El asesinato de Orlando Jorge y una reflexión

Por CÉSAR PÉREZ

El asesinato de Orlando Jorge Mera, en su despacho de ministro de Medio Ambiente, ha producido una profunda conmoción en la sociedad dominicana, lo evidencia la gran cantidad y diversidad de gente que en sus expresiones de dolor y lamento que destacan los atributos personales, profesionales y políticos que lo caracterizaban. Ese horrendo episodio de violencia ocurre en otro momento de recurrencia de acciones de violencia indiscriminada que, desafiante, desatan sectores del crimen organizado en sus diversas formas para hacer sentir su fuerza y disposición de mantener a todo costo sus esperas de poder en las estructuras del sistema.

Ese asesinado, cometido en este contexto de violencia que como sociedad nos acogota, constituye otra evidencia de la inasible complejidad y magnitud de los problemas de nuestro país, y de la necesidad de enfrentarlos con sentido de responsabilidad colectiva por todas las fuerzas políticas, sociales y hasta de aquellas del mundo de la economía que sean capaces de plantan cara a los grupos más voraces de ese sector, algunos de claros signos delincuenciales. Hace poco más de un mes que, junto tres profesionales de la antropología y un reputo ingeniero, estuve en la oficina de Orlando para tratarle algunos temas sobre preservación de recursos culturales y naturales. Como siempre, fue gentil, educado y de apasionada defensa de sus ideas sobre algunas cuestiones.

Durante el encuentro, nos habló con entusiasmo de sus proyectos, de su voluntad de enfrentar intereses creados en torno a la depredación de nuestros atributos para el desarrollo local y nacional y su deseo de ser acompañado a tal efecto por la comunidad, al tiempo de expresar desconcierto sobre la magnitud del problema ambiental del país. Un problema que, cuyo enfrentamiento, para que sea relativamente exitoso, debe hacerse mediante la articulación del pensamiento y la acción donde prime la generosidad y sin estériles fundamentalismos ni descalificaciones. Desde siempre he reflexionado sobre la complejidad del ejercicio del poder, la soledad y angustia en que muchos lo ejercen enfrentando el entramado de espurios intereses económicos y políticos, que, de hecho, institucionaliza el sistema.

Al momento de escribir estas líneas no se ha establecido de manera concluyente el móvil del crimen, pero se sabe que el medio ambiente es la mayor fuente de acumulación originaria de capital, donde mayores y más turbios intereses existen en un entramado de relaciones entre poderosos sectores económicos de todo signo, junto a sectores de la vida política que, para sobrepasar obstáculos a veces recurren al crimen. Son miles los luchadores contra la depredación ambiental que a diario se eliminan en todo el mundo, sobre todo en los continentes americano y africano, por lo cual no es descaminada la idea de asociar la muerte de Orlando a la voracidad de los referidos sectores.  Fueron reiteradas y contundentes las denuncias que este hacia contra ellos.

Este horrendo crimen debe servir para que se haga conciencia de la necesidad de que los grandes temas nacionales sean enfrentados sin dilaciones, sin esa actitud de displicencia y/o falta de determinación con que la clase política dominicana los ha asumido, sin generosidad, cada uno por su lado, con una indolencia que agravan esos temas, creando la percepción de que éstos no tienen solución, con la consiguiente desmovilización de gran parte de la sociedad con nefasta consecuencia para cualquier intento de reorientar el rumbo del país. Algunos creen mientras peor se torne la situación más expedita será la vía para alzarse con el poder, una visión perversa que forma parte de nuestra cultura política y que permea a sectores de todos los signos ideológico/políticos.

Sola, ninguna autoridad, ni siquiera el presidente de la República, puede enfrentar con éxito el entramado de poder de la delincuencia incrustado en las estructuras del Estado, para ello se requiere la articulación de la diversidad de actores y sujetos interesades en la construcción de un país mejor. Demandar el cumplimiento de sus funciones a las autoridades es necesario, pero insuficiente sin una estrategia colectiva para enfrentarla y tirando piedras a la tonta y a la loca. Además, sin ideas claras sobre qué hacer para incorporar la comunidad a la defensa de sus derechos y sin comprender matices y actitudes de determinadas autoridades de esta y hasta de otras mayorías. Tampoco, con un Ministerio Público con limitados recursos humanos y materiales, con los lastres y lacras de los anteriores gobiernos.

Un ejemplo de esto último, el día en que se comete el asesinato de Orlando Jorge Mera, precisamente, un juez dicta un “no ha lugar” de la acusación a varios sindicados del delito de venta de in barrio con su gente y propiedades dentro: Los Tres Brazos. Independientemente de las razones que pudo tener ese juez, el mensaje percibido es que la Justicia dominicana nada puede hacer contra las redes delincuenciales dentro del Estado. Con esas limitaciones, el Ministerio Público difícilmente podrá enfrentar la violencia institucionalizada en todas las esferas de lo público. Solo un MP debidamente equipado podrá construir en tiempo prudente los expedientes probatorios para combatir todo tipo de delito, incluyendo crímenes como el que nos ocupa.

Esa es una tarea de todos, pero principalmente del Ejecutivo, su partido y sus congresistas

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