Ayuda para Haití, sin intervención militar

Euri Cabral

            La República de Haití es una nación que tiene una historia muy peculiar y una realidad política muy especial. Haítí fue el segundo país de América en lograr la independencia y convertirse en nación independiente en este lado del hemisferio, en el año de 1802, luego que Estados Unidos lo lograra en 1776. Pero desde sus inicios como nación, la violencia ha sido una carácterística permanente en todo el devenir de ese sufrido pueblo.

            Como vecinos que comparten un mismo territorio, los dominicanos y haitianos tenemos una historia común llena de altas y bajas, de momentos destacables y de momentos cuestionables. Muchas personas no saben que quien eliminó la esclavitud en la parte dominicana de la isla fueron los hatianos cuando nos invadieron en 1822. Parece contradictorio, pero es cierto. Logicamente, esa decisión no quitó la esencia de la intervención haitiana a nuestro territorio y su dominio por 22 años, limitando nuestras libertades y desarrollo. Fruto de esa realidad es que Duarte y los trinitarios logran realizar la hermosa proeza del 27 de febrero de 1844, que es el punto más importante del proceso de liberación de la dominación haitiana de entonces, y el nacimiento de la República Dominicana.

            Ese hecho histórico no bien entendido y alimentado por el odio anti-haitiano de la dictadura de Trujillo y la semi-dictadura de Balaguer, ha servido para mantener un alejamiento entre nuestra dos naciones. República Dominicana y Haití, aunque somos dos pueblos que estamos uno al lado del otro, parecemos dos naciones que viven a millones de kilómetros de distancia y que un sentimiento de enemistad permanente nos separa. Gracias a Dios y a la visión de nuestros gobernantes, el país dominicano ha logrado desarrollarse mucho más que los haitianos y eso ha provocado una migración masiva de ellos hacia nuestro territorio, lo cual se ha convertido en otro grave problema en los últimos años.

            Y ya ese problema de la migración haitiana huyendo a la dura realidad que viven, ha trascendido a República Dominicana y se ha convertido en una amenaza regional, tal y como muy correctamente expresó el presidente Luis Abinader en la ONU y en la reunión que sostuvo la pasada semana con los presidentes Laurentino Cortizo, de Panamá, y Carlos Alvarado, de Costa Rica. En esa reunión de estos tres presidentes, se trazó una línea correcta para que la comunidad internacional ayude a Haití a salir de su crisis política, social y económica, para que esa nación sea acompañada por todos los países que les duele su realidad y así garantizar que la población haitiana no siga sufriendo.

            Sin embargo, ante la realidad actual de Haití, muchos piensan que la salida es una nueva intervención militar encabezada por los Estados Unidos. Y eso es una apreación totalmente incorrecta. Las intervenciones militares a los países solo traen más problemas, más muertes y más inestabilidad. Es muy cierto que Haití es una nación que no tiene instituciones sólidas y donde las bandas armadas son capaces de dirigir una gran parte del territorio y hasta asesinar a un presidente en ejercicio, pero la salida a esa situación no es romper lo poco de institucional que tiene Haití para ponerla bajo el mando de un gobernador militar estadounidense.

            Haití necesita ayuda, es cierto, pero sin una intervención militar como nos tienen acostumbrado los Estados Unidos y que tanto daño han hecho a nuestros pueblos. Si hubiese una real voluntad para ayudar a Haití por parte de la comunidad internacional debe hacerse como lo ha expresado el amigo Edwin Paraison, ex cónsul haitiano en la República Dominicana, quien dijo: “ la prioridad es restaurar la paz en las calles de Haití, a través de una intervención, pero no en el “sentido clásico de la palabra”, sino enfrentando como se debe a los grupos ilegalmente armados, con el apoyo decidido de la comunidad internacional a nivel técnico y logístico hasta con agentes especiales de lucha contra la delincuencia urbana, pero bajo mando haitiano”.

            Esa es la salida correcta: Ayuda para Haití, pero sin intervención militar para gobernarla.

sdr
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