Abinader y la reelección

Rosario Espinal

Algunos políticos dominicanos son antirreeleccionistas cuando aspiran a llegar por primera vez a la presidencia, y luego asumen la reelección cuando son presidentes. Luis Abinader es uno de ellos: consideraba negativa la reelección antes de ser presidente, ahora no.

Que conste: no lo digo porque esté en contra de la repostulación por un período, sino como un llamado a los políticos para que no satanicen la reelección para luego apoyarla y deslucirse. En el mundo digital los videos aparecen y circulan con facilidad.

La reelección no es el origen de los males de la política dominicana, como se escucha decir, es una consecuencia. Además, la posibilidad de dos períodos, como existe actualmente, es un buen sistema, y ocho años es tiempo adecuado para impulsar un programa de Gobierno sin perpetuarse en el poder.

Lo que no debe hacerse más es cambiar la Constitución para ajustar el sistema de reelección a los deseos continuistas de un presidente.

Si en la reforma constitucional de 2010 Leonel Fernández hubiera dejado intacto el sistema de una repostulación y nunca más que había establecido Hipólito Mejía en su reforma constitucional de 2002 para repostularse, el PLD hubiera evitado la crisis de 2015, ya que Danilo Medina hubiese podido repostularse sin cambiar la Constitución, y probablemente también la crisis de 2019 que llevó a la división.

De haber sido así, el PLD estuviera hoy unificado con dos expresidentes asesores, y el sistema de partidos dominicano más fortalecido.

Actualmente, la Constitución permite una repostulación; por tanto, Abinader tiene derecho a hacer uso de esa facultad. El pueblo, por su parte, tiene la posibilidad mediante el voto de validar o no su aspiración a otro período presidencial. De eso se trata la democracia electoral.

El video que envió Abinader explicando su intención de buscar otra vez la nominación presidencial del PRM tiene un libreto conocido.

Presenta la idea recurrente en esos anuncios de que la nación llama, el país requiere. Que es un sacrificio personal asumido por el bien del país.

Presenta también un tema distintivo en función de las circunstancias. Abinader ha escogido la honestidad en su convocatoria reeleccionista. Mirando hacia atrás, Joaquín Balaguer escogió el orden en una época de inestabilidad y fuertes confrontaciones políticas. Leonel Fernández escogió el progreso referido en su Nueva York chiquito.

El PRM llegó al poder porque el progreso se enredó con corrupción, y la anticorrupción, articulada en movimientos sociales desde enero 2017 con Marcha Verde, hasta las movilizaciones en la Plaza de la Bandera en el 2020, empujaron la salida del PLD.

Asumir la honestidad como idea central significa, entre otras cosas, impedir el uso de recursos públicos para el proselitismo electoral, nada fácil en un país de amplia tradición clientelista, sobre todo, en tiempos electorales.

Con el anuncio por la reelección, Abinader baja del pedestal de la santidad política al reino de los mortales, donde abundan los errores y las imperfecciones. Porque, una cosa es ser candidato esperanzador desde la oposición y otra ser presidente en campaña con amplios recursos públicos a disposición.

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