El Cigala recorre EE.UU. tras 20 años de «Lágrimas Negras» sin olvidar a Bebo

Miami, 20 oct (EFE).- Diego el Cigala dice echar de menos «todos los días» a Bebo Valdés, y mucho más ahora que va de ciudad en ciudad por Estados Unidos para celebrar los 20 años de «Lágrimas Negras», el álbum que le dio fama mundial y mostró la comunión de «raíz y sentimiento» entre ambos lados del Atlántico.

El cantaor madrileño, que acaba de actuar por primera vez en Orlando (Florida) ante 2.000 personas y se prepara para salir al escenario este viernes en Boston (Massachusetts) y el sábado en Miami, anuncia un nuevo disco de boleros y da pocas pistas.

«No te digo nada. Tiene cosas del recuerdo que te van a encantar», adelantó en una entrevista con EFE.

El Cigala afronta «con mucha más experiencia» los 20 años de «Lágrimas Negras», el famoso álbum publicado en 2003 por el sello Calle 54 Records bajo la producción de los españoles Fernando Trueba y Javier Limón.

«Son 20 años, uno se desenvuelve con mucha más experiencia. Han tenido que pasar todos estos años para saber cantar en clave de son y sin perder el flamenco», comenta.

VEINTE AÑOS DE LÁGRIMAS

Titulada precisamente «20 Años de Lágrimas», la gira iniciada el 13 de octubre en Dallas lleva al reconocido vocalista flamenco a diez ciudades en menos de dos meses.

Entre las ciudades principales, según la empresa que la organiza, Loud And Live, se encuentran Miami, Boston, Nueva York y Chicago (Illinois).

Lejos de viajar con una banda grande, El Cigala lo hace en formato acústico, un cuarteto que no puede prescindir de la percusión afrocubana: paila, conga, bongó, piano, contrabajo y voz.

El pianista que lo acompaña es Jaime Calabuch «Jumitus», el mismo «que lleva conmigo 20 años», apunta.

Calabuch, puntualiza, «es sobrino carnal de Moncho», «El Gitano del Bolero», y lo tiene todo: herencia musical, talento y la conjunción de la salsa con la rumba catalana, comentó el cantaor.

En la gira, el ganador de seis Latin Grammy, además de una nominación al Grammy por su álbum «Indestructible», hace un recorrido por todos los temas «que llegaron a su vida para convertirse en imprescindibles», según un comunicado de los organizadores.

Son estos, entre otros, «Corazón loco», «Historia de un amor» y «Dos Gardenias».

«Lágrimas negras», el tema de Miguel Matamoros del que el álbum toma nombre, es a su vez una de las letras más conocidas del cancionero cubano.

Pero en el espectáculo, que «suena bien latin jazz» según dice El Cigala, también el público encontrará canciones de Roberto Carlos, Manzanero y José Feliciano.

«Vamos variando de manera que la gente se sorprenda. La gente goza y se emociona y eso me da mucha alegría», comenta al teléfono el cantaor.

«A la gente le gusta verlo en directo, son canciones de toda la vida y les trae muchos recuerdos», añade.

El éxito de «Lágrimas Negras» (vendió más de dos millones de copias por el mundo), ha sido gracias al «sonido del alma» que tiene, al «cruce del charco» y a que toda la música registrada allí tiene «la misma raíz y sentimiento», explica.

«Lágrimas Negras» en efecto viaja en ambas direcciones al juntar un tema trovadoresco como «Veinte años», de la cubana María Teresa Vera, con una joya de la copla española como «La bien pagá», que popularizó Miguel de Molina.

Luego El Cigala emprendió la saga con «Dos Lágrimas», publicado en 2008 por Cigala Music y que va desde «Dos gardenias» hasta «María de la Ó».

«Genialidades como (los percusionistas cubanos) Tata Güines, Changuito, el padre de Gonzalito Rubalcaba (Guillermo Rubalcaba, pianista)… ahí está la esencia de Cuba. Veníamos de grabar ‘Lágrimas Negras’, ¿qué íbamos a hacer?», dice sobre este disco menos conocido donde la percusión juega un rol cenital.

A la pregunta de qué significó su dueto con Bebo Valdés, en el que dos personas con gran diferencia de edad y estilo musical se unen para dar la vuelta al mundo, El Cigala no duda al decir que «conocer a Bebo fue lo mejor» que le ha pasado en la vida.

«Le echo de menos todos los días de mi vida, gracias a él di con la clave de lo que la gente no creía fuera posible», comentó sobre el cubano exiliado en Suecia que se reinventó a los 76 años para viajar por todo el mundo y murió a los 94.

En 2004 El Cigala desembarcó en La Habana con «Lágrimas Negras» pero Bebo no quiso ir, «y hubo que respetarlo».

«Le daban las llaves de la ciudad y me dijo: ‘yo no voy, pero te pongo a Chucho'», recuerda el cantaor sobre ese viaje a la isla en el que el hijo de Bebo, Chucho Valdés, tocó el piano ante 5.000 espectadores en representación de una estirpe.

Jorge I.Pérez

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