El Arte de Armando Recio

José del Castillo Pichardo

Una de las voces más evocables de La Voz Dominicana es la del tenor Armando Recio (Santo Domingo, 1927), cuya trayectoria artística traza el ciclo de la década dorada de ese palacio radio teledifusor, al participar en 1952 en la primera transmisión de prueba de la planta televisora y figurar en lugar central en el fotomontaje promocional de la última Semana Aniversario en 1961. Por eso, decir Armando Recio es decir La Voz Dominicana, cuya historia aposenta con verdadero celo en su fabulosa memoria nonagenaria.

No sólo interpretó en la programación regular boleros entrañables como Carita de Ángel de Bullumba Landestoy o hermosas canciones napolitanas como Torna a Sorrento, sino que caracterizó con gracia al personaje Gastón en la ópera La Traviata de Giuseppe Verdi, montada en 1957 para deleite de la teleaudiencia nacional. Junto al maestro panameño Avelino Muñoz -quien dirigiera la Súper Orquesta San José- nuestro artista participó en la audición inaugural del Canal 4 de la TV de Panamá. En Venezuela dejó su huella al presentarse en funciones operáticas en el afamado Teatro Teresa Carreño de Caracas.

De trato afable y bondadoso, su espíritu inquieto llevó a suscitar sospechas de adversar el régimen de Trujillo en sus postrimerías, viéndose obligado a viajar a San Juan de Puerto Rico. En la Revolución del 65 fue firme combatiente en la zona constitucionalista, motivo de un nuevo exilio en Nueva York, donde sindicalizó a los músicos y artistas dominicanos mientras laboraba en los canales hispanos de televisión 41 y 47.

Un «indio» buen mozo, siempre acicalado, de mediana estatura, ojos soñadores, bigotes tachonados a lo Fernando Fernández y pelo negro ondulado, su presencia en la pantalla chica era seña refrescante de calidad. La voz potente de suaves modulaciones, administrada sin estridencias y giros forzados, con un dejo de melancolía romántica. Alejada del modelo de los grandes tenores mejicanos tan en boga entonces -como Urcelay y Chaires-, que alargaban la frase y subían en la escala tonal en demostración de potencia. Este Armando Recio lanzaba su velo de seda al oído, susurrando la letra, declamada en perfecta dicción, como hijo aventajado de la escuela de talentos que fue La Voz Dominicana.

En 1958 el sello Riney de Puerto Rico lanzó un LP dedicado a este artista con composiciones dominicanas de primera, con el respaldo de la Súper San José y el Conjunto de Ángel Bussi. De Juan Lockward incluyó Sueño de amor, un exitazo con el vuelo de la Súper y arreglos orquestales de Bienvenido Bustamante: «Toda una vida muy cerca de ti/ ocultando mi sueño de amor/ mientras que el sueño muy dentro de mí/ se trocaba en agudo dolor/ Pero hoy comprendo que torpe callé/ porque tú comprendías muy bien/ y porque conocías lo que se ocultaba en el corazón/ Cuánto tiempo perdido/sin besar esa boca de flor/ Cuánto dolor sentido/ por callarte mi amor».

Entonces se disparaban los metales acoplados con fuerza triunfal, para apuntalar sonoros el mensaje del verso: «Pero hoy verás que yo habré de alcanzar/ lo que nunca logré por temor/ y sabrás que en la vida/ no hay nadie que pueda querer como yo». Eran los años 50, recatados, discretos. Una sociedad aldeana, barrial, tendía velos de pudor a los amores ocultos. En la iglesia un roce leve aprovechando la fila del confesionario o el acercamiento furtivo en la formación que llevaba en mayo flores a María.

Era época de idealización romántica y los compositores, sensibilizados por anhelos de entrega total, destilaban sus cuitas ante la expectativa amatoria no correspondida. Del vegano ocurrente radicado en San Carlos que fuera Babín Echavarría, Mentidos labios (cuyo título real es Nobleza), con arreglo maestro de su amigo Rafael Solano y el respaldo del conjunto del bandoneonista Ángel Bussi: «Me mintieron tus labios/ y una vez fue bastante/ hoy me queda la pena de haberte confiado mi amor y mi fe». De Jimmy McFarlane -una de las voces más afinadas de la bohemia capitaleña, culto, excelente cantor de tangos y viejos boleros– Para que me recuerdes, un bolero digno de mayor difusión: «Para que me recuerdes/ yo te canto vida mía mi canción/ para que tú la oigas cuando llore el corazón».

Una canción hermosísima, bien lograda en música y texto, es Amor imposible. Llevada al acetato por Lope Balaguer y la Orquesta Caribe que animaba las audiciones en vivo de Radio Caribe y dirigía el pianista cubano Agustín Mercier. En un elepé con las composiciones de Radhamés Trujillo (identificado Radhjillo), en el que intervienen también Fernando Casado, Gloria Mirabal, Elenita Santos y el grupo vocal Los Solmeños.

Quizá por temor vergonzante y una vana pretensión de borrar la historia como se borra la tiza trazada en la pizarra, se ha sepultado este tema por llevar el tufillo Trujillo. Pero la belleza es insistentemente terca:

«Yo sé que nuestro amor es imposible/ y sé que hay un abismo entre nosotros/Y aunque este corazón está perdido/ no encontrará refugio en otras almas/ Sé que tu corazón no será mío/ aunque toda la vida lo anhelara/ No importa pues yo seguiré luchando/ aunque en esa batalla me quemara/ Te anhelo como a nadie había anhelado/ Tal vez en el abismo de tu vida/ al tratar de cruzarlo por tenerte/ en el salto mortal de mis anhelos/ Y en busca de esa dicha no encontrada/ Y por tener un beso de tu boca/ en esa lucha tan encarnizada/ en la roca de tu olvido morirá.»

