De la belleza al transporte, la falta de agua y luz obliga a los cubanos a cambiar sus rutinas
POR DÁNICA COTO
LA HABANA, Cuba, 23 abril. — Eduvirgen Zamora se esconde las manos por vergüenza estos días.
Tiene las uñas comidas hasta la carne, excepto las de los pulgares, que lucen garras de unos 2,5 centímetros cubiertas de elegantes remolinos plateados.
Incapaz de pagar un nuevo juego de uñas mientras se prolongan las crisis económicas de Cuba, la empleada de una cafetería, de 56 años, optó en cambio por hacerse las pestañas, una alternativa más barata con la que esperaba desviar hacia arriba la atención de la gente.
La grave escasez de agua, electricidad y dinero, combinada con un bloqueo energético de Estados Unidos, ha profundizado la pobreza y aumentado el hambre en toda la isla, mientras persisten los apagones severos. Incluso quienes tienen más recursos están eliminando rutinas de larga data —y a menudo muy queridas— a medida que se adaptan a realidades cada vez más duras.
“A la mujer cubana le gusta andar bonita, arreglarse su pelo, arreglarse las uñas, arreglarse los pies, el perfume”, comenta Zamora. “No puedo estar como me gustaría a mí”.
La joven manicurista que trabaja en La Habana se hizo trenzas largas recientemente para celebrar su cumpleaños, pero pronto se dio cuenta de que es un estilo difícil de mantener dadas las crónicas carencias de agua.
Antes llevaba el pelo largo y alisado, pero ha decidido cortárselo y llevarlo natural, aunque cree que no le queda con lo que ella describió como su baja estatura y su rostro redondo.
“Tú te podías hacer lo que tú quisieras, había agua”, explicó Colás sobre los peinados.
Colás también ha ajustado cosas en el salón donde trabaja.
Ha aprendido a tener paciencia, consciente de que los clientes llegan tarde porque el transporte público es escaso.
Y ahora recurre a una mezcla de agua y vinagre en un atomizador para compensar la falta de agua —una preparación que, según dijo, también ayuda a ablandar las cutículas de los clientes y a mantener a raya un número creciente de casos de hongos, porque para muchos se alarga el tiempo entre citas de manicura.
“Hay algunos casos que son críticos”, señala Colás.
También lamentó que la crisis económica de la isla y los presupuestos menguantes hayan provocado una caída de clientes, una tendencia que el estilista Betty Ramírez Aldana, de 50 años, también ha notado.
“A mí me ha chocado mucho porque he perdido muchos clientes”, dijo en una tarde reciente en una peluquería improvisada con paredes color rosa chicle. “Casi hasta ahora estuviera lleno con cinco, seis, ocho clientas. Mira qué hora es. Y no llego ninguna todavía”.
La peluquería donde él trabaja pasó recientemente tres semanas sin agua, ya que la electricidad alimenta muchas estaciones de bombeo en la isla y los apagones severos son habituales. Ya no puede ofrecer ciertos tratamientos de alisado, así que propone a los clientes opciones que incluyen cortes favorecedores.
“Muchas han decidido por tomar su pelo natural de rizo”, comentó.
Un número creciente de mujeres también se ha dejado crecer las raíces ante la falta de gasolina y de transporte público, sumado a presupuestos que se marchitan, indicó Ramírez.
Quienes pueden pagarlo lo llaman para visitas a domicilio, y a la clienta original probablemente se le suman “a lo mejor la tía, la vecina de arriba. No voy por una, voy por dos o tres”, afirmó el estilista.
Una exigencia de levantar el bloqueo energético de EEUU
Más allá de la belleza, los cubanos también se angustian por verse obligados a hacer recortes en la higiene básica: algunos dicen que se lavan el pelo solo dos veces al mes, y la ropa permanece sucia por más tiempo.
Antonia Isalgués Barrién, de 60 años, que trabaja para una empresa estatal que opera embarcaciones desde el este de La Habana hasta el corazón de la capital, contó que cuelga su ropa afuera todos los días después de trabajar en un barco porque no tiene agua para lavarla.
Ella recordó cómo antes lavaba la ropa casi a diario: “aquí en Cuba es muy caluroso; uno suda mucho. Nunca me había visto en la obligación de tender la ropa para que coja aire… y esa misma ropa ponérmela”.
Isalgués dijo que ha notado un aumento en el número de pasajeros, a medida que cierra un número creciente de gasolineras y solo quedan en circulación unos pocos autobuses públicos.
Cuba pasó tres meses sin envíos de combustible hasta que un petrolero ruso llegó a finales de marzo con 730.000 barriles de petróleo. Se espera que alcance solo para nueve o 10 días.
Iván de los Ángeles Arias, un piloto de embarcación de 44 años, a menudo aborda el barco para un trayecto de cinco minutos a través de la bahía de La Habana, y deja su auto en casa para usarlo solo en caso de emergencia.
“Esa es la realidad que nos toca vivir. Uno lo asume lo mejor que puede”, manifestó Arias.
Diplomáticos de Estados Unidos volaron a Cuba a principios de este mes para reunirse con altos funcionarios del gobierno por primera vez desde 2016, mientras las tensiones siguen elevadas entre ambos países.
El gobierno de Cuba ha dicho que la eliminación del embargo energético de Estados Unidos era prioridad para su delegación, al calificarlo como un “acto de coerción económica” y un “castigo injustificado”.
A finales de enero, apenas unas semanas después de que Estados Unidos invadió Venezuela en una medida que detuvo envíos de petróleo cruciales para Cuba, el presidente estadounidense Donald Trump amenazó con imponer aranceles a cualquier país que venda o suministre petróleo a la isla, que produce solo el 40% de lo que necesita.
Estados Unidos ha pedido el fin de la represión política, la liberación de presos políticos y la liberalización de la economía de la isla, que se derrumba, como parte de varias condiciones para levantar sus sanciones a Cuba.
Arias, el piloto de embarcación, no cree que las conversaciones cambien algo para él.
“No tengo ninguna esperanza. Eso no significa nada si las condiciones de vida siguen siendo las mismas”, indicó. (AP)

