Crimen tras un roce: la muerte de un trabajador en Santiago que expone la violencia social y la indiferencia
Por la Redacción
Constanza, 20 de abril. — Lo que comenzó como un leve accidente de tránsito terminó en una de las escenas más desgarradoras y perturbadoras registradas recientemente en Santiago: la persecución y asesinato de un trabajador que, en medio del miedo, buscó refugio en instituciones llamadas a protegerlo, pero no encontró respuesta.
La víctima, Deivy Carlos Abreu Quezada, chofer de un camión recolector de desechos sólidos, murió a causa de múltiples heridas de arma blanca tras ser atacado por un grupo de motociclistas luego de un incidente vial.
El caso ha provocado indignación nacional, no solo por la violencia del hecho, sino también por lo que familiares y testigos describen como una alarmante cadena de omisiones que pudieron haber evitado el desenlace fatal.
Entre lágrimas, su madre, Sofía Quezada, clama por justicia con palabras que resumen el dolor de toda una familia destrozada. “Yo lo que le pido a las autoridades es justicia, de verdad. Mi hijo no se merecía una muerte así. Dios tiene que castigar esto. Él no era un hombre malo, era bueno”, expresó visiblemente afectada durante el sepelio.
Los restos de Abreu Quezada fueron sepultados este domingo en el cementerio municipal de Constanza, su tierra natal, donde familiares, amigos y comunitarios le dieron el último adiós en medio de un ambiente de profunda tristeza e impotencia.
Una persecución mortal
De acuerdo con los testimonios y las evidencias recabadas, el hecho se originó tras un roce entre el camión de basura que conducía Abreu y una motocicleta. Lo que debió resolverse como un incidente menor escaló rápidamente en violencia.
Al menos 15 motociclistas iniciaron una persecución contra el vehículo pesado, recorriendo varios sectores de la ciudad durante aproximadamente tres kilómetros. Según relata Judy Reyes, esposa del fallecido, él intentó evitar la confrontación en todo momento.
“Él no se detuvo a pelear. Intentó buscar ayuda, salir de esa situación sin violencia. Si hubiese querido enfrentar, lo habría hecho, pero trató de protegerse”, aseguró.
En medio de la persecución, Abreu se dirigió hacia un destacamento de la Policía Nacional ubicado en la avenida Circunvalación, frente a la entrada de la Zona Franca, donde, según testigos, pidió ayuda de manera desesperada.
“Gritaba que lo querían matar, pero nadie salió”, narran allegados.
Sin recibir asistencia, el hombre continuó conduciendo hasta el Palacio de Justicia de Santiago, quizás pensando que allí encontraría protección. Sin embargo, el desenlace fue aún más trágico.
Un crimen en zona protegida

El ataque final ocurrió en el parqueo destinado a los jueces del Palacio de Justicia, un área que se supone cuenta con acceso restringido y vigilancia permanente. A pesar de ello, los agresores lograron penetrar el lugar y atacar brutalmente a la víctima.
Uno de los aspectos más cuestionados es la aparente ausencia de seguridad efectiva. En los videos que circularon ampliamente en redes sociales, apenas se observa la presencia de un agente policial, sin que se evidencie intervención para detener el ataque.
Para los familiares, este elemento agrava aún más la indignación.
“Duró demasiado tiempo ahí, herido, pidiendo ayuda, y nadie hizo nada. Nadie fue capaz de auxiliarlo. Eso duele más que todo”, expresó su hermana Wilka Izamar Abreu.
La indiferencia que también mata
El arma utilizada en el crimen fue un cuchillo táctico de aproximadamente 30 centímetros, con hoja negra y borde dentado, lo que provocó heridas letales.
Sin embargo, más allá de la agresión directa, la familia denuncia lo que consideran una “indiferencia colectiva”. En lugar de recibir asistencia inmediata, varios presentes optaron por grabar lo sucedido.
“Había personas grabando mientras él se desangraba. Él pedía que no lo dejaran morir. Ese tiempo era crucial para salvarlo”, relató entre lágrimas su hija Kiara Abreu.
Este elemento ha reabierto el debate sobre el papel de la ciudadanía ante situaciones de emergencia, así como la responsabilidad moral y legal frente a la omisión de auxilio.
Una vida de esfuerzo truncada
Deivy Carlos Abreu Quezada era padre de tres hijos. Había emigrado desde Constanza hacia Santiago hacía aproximadamente cuatro años en busca de mejores oportunidades. Trabajaba para la empresa de recolección de residuos Comlursa S.R.L., donde llevaba nueve meses laborando.
Además de su trabajo como chofer, en su comunidad también se desempeñó durante dos años como pastor, según relatan sus familiares, quienes lo describen como un hombre trabajador, tranquilo y dedicado a su familia.
“Él salía todos los días a ganarse la vida dignamente. No se metía con nadie. Lo mataron por nada”, lamentó su hermano Anthony Abreu.
Reacciones oficiales y exigencias de justicia
El caso ha generado reacciones en distintos niveles institucionales. La procuradora general, Yenny Berenice Reynoso, lamentó el hecho y confirmó que se ha instruido al Ministerio Público a presentar cargos por asesinato contra los responsables.
La magistrada destacó que más del 50 % de los homicidios en el país están vinculados a conflictos sociales, muchos de ellos originados en situaciones aparentemente triviales, como discusiones de tránsito.
“He instruido a los fiscales a que actúen con firmeza en este caso. La víctima intentó resguardarse en una institución del Estado y aun así fue alcanzada por sus agresores”, señaló.
La empresa Comlursa S.R.L. también expresó su pesar mediante un comunicado, solidarizándose con la familia y resaltando la calidad humana de su colaborador.
Por su parte, la Alcaldía de Santiago condenó el crimen y recordó la importancia de resolver los conflictos de manera pacífica.
“Los trabajadores de limpieza realizan una labor esencial para la comunidad. Este tipo de violencia es inaceptable”, indicó la institución, al tiempo que aseguró que brindará apoyo legal para que el caso no quede impune.
Un caso que trasciende lo individual
Más allá del dolor de una familia, el asesinato de Deivy Carlos Abreu Quezada pone en evidencia problemas estructurales que afectan a la sociedad dominicana: la escalada de violencia en conflictos cotidianos, la debilidad en la respuesta institucional y la preocupante normalización de la indiferencia ante el sufrimiento ajeno.
El hecho de que la víctima buscara ayuda en dos puntos clave —un destacamento policial y el Palacio de Justicia— sin obtener protección, plantea serias interrogantes sobre la capacidad de respuesta de las autoridades y la seguridad en espacios que deberían ser seguros.
Asimismo, la viralización de los videos del ataque ha generado un fuerte debate sobre el rol de las redes sociales en la exposición de la violencia y la deshumanización del dolor.
El clamor de una familia
Mientras las autoridades avanzan en las investigaciones, la familia de Abreu solo pide una cosa: justicia.
“Él no merecía morir así. Nosotros queremos que todos los responsables paguen. Que esto no se quede así”, expresó su hijo Ronald David Abreu.
En Constanza, donde ahora descansa, su historia se convierte en un símbolo del costo humano de la violencia descontrolada.

