Bolivia tiene dificultades para aumentar su energía solar, pese a su gran potencial

LA PAZ, julio 2022 (IPS)– Situada a 3730 metros de altura en la comunidad de Ancotanga, la central solar de Oruro es una de las banderas de la transición energética de Bolivia. Con más de 300 000 paneles desplegados en un área de 214 hectáreas, es la más grande de su tipo delpaís, con una capacidad de producción de 100 megavatios (MV). Una cifra importante pero no suficiente por sí sola para cambiar el mix energético de Bolivia de los combustibles fósiles a las energías renovables.

Dada la fuerte y constante radiación solar de Bolivia, el país tiene un alto potencial para ampliar su capacidad de producción de energía fotovoltaica, y ya se están estudiando nuevas plantas con una capacidad adicional de 300 MW.

Sin embargo, especialistas piden reestructurar su modelo económico y fiscal, que depende, en gran medida, de la explotación de combustibles fósiles -principalmente el gas natural-, de la distribución de los recursos que derivan de su venta y de la provisión subvencionada de hidrocarburos al mercado interno.

Energía solar: un panorama ventajoso y alentador

Bolivia instaló la planta solar de Oruro en dos fases, por lo que está dividida en dos centrales. La primera, ejecutada por el gobierno de Evo Morales hasta septiembre de 2019, alcanzó una capacidad de 50 MV. La segunda, a cargo del gobierno de Luis Arce, que la entregó en febrero de 2021, completó una potencia de 100 MV, que proveen al Sistema Interconectado Nacional (SIN).

Esta obra fue financiada por la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD), la Unión Europea (UE) y el Banco Central de Bolivia (BCB), y tuvo una inversión total de 97,4 millones de dólares.

“Actualmente, ambas (centrales) están operando de manera satisfactoria y vienen aportando bastante energía de tipo renovable”, dijo Rodrigo Corrales, gerente general de ENDE Guaracachi, empresa estatal de electricidad que opera el complejo localizado en Ancotanga.

Corrales también afirmó que Oruro “es su principal mercado”, pero cuando la demanda de esa región es menor a la capacidad de la planta solar, la energía se transporta a departamentos aledaños, como La Paz y Potosí.

La planta se ubica en una planicie andina semidesértica, a unos 230 kilómetros al sur de La Paz y a otros 40 de la capital del departamento, también llamada Oruro.

Corrales afirma que la planta genera muchas ventajas, como el tener temperaturas bajas, que repercuten en un mejor rendimiento de los módulos fotovoltaicos ya que no se recalientan. Otra es que, al ser el altiplano boliviano uno de los lugares de mayor irradiancia del planeta, “el potencial energético es mucho mayor y permite producir una mayor cantidad de energía”, explica Corrales.

Más centrales pequeñas y almacenamiento energético

Cuando se inauguró su segunda fase, el 10 de febrero de 2021, el presidente de Bolivia, Luis Arce, ponderó la importancia del proyecto dentro del proceso de cambio de la matriz energética en el país.

“Avanzamos en la sustitución de la matriz energética para utilizar energía limpia y renovable. Generamos desarrollo económico y garantizamos energía eléctrica para el departamento, cuidando a la Pachamama”, escribió en su cuenta de Twitter.

Corrales afirma que desde que está en servicio, la planta de Oruro ha producido aproximadamente 237 gigavatios hora de energía, evitando que se emitan a la atmósfera más de 188.627 toneladas de CO2, según sus cálculos.

El gobierno boliviano pretende instalar en la región altiplánica nuevas centrales de su tipo que sigan contribuyendo a la transición energética. A finales de 2021, el ministro de Hidrocarburos y Energías, Franklin Molina, anunció que se pretende agregar 500 MV con nuevos proyectos de energías renovables y limpias.

Corrales confirma que se viene estudiando la posibilidad de instalar centrales fotovoltaicas con una capacidad conjunta de 300 MV adicionales. “Estamos analizando los 300 megas adicionales y se están buscando los sitios ideales”, dice.

De cara a estos nuevos proyectos de energía fotovoltaica, hay especialistas que plantean algunas recomendaciones. Miguel Fernández, investigador en temas de energéticos y director de Energética, habló del tema con Diálogo Chino, y recomendó la instalación de centrales más pequeñas que las de Ancotanga a fin de reducir el impacto de las nubes que entorpecen la penetración del sol y reducen la capacidad de generación de electricidad.

“Las nubes pasan a 70 kilómetros por hora. Puede que la sombra no la sintamos, pero los paneles solares sí. En el momento en el que pasa la nube hay un bajón (de energía). Por más que dure 10 o 3 segundos, tengo que activar 100 megas en otro lugar para compensar”, dice Fernández.

“Creando plantas solares más chicas y separadas, minimizamos los baches”, añadió el especialista.

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