Crisis: migratoria, ecológica, influenza y pandemia

Sergio Sarita Valdez

La Biblia en el ensayo final del Nuevo Testamento denominado Apocalipsis describe en el capítulo XV el prodigio celeste de siete ángeles portadores de las 7 copas que contenían el furor de Dios sobre la tierra.

El primer mensajero derramó su líquido que produjo úlceras malignas y dolorosas en personas que tenían la marca de la Bestia y que se postraban ante su imagen.

El segundo ángel vertió su contenido sobre el mar transformándolo en sangre donde murió todo ser viviente. El tercero la derramó sobre los ríos y fuentes convirtiéndolos en sangre. El cuarto la esparció sobre el sol y su calor comenzó a quemar a los hombres.

El quinto enviado la regó sobre el trono de La Bestia sumiéndose en tinieblas. El sexto mensajero vertió su copa en las aguas del río Éufrates secándolo de una vez. El séptimo vació su copa en el aire causando relámpagos, truenos y un violento terremoto.

El siglo XX nos legó dos devastadoras guerras mundiales, la última concluyó con el estallido de dos bombas nucleares sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.

El nuevo milenio nos ha traído una oleada descontrolada de gente huyendo a otros territorios a causa del hambre, la violencia y el terror. La crisis ambiental mundial creada por el Homo sapiens se viene manifestando en una creciente ola de calor y otras nefastas expresiones de terremotos, volcanes marítimos, tsunamis, huracanes y desbordes de ríos.

Desde marzo de 2020 la humanidad viene siendo azotada por la pandemia más grande de los últimos cien años, con centenares de millones de personas afectadas y otro número menor de víctimas fatales.

Los sistemas sanitarios nacionales han sido sometidos a una dura prueba para la cual no se habían preparado causando mucho dolor, ansiedad, incertidumbre y luto por doquier. A su vez la rápida expansión de la enfermedad ha causado un impacto negativo sobre la economía de los pueblos, agravando las precarias condiciones de vida de muchos pueblos de la tierra.

Los clásicos virus invernales como son los de la Influenza se asocian al ataque del coronavirus sobre el árbol respiratorio.

Para colmo de males se percibe una falta de sincronización entre las naciones hacia el objetivo común de ponerle fin a la pandemia. Muy al contrario, a diario se reciben informaciones sobre conflictos armados, amenazas de guerra, bloqueos, ejercicios militares, precariedad en las atenciones de salud y aumento en el costo de los alimentos y de otros servicios.

Acudamos al Sermón de la montaña en búsqueda de esperanza: “Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios. Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados. Felices los que tienen espíritu de pobre… Dichosos ustedes cuando por causa mía los maldigan…Alégrense y muéstrense contentos.

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