Costa Rica a cargo de un nuevo capítulo de la integración centroamericana
Por Nelson Guzmán
Centroamérica inició con un relato sólido sobre el rol de la integración regional, desde la creación de la ODECA (1951) y del Mercado Común Centroamericano (MCCA, 1960), que es repetido regularmente de forma homogénea, principalmente en ámbitos académicos y políticos.
Este relato contempla también las visiones críticas en torno a la exclusión del sector agrario, la difícil relación con las dictaduras militares o los actores con influencia negativa en el proceso, en ese mismo relato sale a la luz el importante rol de la CEPAL para impulsar un modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones, posteriormente “agotado” y sustituido por un regionalismo abierto en los noventas, en el que se pretendía que la región se insertara en la economía global por medio de la promoción de exportaciones y atracción de inversiones, a la larga, seguimos con niveles de crecimiento promedio en América Latina, donde suele destacar Panamá.
Luego de los noventa, ese relato se vuelve difuso. Tras algunos procesos de paz, en algunos países de la región y el diseño y aprobación de los tratados o protocolos que crean el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), no existe una narrativa común de lo que ha pasado en la región en el marco de la integración centroamericana.
La propuesta del ALCA (Área de Libre comercio de las Américas) rompe el encantamiento de la creación del SICA. La explicación de lo que pasa después es confusa para diversos académicos estudiosos de la región, por lo que se debate entre juicios no coincidentes y explicaciones diversas. Con frecuencia, como pasó al final del MCCA, en el debate predominan los juicios adversos de actores ajenos a la integración, pero que de alguna manera se imponen en el discurso.
Los retos actuales de la integración centroamericana no son menores. Si tomamos en cuenta la situación en la que se encuentran la mayoría de los países de la región, podemos visualizar problemas relativamente comunes que exigen un abordaje cada vez más coordinado por medio de la integración: unión aduanera, migración, pobreza, empleo, educación, acceso a la salud, gestión de riesgos, inseguridad y, en general, el respeto a los derechos humanos, como los más preocupantes.
Desde 2021 a la fecha, la Secretaría General del SICA ha estado acéfala, 33 meses. Casi tres años sin contar con el funcionario administrativo de más alto nivel ejerciendo un rol relevante para coordinar acciones en pro de la integración centroamericana, este dato dice mucho del modelo basado en el consenso que se adoptó para tomar decisiones y de la voluntad política que se requiere para avanzar de cara a un proceso de integración centroamericana que ha tenido periodos más activos décadas atrás.
El pasado 10 de junio, la Reunión de Presidentes/as del SICA eligió a la embajadora Lina Ajoy como nueva Secretaria General del SICA, para iniciar funciones en agosto próximo. La Embajadora Ajoy es una diplomática de carrera con 27 años de experiencia en el servicio exterior costarricense, siendo la primera ocasión en la que Costa Rica asume la conducción de dicha Secretaría y la segunda mujer en ese cargo. La tarea que tiene no es menor: problemas de recursos, desgaste de imagen y todo esto en el marco de un contexto global marcado por una competencia para la consecución de cooperación para el desarrollo, donde América Latina no es la prioridad a nivel mundial. Sin embargo, esperamos que este sea un capítulo que genere un punto de inflexión para impulsar mejoras del Sistema de la Integración Centroamericana, luego de un período adverso en cuanto liderazgo interno desde la Secretaría General del SICA.
