Draco Rosa apuesta por la música de sanación y la inutilidad de la guerra

El polifacético Draco Rosa -cantante, compositor, actor y bailarín- es un convencido de la música como vehículo de sanación y de la inutilidad de la guerra porque, dice en una entrevista con Efe, el belicismo conlleva a la destrucción de los pueblos.

Debajo de una boina y detrás de unas gafas de montura negra y gruesa, Draco asegura que regresó a Bogotá, al festival Colombia al Parque, porque se «siente como en casa».

«Me siento en familia, orgulloso después de participar en otros festivales de Bogotá, y bendecido y privilegiado en que a través de los años el apoyo del público ha sido bien lindo en todo el país», asegura mientras mueve sus manos cargadas de anillos plateados.

Esta vez la participación en Colombia al Parque del exintegrante de la agrupación Menudo no fue cantando, ni bailando, sino en una sesión de yoga en el tradicional Parque de Los Novios.

Allí contó la visión de su más reciente trabajo «Sound Healing 1:11», la experiencia auditiva más inmersiva, en la que combina música ambiental con cantos místicos y atmosféricos instrumentales que pulsan con energía positiva y proponen una visión esperanzadora de la condición humana.

Su trasegar por Colombia lo tiene fresco en su memoria porque en 2016 su trabajo «Vagabundo» no obtuvo el respaldo deseado. Sin embargo, en Bogotá en el Festival Rock al Parque, su tarde fue excepcional por el respaldo del máximo juez de los artistas: el público.

«Me encontré con un público que canta mis canciones», rememora y agrega que pasaba por un momento «oscuro» de su vida y que a Bogotá «llegó un poco tristón».

Ahora recuerda que su entorno le decía que él era «su propio enemigo», pues luego de su paso por Menudo junto a Ricky Martin, la vara quedó alta y no era fácil pasarla.

BUSCANDO SU SERENIDAD

A sus 51 años hace desfilar su vida artística, esa que comenzó a los 14 años cuando llegó a Menudo y que se ha prolongado en el tiempo hasta llegar a «Sound Healing», en el que siete de las once canciones están en español; tres -«Chateau Marmont,» «Religion of 2» y «So Beautiful» en inglés, y «El Amor de Boriken», es instrumental.

Atrás quedan temas de su autoría como «María», «La Copa de la Vida» y «Livin’ la Vida Loca», «Vagabundo», «Penélope», «Blanca Mujer», «Madre Tierra», «Brujería», «La flor del frío», «Más y más», entre otros.

Con Menudo, explica Draco, su participación estuvo más motivada por salarios, el vestuario y todo lo que significa entrar al mundo del espectáculo.

Pero con «Sound Healing» Draco dice sin temor que lo que está buscando es su «serenidad» y que en ese camino se encontró con los «yogui» -practicantes avanzados de yoga- y con místicos, «muchos de los cuales ya no están con nosotros».

«En este momento de mi vida me siento mucho más tranquilo. Antes no entendía nada de las cosas y estaba siempre cuesta arriba por defender mis cosas», apostilla.

Recuerda que también su vida ha estado marcada por la época en la que fue atacado por un agresivo cáncer que obligó a dos trasplantes de médula ósea.

«Eso nunca se va a ir. Eso es como un fantasma (el cáncer) que nunca se va» pero aclara que sigue caminando la vida y que ahora ya no toma medicinas para la enfermedad, que entró a manejarla como «los achaques, como cualquiera que tenga una alergia» sin olvidar que tiene un «amiguito que siempre está ahí».

Y retoma que la música hay que sentirla, palparla para poder vivirla.

«Todos los días celebro que me estoy levantando. Sabemos que mucha gente ni se levanta… Mañana van a quedar miles de personas en el mundo que no se van a levantar y no sabemos por qué murieron. Yo celebro el despertar, estoy vivo», reflexiona.

LA GUERRA ES ARCAICA, ES ESTÚPIDA

Draco Rosa no vacila en calificar la guerra como algo «arcaico» y «estúpido», por lo que los pueblos deberían apartar a los dirigentes que crean esos problemas.

«En los 70 pensaban que la guerra era un mal necesario, estaban convencidos de eso. Hoy en día digo que es una estupidez, un gran atraso», dice Draco en referencia a lo que sucede en Ucrania, invadida por Rusia.

Remarca que por lo general los pueblos lo que quieren es vivir, ver crecer a los hijos, «mantenernos creativos».

«Eso es vida, la guerra es una estupidez arcaica», dice y concluye: «lo de Ucrania es un desastre».

EFE

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