CATALEJO: Codicia de los potentados

Por ANULFO MATEO PEREZ

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Autores de renombre han estudiado el perfil psicológico y filosófico del codicioso, entre ellos Erich Fromm, Sigmund Freud, Thorstein Veblen, Adam Smith, Nietzsche, entre otros, subrayando rasgos obsesivo-compulsivos, en tanto la acumulación y el control le brindan seguridad.

Pero, además, esa condición va asociada al narcisismo, a la paranoia leve, ansiedad de vacío, racionalización, pulsiones relacionadas a la avidez, atrapado en una espiral de deseo, incapaz de alcanzar su realización a plenitud.

Las élites económicas y los funcionarios que orbitan a su alrededor reproducen un modelo de acumulación que responde sólo a la concentración de riqueza y privilegios recibidos del poder establecido.

Lo vemos en la corrupción política que se repite en cada mandato presidencial, donde las arcas públicas se convierten en botín, como los escándalos de contrataciones irregulares en instituciones estatales.

También la vemos en las investigaciones por sobornos en licitaciones de obras, que son ejemplos claros de cómo la codicia de funcionarios y empresarios se traduce en desfalcos a la nación dominicana.

Se refleja en el poder de los grupos empresariales, que influyen en la política fiscal para mantener regímenes de exenciones y privilegios tributarios, en tanto la clase trabajadora recibe el peso de impuestos al consumo.

Esa codicia de clase se disfraza de “incentivos a la inversión”, cuando en realidad perpetúa la desigualdad y vacía de recursos al Estado. La codicia, entonces, no es un “pecado aislado” de un individuo avaro.

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