Abinader, un grito por Playa Sosúa

Manuel Quiterio Cedeño

Recibí un volante de un “Comité de defensa de Playa Sosúa”. Habla de “Playas privadas en Sosúa” y cita a: Playa Casa Marina, Playa General Imbert, Playa Laguna y Playa Canal. El eslogan dice: “No a la privatización de Playa Sosúa”. Miente descaradamente y para mi sorpresa lo firma la Asociación de Vendedores de Artesanía de Playa Sosúa. Me explico.

Primero. Sosúa fue bendecida por la naturaleza con una excelente playa junto a la zona céntrica de la ciudad. La conocí en mi primera visita a lo que entonces era una atractiva comunidad en los años 70, Entonces era una playa pública. Creció el turismo y poco a poco, la playa fue privatizada y terminó convertida en el desagradable arrabal que es hoy. La expropiaron: vendedores ambulantes; propietarios de colmados; quioscos de venta de artesanía; vendedores de bebidas alcohólicas; puestos de venta de loterías y apuestas; alquiladores de sillas mesas y tumbonas; lanchas y yolas motorizadas para paseos, que “navegan” en el espacio que deben usar bañistas; traficantes de sustancias prohibidas, y comerciantes de todo tipo de servicios personales.

Segundo. El proceso de expropiación se completó en los finales del pasado siglo con la ocupación total del área pública. Primero fueron “padres de familia”, luego llegaron comerciantes, vivos que construyeron locales (generalmente con horrorosa apariencia), y el proceso lo completaron personas que se convirtieron en propietarios de varios locales y negocios, y terminaron controlando la citada asociación. El proceso de expropiación y privatización progresó con el “visto bueno” y complicidad de las autoridades locales y nacionales (en algunos casos parte del problema) que debieron preservar el lugar como un valioso atractivo turístico.

Tercero. No existe ninguna playa con el nombre “Playa Casa Marina”. Completada la privatización de Playa Sosúa, la naturaleza quiso compensar la comunidad de este abusivo despojo. En el lado sur del hotel Casa Marina, el más importante de la ciudad, existía un legendario acantilado, pero las corrientes marinas comenzaron a traer arena y a depositarla en el lugar y, en varios años, lo convirtió en una hermosa playa. Líderes de la comunidad y empresarios turísticos se sumaron para impedir la privatización de ese regalo que no sustituye el balneario original, pero ofrece una playa para residentes y turistas. Ha sido defendida con uñas y dientes, porque no han faltado intentos de privatizarla. Se llama Playa Alicia y es un lugar de acceso público. No totalmente libre de comerciantes, pero poco contaminado aún. En su lado derecho, Casa Marina tiene una pequeñita playa que no llega a los 100 metros de extensión. Esta dentro de la propiedad, pero tiene un acceso público. Las otras tres, son pequeñitos espacios, de difícil acceso, pero no playas privadas.

El gobierno decidió corregir el daño causado por las autoridades anteriores, rescatar Playa Sosúa y rescatar su condición de playa pública. Pero quienes que se apropiaron de esa propiedad pública, dicen que no lo permitirán, a pesar de que el gobierno obtuvo una donación de terrenos privados juntos a la playa y les construirá una moderna y amplia plaza comercial para alojarlos, y dotar el lugar decenas de parqueos y facilidades para los turistas. El proyecto se completó, será presentado y contribuirá a revitalizar el decaído turismo de Sosúa. El Gobierno debe rechazar el chantaje de los comerciantes, y devolver la playa a su legítimo propietario que es la comunidad de Sosúa y cree un patronato para cuidarla.

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