El caso de Haití

Celso Marranzini

Cada día más la situación de Haití se agrava, con muy poca atención de parte de la comunidad internacional. El presente gobierno, en especial el Presidente Abinader, ha hecho uso de múltiples escenarios internaciones y directamente con presidentes de países amigos, para llamar la atención de que éste no es un problema de República Dominicana, que es la comunidad internacional, especialmente Francia y Estados Unidos, los más responsables a buscar una solución.

El presidente Joe Biden, al preguntársele hace muy poco tiempo sobre Haití, dijo que no estaba dentro de sus prioridades, parecería que esperan que la economía más pobre de la región termine afectando a una de las más estables para entonces tomar una decisión.

Es el mismo Biden, entonces senador y presidente de la Comisión de Relaciones Internacionales de su país, en una conferencia, alrededor de veinte años atrás, dijo que el problema de Haití era gerencial y que él lo resolvía en dos semanas.

No ha valido el magnicidio de un presidente, haber quemado a un senador, bandas que son dueñas del país para que el mundo mire hacia una nación que se muere entre drogas y hambre.

Compartir la isla nos ha costado mucho, desde invasiones, violaciones, cargar con una población flotante que es difícil estimar, crímenes en la frontera donde al decir de las autoridades, las bandas se van adueñando y es poco lo que vamos haciendo.

No podemos seguir permitiendo cargar con la indiferencia internacional, y no es cierto, como nos acusan, que el sector empresarial esté promoviendo una parte de la agenda 2030 y que procuremos una fusión con el vecino país.

No hay nada más irracional, somos los primeros en comprender, por patriotismo o por intereses, que algo como eso hundiría la economía. Por más que nos interesen las ventas que hacemos en la frontera, no somos tan insensatos como para promover algo que convertiría esta parte de la isla en otro Haití.

Si la clase empresarial de Haití hubiese tenido la concepción de país que tenemos nosotros, tendría más empresas, más zonas francas, más turismo, más comercio. A los empresarios dominicanos nos gusta nuestro país, amamos nuestra bandera y no queremos vivir como los empresarios haitianos, entre República Dominicana, Estados Unidos o Europa. A estos países queremos ir de paseo o de negocio, no de otra manera.

Hace muy pocos días criticaban el desarrollo de una importante zona franca en la frontera. Los que lo hacen desconocen que eso ha sido en base a un programa de Estados Unidos para promover empleos en esa zona y de alguna forma, aunque no haya sido la intención de los norteamericanos, evitar una mayor inmigración hasta nuestro país.

Pelegrín Castillo decía, con mucho acierto, que lo que hacía falta en la frontera eran tres zonas francas iguales a la que ya existe. Esas son las fronteras naturales, porque todos estamos de acuerdo que al igual que los demás países, nosotros también tenemos derechos a aplicar políticas migratorias.

Algunas semanas atrás el Instituto Duartiano organizó una marcha hasta el Altar de la Patria, reclamando al mundo poner atención al tema haitiano, importante iniciativa que todos debemos apoyar y esperamos se repita con frecuencia.

Hemos visto con preocupación cómo funcionarios haitianos decomisaron la llegada desde Estados Unidos de armas de guerra, fueron enviados por una de las iglesias a Haití, según declaraciones de la aduana haitiana. Vaya forma de proceder, como si ya no fuera suficiente con el armamento que traen los carteles.

En Estados Unidos es más fácil comprar armas que licor, hemos visto cómo jóvenes las compran en cualquier tienda sin que se les pida identificación alguna, para después ir a escuelas a disparar a mansalva a estudiantes indefensos, pero por favor no las manden a Haití que ya muchos problemas tienen.

La violencia en Haití no sólo impide trabajar, evita que mucha ayuda humanitaria pueda llegar por temor ya no sólo a que se roben los alimentos, peor, pueden ser secuestrados o asesinados.

La Organización de Estados Americanos tampoco ha hecho gran cosa, salvo emitir declaraciones que pocos creen por la inefectividad de esta en una verdadera agenda que pueda resolver los ancestrales problemas del país que primero reclamó su independencia y que tanto les costó en pagos de impuestos a Francia y la invasión sangrienta de la que debimos liberarnos un 27 de Febrero y que no volveremos a permitir que suceda de nuevo.

Los que piensan que la solución del vecino debe surgir internamente de ellos, no quieren que se resuelva nada. No existen instituciones, los empresarios han huido y una pequeña clase intelectual, lejos de tener poder para hacer cambios, muchos de ellos se han dedicado a culpar de sus errores a nuestro país.

Debemos ver el problema haitiano como un todo, dejar de pensar que los empresarios propiciamos una agenda oculta, la idea de una sola isla sólo está en la cabeza de los que miran hacia atrás el problema haitiano y si usamos su mano de obra más barata, de la misma forma usan la nuestra en otros países y no creo que los empresarios ahí quieran anexarnos.

Trabajemos juntos políticos, sociedad civil y empresarios y aquellos organismos internacionales que pretendan echarnos el problema arriba podemos decirles que apoyamos las soluciones que puedan beneficiar a Haití, pero nunca comprometiendo nuestra soberanía e independencia que mucho dolor y sacrificio nos costó librarnos de una pesadilla de veintidós años.

Publicado originalmente en El Caribe

Comentarios
Difundelo
Permitir Notificaciones OK No gracias