Es probable que en la autoría de esta pieza se hallare la huella de algún compositor celebrado en las décadas siguientes. Otra pieza de calidad de Radhjillo interpretada por Recio fue Llorarás por mí, popularizada por Irma Carlón, vocalizadora de Sin lágrimas de Gonzalo Curiel y de los temas de Vicente Garrido (Todo y Nada) y Mario Ruíz Armengol/Fernando Fernández (Amada mía).

Otra inspiración que figura en el repertorio de Armando Recio es Condena, factura de amargue de la fábrica de Bienvenido Fabián, intercambiada igual con Elenita Santos, quien la hizo suya en La Voz Dominicana. Introducida por la Súper con saxofón soplando con tufo de madrugada, el sujeto de la lírica «se tira a muerto para que le cojan pena»: «Qué será de mí/ con tanta pena en mi pobre vida/ Qué será de mí/ mis esperanzas están perdidas». Pero al final de la historia surge un sin embargo esperanzador, porque «hay un Dios tan justiciero/ y él nos tiene que juntar».

Asimismo, de Rafael Camilo aparece Nunca olvidarás y Te vas mañana, arreglo del maestro italiano Mario Carta. Completan la selección piezas de Ángel Bussi y Guaroa Pérez Oviedo. De este último, Recio había lanzado un sencillo con dos de sus piezas.

Una década después, en 1968, el sello Zuny compiló grabaciones de La Voz Dominicana realizadas por nuestro artista. Algo como para ponerse a soñar: Mi gloria de Luis Kalaff, Siempre mía y Solamente tú de Babín Echavarría, Dueña de mí de Papa Molina. Dos temas del compositor mexicano Gonzalo Curiel y de su compueblano Gabriel Ruíz, Jamás, una pieza de típico despecho: «El oro pudo más que mi cariño/ pero a su vez el tiempo pudo más/ Hoy te puedo pagar cualquier capricho/ pero quererte como ayer, jamás».

Un verdadero delicatesen musical es Extraña, un vals de la autoría de Ángel Bussi que arranca en concierto de violines, con pizzicato y todo, creándose una atmósfera de fragancia de patio antiguo, al estilo Lara y el cine mexicano. Pieza extraña esta Extraña: «Como un rumor de besos/ yo te siento aquí en mi corazón/ Te extraño a cada día/ porque estás lejos de mí/ En mi afán de encontrar/ a mi extraña obsesión/ te busco sin cesar/ Y yo te he de encontrar/ porque me dice el corazón así/ Si supieras mi vida/ que mis besos guardo para ti/ Que mis brazos se tienden/ en la nada en busca de tu amor/ Y una noche he de verte/ cuando menos lo esperes/ para darte en jirones/ toda mi ansiedad.»

En la voz dulce de Recio se escucha Sortilegio (Todo me gusta de ti) del trompetista Cuto Estévez, un tema refrescante cual Singing in the Rain interpretado por Gene Kelly enamorado bajo la lluvia de la juvenil Debbie Reynolds: «Cantando quiero decirte/ lo que me gusta de ti/ las cosas que me enamoran/ y me hacen dueño de ti/ Tu frente, tus cabellos y tu rítmico andar/ y el dulce sortilegio de tu mirar». El triunfo de la felicidad plasmada en la respiración de una canción.

En contraste, Recio grabó una crónica de un famoso presidiario condenado a muerte en la cámara de gas, quien logró posponer por 12 años la ejecución de la pena en la cárcel de San Quintín, California, sucumbiendo finalmente en 1960. Caryl Chessman se convirtió en toda una leyenda, motivando películas, portadas de Time y reclamos populares para que se conmutara la condena. Bienvenido Fabián captó el momento, orquestado por el maestro Bussi con aires de triste solemnidad: «Después de largos años torturantes/ en que triunfó al final su mala suerte/ Caryl Chessman pagó todas sus culpas con la muerte/ en menos de un instante/ El mundo perdonando sus maldades/ a los jueces imploró por su condena/ sin lograr que las autoridades/ lo libraran de morir en esta pena».

Armando Recio estará siempre asociado a la obra autoral de Babín Echavarría, Tony Vicioso, Bienvenido Fabián, Jimmy McFarlane, Ángel Bussi, Juan Lockward, Cuto Estévez, Papa Molina, Bienvenido Brens, Guaroa Pérez Oviedo, Rafael Gómez y los compositores solapados bajo la etiqueta Radhjillo.

Compartió honores con los grandes de la música latina, como sucediera con la Lupe en el Teatro San Juan de Nueva York. Pero lo más resaltante será su presencia troncal en la fábrica de sueños de La Voz Dominicana. Abrazado por la sonoridad estupenda de la Súper San José batuteada por Avelino y Papa, de la Melódica dirigida por el pianista cubano Agustín Mercier, y la Angelita bajo el cubano Yoyo Casteleiro, Rafael Solano, Papa y Tavito Vásquez. De la Maestro Cerón conducida por Héctor de León, Vásquez y Rodolfo Manzano. Fraguando maravillas con el conjunto del bandoneonista argentino Ángel Bussi. Como un cantor de raza, arrobado por un rumor de besos, descifrando sortilegios con la magia de su voz de seda.

Rumbo a los 97 años suma de la vida, la Patria agradecida espera de sus órganos representativos, el reconocimiento condigno a tan fecunda existencia.

Fuente Diario Libre

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