de dinamismo respecto al primer trimestre del año, cuando el sector creció 6.6%.

Por su parte, el crecimiento de 2.7% del sector agropecuario resulta preocupante en un contexto marcado por altos costos de fertilizantes, energía y financiamiento, así como por una creciente volatilidad climática. Este comportamiento contribuye a reforzar la dependencia alimentaria del país respecto de importaciones de cereales, proteínas animales, lácteos, aceites y materias primas para alimentos balanceados.

Esto podría representar un desafío para la seguridad alimentaria nacional, que tiende a ser vulnerable a las fluctuaciones de los precios internacionales, las variaciones del tipo de cambio, los costos de transporte y las disrupciones externas.

Las zonas francas, por su parte, registraron un crecimiento moderado de 3.7%. Este resultado podría enfrentar riesgos adicionales si continúa deteriorándose el entorno internacional. Una eventual prolongación de las tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán podría traducirse en mayores presiones inflacionarias, desaceleración económica en Estados Unidos, incremento de la incertidumbre global y nuevas tensiones comerciales, factores que terminarían afectando el desempeño exportador dominicano.

Respecto a la manufactura local, los resultados sugieren un entorno caracterizado por mayores costos de producción, demanda moderada y posibles pérdidas de competitividad.

La conclusión más importante es que el crecimiento observado parece tener un carácter más defensivo que expansivo. La economía dominicana continúa mostrando capacidad de resistencia frente a un entorno internacional complejo, pero sus motores productivos tradicionales evidencian una pérdida gradual de impulso.

Cuando la minería crece a tasas de dos dígitos, mientras el comercio apenas avanza, la agropecuaria se desacelera, la manufactura pierde dinamismo y la inversión pública no despega, la discusión deja de centrarse únicamente en cuánto crece la economía y pasa a enfocarse en la sostenibilidad y calidad de ese crecimiento.

Cuando los sectores con mayores encadenamientos productivos pierden impulso y el crecimiento depende cada vez más de factores coyunturales o externos, la discusión deja de centrarse en el tamaño del crecimiento. Lo relevante es la calidad de ese crecimiento.

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