Cumbre de Biden pone a China, Rusia y Cuba a la defensiva

Andrés Oppenheimer

Yo tenía muchas dudas sobre la “Cumbre por la Democracia” de unos 110 países convocada por el Presidente Biden. Pero después de ver la reacción inusualmente furiosa de China, Rusia, Cuba y otras dictaduras, estoy empezando a pensar que esta reunión ha sido una buena idea.

La cumbre, que será virtual este año y tendrá una secuela presencial el año próximo, ha tocado un nervio entre los regímenes totalitarios. Por primera vez en varios años, los ha puesto a la defensiva.

En un inusual editorial conjunto publicado por la revista The National Interest, los embajadores de Rusia y China en Estados Unidos escribieron que “China y Rusia rechazan firmemente esta iniciativa” de Biden.

Los dos embajadores alegaron que la democracia “se puede lograr de múltiples formas y ningún modelo se adapta a todos los países”. El Consejo de Estado de China emitió un comunicado el fin de semana pasado titulado “China: Democracia que funciona”.

El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, tuiteó que la cumbre de Biden es “selectiva” y “una muestra de debilidad por parte de Estados Unidos”.

Hasta hace poco, las dictaduras más conocidas del mundo parecían estar ignorando la cumbre de Biden, tal vez pensando que varios países de América Latina, África y Asia se negarían a participar.

Varios gobiernos invitados, como Argentina, habrían dudado en asistir por temor de antagonizar a China y Rusia. Pero finalmente, la mayoría decidió participar.

Ocho países de América Latina y el Caribe no fueron invitados a la reunión de Biden: Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, El Salvador, Guatemala, Honduras y Haití. Venezuela estará representada por el líder opositor Juan Guaidó. La cumbre se centra en fortalecer la democracia, contrarrestar el autoritarismo, combatir la corrupción y promover el respeto por los derechos humanos, dijo la Casa Blanca.

Por supuesto, hay muchas cosas de esta cumbre que se pueden cuestionar, comenzando por su lista de invitados. Muchos han criticado la decisión de Estados Unidos de invitar a Pakistán, Filipinas y otras democracias híbridas.

Yo mismo cuestioné en una columna reciente si México y Argentina, cuyos presidentes se habían negado a condenar el fraude electoral del 7 de noviembre en Nicaragua, deberían ser invitados a sentarse en la misma mesa que Suiza y Dinamarca. (Sugerí que Biden invitara a México y Argentina, pero que los colocara al final de la agenda).

Otros critican la decisión de no invitar a El Salvador, Guatemala y Honduras, diciendo que esto empujará a estos países a las manos de China y Rusia, sin hacer nada para mejorar la democracia.

Y varios lamentan el que la cumbre se realice en medio de la pandemia.

“Los países latinoamericanos se están recuperando de la pandemia y la crisis económica, y necesitan a China”, me dijo Michael Shifter, director del centro de estudios Diálogo Interamericano. “No conozco a ningún líder latinoamericano que esté interesado en unirse a una cruzada global contra China en este momento”.

Eso es muy cierto. Sin embargo, la democracia está perdiendo terreno rápidamente en todo el mundo, y está en grave peligro en Estados Unidos por la negativa del expresidente Donald Trump a aceptar los resultados de las elecciones del año pasado y a condenar el sangriento ataque del 6 de enero al Capitolio.

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