El camino que avanza al retroceso en la República Dominicana
Lina Paulino
Periodista y Psicóloga Clínica.
Cada cuatrienio, ósea con cada gobierno elegido, los dominicanos albergamos la esperanza de un cambio significativo y positivo en el destino de la nación, pero al final el sueño vuelve a convertirse en una pesadilla recurrente sin nadie que te despierte ante el horror.
Esa es la verdad, nos guste o no, salvo contadas excepciones personales, el Estado Dominicano no avanza sino que retrocede o peor aún, permanece estancado en un sistema fallido, incrustado en un hoyo negro sin luz al final del túnel.
Así como el país se abrió al mundo y ya no somos esa pequeña isla insignificante en al algún lugar del caribe, de la misma forma encabezamos muchos episodios mundiales, en crímenes, en accidentes de tránsitos, corrupción, impunidad, vía para el narcotráfico, feminicidios, inseguridad ciudadana, brutalidad policial y la indolencia de los gobiernos que cada cuatro años buscan sacar su mejor tajada.
El panorama es para llorar y pedir misericordia al altísimo, si nos doliera la patria, también debería ser para exigir, para levantarse y decir basta ya, pero los pocos que la han hecho lamentablemente han sucumbidos ante las propuestas de ofertas deshonestas, como decía mi madre pareciera que, ¨ya no quedan hombres¨.
Estamos viviendo en el, “sálvese quien pueda”, o mejor dicho en la ley del talión, sin regulación justa y moralmente correcta, muchas veces ajenos a que nos podremos convertir en las víctimas de un sistema indolente, como lo que sucedió en la discoteca Jet Set, o quien se ha preguntado a donde está la responsabilidad del gobierno en todo esto.
No estamos pidiendo perfección, como humanos es casi una tarea imposible, ¿pero porque?, en un país tan pequeño y rico por demás se hace tan difícil alcanzar un nivel de vida digna, con cosas tan sencillas como que: podamos salir a la calle sin tanto sobresaltos, al contar con una policía que vela por la seguridad ciudadana.
También algo tan simple, como poder dormir tranquilo en un barrio de Santo domingo, sin que el desorden, el ruido del desaprensivo, la inconciencia del vecino que entiende que tiene derecho a irrumpir tu paz, sin ningún tipo de consecuencias penales.
Ósea que quiero decir, es tan sencillo como empezar por el cumplimiento de las normas civiles y urbanas que den señales de que estamos avanzando, es decir empecemos por lo básico, garantizar la convivencia.
De esa forma, quizás nos podamos ir adentrando y acostumbrando a que las leyes deben cumplirse, entonces retomar la credibilidad o la confianza en aquellos que nos representan, y por lo tanto, poder esperar que desde arriba los trabucazos de libertad empiecen a sonar nuevamente en una patria que todavía pueda ser en verdad la reina del Caribe.

