Abogacía por la restauración de fundamentos de la democracia
Juan Temístocles Montás
En su rueda de prensa La Semanal el presidente Abinader refirió que en su reciente viaje a Uruguay para participar en la toma de posesión del nuevo presidente de ese país, Yamandú Orsi, sostuvo una reunión con el expresidente José Mujica, a quien le pidió un consejo. Dijo que Mujica le recomendó fortalecer los partidos políticos y su institucionalidad bajo el entendido de que “esa es la base de la democracia”. También le pidió no creer en un mesías que llegue, que dice que lo va a resolver todo, porque eso no es posible. Asimismo, expresó que el expresidente uruguayo le confesó sentirse «apenado y defraudado» por el rumbo que han tomado Venezuela y Nicaragua.
Esas recomendaciones de Mujica revisten gran importancia para los países de América Latina y el Caribe y, de manera particular, para la República Dominicana. Mujica subraya la importancia de fortalecer las estructuras democráticas y de ser cautelosos ante liderazgos que prometen soluciones fáciles a problemas complejos. La democracia se construye día a día, con la participación activa de todos y el respeto a las instituciones que la sostienen.
En cuanto a los partidos políticos, el mensaje de Mujica es muy claro. Un sistema de partidos debilitados tiene graves consecuencias para la democracia, porque genera un vacío de representación y afecta la confianza en el sistema democrático. En la medida en que los ciudadanos perciben que los partidos no representan sus intereses, aumenta el desencanto con la democracia y la apatía electoral.
En nuestro país, la baja participación en el último certamen electoral es reflejo de desencanto y apatía. Y es en ese contexto que emergen líderes que prometen soluciones rápidas sin el respaldo de una estructura institucional, debilitando la democracia y favoreciendo la concentración del poder.
En República Dominicana tenemos ya una serie de indicios de que se está produciendo una erosión de la democracia. Un indicador claro es la baja confianza de los ciudadanos en los partidos políticos. De acuerdo con Latinobarómetro, entre 1995 y 2024 el porcentaje promedio de los dominicanos que confían en los partidos políticos ha sido apenas un 20%, siendo este nivel de confianza el más bajo entre las instituciones del régimen democrático.
El dato anterior va en consonancia con otros datos aportados por Latinobarómetro. En 2023 el 62% de los dominicanos decía no sentirse satisfecho con la democracia, y sólo un 36% decía sentirse satisfecho. El apoyo a la democracia, que en 2008 era del 73%, se redujo a 55% en 2024. El 56% de los encuestados dice no sentirse representado en el Congreso y lo más grave, el 63% de los dominicanos decía en 2023 que no le importaba que un gobierno no democrático llegara al poder si resuelve los problemas.
Un liderazgo democrático responsable tiene que tener muy presente esta situación y no promover ni estimular políticas públicas que contribuyan al debilitamiento de los partidos políticos. Esto, dado su papel fundamental en el funcionamiento de la democracia, que va más allá de ser simples estructuras electorales, pues cumplen funciones esenciales en la representación ciudadana, la formulación de políticas y la estabilidad del sistema político. En nuestro país, la reciente decisión del Tribunal Constitucional de abrirle paso a candidaturas independientes al margen de los partidos muy bien pudiera conducir al debilitamiento del sistema democrático y a la emergencia de un “mesías”.
Un aspecto que ha jugado un papel fundamental en el descrédito de los partidos políticos ha sido el inadecuado manejo de sus contradicciones internas, lo que ha conducido a divisiones. Resulta esencial que los partidos políticos promuevan un manejo adecuado de sus contradicciones internas para mantener la cohesión y eficacia como representantes de la ciudadanía. Eso requiere fomentar la democracia interna, implementar protocolos claros para la resolución de conflictos, promover la formación y capacitación continua, mantener una comunicación interna efectiva, equilibrar la disciplina partidaria con la libertad de expresión, y aprender de experiencias pasadas.
Pepe Mujica es certero al abogar por la necesidad de fortalecer los partidos políticos. Lo contrario conduce a apostar a figuras que se presentan como salvadores, lo que desemboca en autoritarismo y en el debilitamiento de las instituciones democráticas.