Crisis, fe y confianza en Jesús

Euri Cabral

Los tiempos que vivimos están llenos de situaciones muy difíciles, problemas acuciantes y montones de frustraciones. La pandemia del coronavirus y sus graves efectos sanitarios y económicos, han incrementando la preocupación y desesperación en la población. Muchas personas han perdido la esperanza y se ha incrementado de manera alarmante los suicidios, los divorcios y los abusos contra los indefensos.

Quien pierde la esperanza ha perdido la fe. No podemos permitir que estos tiempos de crisis nos hagan perder el sentido de la vida y nos aleje de quien es la única y verdadera razón de lo que somos y lo que buscamos: Jesús. La fe es el camino más idóneo y más seguro para encontrar a Jesús, aprender de Él, asumir su modelo de vida y poder enfrentar con éxito todos los problemas de este tiempo tan complicado y frustrante.

Jesús es el único camino para llegar a Dios, que es nuestro soporte para todo. En varias ocasiones, y en muchas discusiones con algunos amigos, he afirmado que hay personas que dicen que creen en Dios, pero no le creen a Dios. Para esas personas existe un ser sobrenatural, pero lo ven como algo que nada tiene que ver con sus vidas. Por eso no le creen y por tanto no tienen fe. La fe es un gran soporte para cada uno de los que le creemos a Dios.

La Biblia dice con claridad meridiana en Hebreos 11:6 lo siguiente: «…sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan». La fe es esa firme convicción de que Dios es nuestro protector, nuestro galadonador, nuestro soporte, nuestra esperanza, nuestro guía en cada paso que damos.

No importan las circunstancias por las que estemos atravesando, no importa cual sea el problema que nos esté afectando, ante todo eso, la fe es el soporte

fundamental para no naufragar en ninguna tormenta, sin importar cual sea su

magnitud. En Hebreos 11:1 se dice que «la fe es la certeza de lo que se espera, la

convicción de lo que no se ve», es decir, con fe es que podemos alcanzar los objetivos

que buscamos conscientes de que tenemos un Padre Celestial que siempre estará

con nosotros.

La fe es la vía directa par la salvación, tal y como lo establece el apóstol Pablo en Efesios 2:9 «… por gracias sois salvo por medio de la fe». Es por eso que nuestra fe debe estar aumentándose de manera diaria, permanente y en especial en aquellos momentos donde las tribulaciones y los momentos difíciles nos están afectando. Y la mejor forma de aumentar nuestras fe es buscando la palabra y la orientación de Dios de manera permanente para que caminemos por el sendero que Él nos traza.

Dice la Biblia en Romanos 10:17 que «la fe es por el oir, y el oir, por

la palabra de Dios». Tal vez muchos me dirán que cómo pueden tener fe si no tienen

qué comer, no tienen trabajo, se le ha desbaratado su familia y su matrimonio, o han

perdido la esperanza de vivir. Es precisamente en esos momentos donde debemos

multiplicar nuestra fe para que toda la gracia y la bendición de Dios llegue a

nosotros, a través de Jesús. Esos son los momentos para aumentar nuestras oraciones hasta el cielo sin desmayo, para creerle profundamente a nuestro Dios, llenar nuestros corazones de Jesús y recibir su gracia y su misericordia.

Dios es que todo lo suple, es el dueño de todo lo que hay en los cielos y en la tierra, Él es quien nos llena y nunca nos abandona. Quien pierde la fe se aleja de Dios. Y quien se aleja de Dios esta expuesto a que caer en pecado y a que las fuerzas del mal lo usen y lo afecten. Cuando sientes que todo se está derrumbando es el momento de aumentar tu fe y pedir a Dios con la profunda certeza de que Él no te va a dejar solo nunca.

Y cuando le pidas a Dios debes hacerlo con la convicción de que Él te dará en su tiempo, no en el tuyo. Recuerda que quien no tiene fe no puede agradar a Dios, por eso la fe es el camino más directo y hermoso para encontrar todas las bendiciones de quien nos creó y nos permite alcanzar la salvación y la vida eterna a través de su gracia. Nunca te alejes de tu Dios grande y poderoso, de Jesús, su hijo que entregó su vida por nosotros, y aumenta tu fe todos los días, todas las horas, todos los minutos y todos los segundos consciente de que «sin fe es imposible agradar a Dios».

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