El cóctel destructivo de injerencia e impunidad en Haití

 Jean Garry Denis

A lo largo de su historia como pueblo, Haití nunca ha experimentado una situación tan catastrófica. Desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse el 7 de julio de 2011, parece que los demonios se han confabulado para someternos a este diluvio de fuego destructivo. Como resultado, Haití ya está experimentando este infierno imaginario.

Si no fuera por su resiliencia, ya los haitianos habrían desaparecido, porque ya todo se ha puesto en marcha en este marco.

En los últimos meses, la situación no ha hecho más que empeorar con nuevos hechos y nuevos actores que tienden a reforzar el caos. Nuestro análisis nos muestra que el país se enfrenta hoy a un cóctel destructivo que gira en torno a cuatro grandes puntos:

1- Injerencia extranjera

Algunas misiones diplomáticas, en particular Estados Unidos, Francia, Canadá y la ONU, federadas en una estructura denominada Core Group que se autoproclama “Países Amigos de Haití”, han impuesto a los haitianos una diplomacia del caos desde hace más de 20 años. Las acciones de esta estructura van más allá de simples interferencias tradicionales en los asuntos internos de un país. Sus acciones no tienen precedentes en la historia de las relaciones internacionales.

Hasta este momento su accionar consiste en cambiar los resultados de las elecciones, nombrar líderes y gobernar el país a través de lacayos. Catapultaron a Michel Martelly que se encontraba en la cuarta posición en las elecciones de 2011, para ponerle en segunda posición, para darle finalmente todos los medios para ganar las elecciones. Dieron su apoyo para unir a las bandas armadas a través de un informe de la exenviada de la ONU, señora Helen La Lime, al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ignoraron cualquier esfuerzo de consenso nacional para entregar el gobierno del país al doctor Ariel Henry a través de un simple mensaje de Twitter.

Desde hace más de 30 meses, a pesar del mediocre desempeño de Henry en poder, sólo han luchado por su mantenimiento en el poder. Sin embargo, debemos recordar que organizaciones de derechos humanos e incluso diplomáticos de alto rango de la administración estadounidense acusan al actual primer ministro de complicidad en el asesinato del presidente Moïse y de fuertes vínculos con las pandillas que siembran violencia. A todo esto se agrega que el caos en Haití constituye una oportunidad inesperada para los funcionarios internacionales y de la ONU.

2-Populismo

El populismo constituye la mayor amenaza para el establecimiento del progreso y la democracia en Haití. Las élites locales se aliaron fácilmente con el populismo como trampolín para mantener su influencia y controlar mejor la sociedad. Desde hace más de dos semanas asistimos a una ola de populismo teñido de triunfalismo aprovechado por la ira de la población contra el régimen corrupto de Henry.

Guy Philippe, ex comisario de policía que encabezó la rebelión armada contra el gobierno de Jean Bertrand Aristide en 2004, es el nuevo autoproclamado revolucionario de este movimiento. Después de más de seis años de prisión en Estados Unidos por lavado de dinero proveniente del narcotráfico, se propuso como objetivo liderar la revolución para liberar al pueblo haitiano. ¡Qué broma!

En el primer momento prometió atacar a las pandillas, en el segundo momento quiere desalojar a Henry por la fuerza, para finalmente promover la desobediencia civil. Ahora uno de sus más cercanos colaboradores habla de la necesidad de un acercamiento al gobierno mediante la concesión de un cierto número de ministerios soberanos.

Recordemos que el autoproclamado revolucionario fue elegido senador bajo la bandera de uno de los grupos satélites del régimen de Tetkale de Michel Martelly, régimen que nos ha llevado al caos más que cualquier otro régimen en la historia de este país que se ha caracterizado por la corrupción, el narcotráfico y la violencia de pandillas.

3-Violencia

La complicidad de los miembros del gobierno de Henry con las pandillas es denunciada repetidamente. El gobierno utiliza la violencia de las pandillas para perpetuarse en el poder, pero sobre todo para alentar una nueva ocupación del país por fuerzas extranjeras que en los hechos vendrían a legitimar su poder.

Se está haciendo todo lo posible para desalentar a la Policía Nacional y otras iniciativas haitianas para poner fin a esta violencia. Las operaciones policiales están atrapando al alto mando policial. El gobierno boicoteó y se opuso al movimiento popular de autodefensa que estaba comenzando a producir resultados significativos contra la violencia de las pandillas. Porque las fuerzas extranjeras desde hace más de tres décadas más bien han empeorado la situación que nos han llevado al caos que estamos viviendo.

Organizaciones de derechos humanos siguen denunciando la complicidad y pasividad de las autoridades en el caos provocado por las bandas armadas. En une carta a la policía judicial, la Red Nacional de Defensa de los Derechos Humanos (RNDDH) del 21 de octubre de 2021 afirmó que el pastor Jean Ferret Michel fue secuestrado por orden del ministro del Interior, Liszt Quitel, quien también se había desempeñado como ministro de Justicia y Seguridad Pública.

Según la RNDDH, desde el 15 de enero de 2023, Vitelhomme Inocent, jefe de bandas armadas presentado por más de uno como protegido del jefe de Policía, circula en una caravana que incluye dos vehículos que llevan respectivamente placas del Servicio Estatal y Oficial.

4- Impunidad

Salvo algunos casos insignificantes, Haití, el país más corrupto de la región, nunca ha procesado a un funcionario por corrupción. Además, a pesar de las sanciones internacionales contra líderes de pandillas, políticos corruptos y miembros de la élite económica corrupta que apoyan la violencia de bandas y están involucrados en corrupción masiva, este gobierno no ha tomado medidas para entregarlos a la justicia. El asesinato del presidente Moïse constituye la mayor expresión de impunidad y obstrucciones judiciales en este país.

Invitado a comparecer ante el juez de Instrucción del caso del asesinato del presidente Moïse, fue el juez quien finalmente tuvo que ir al despacho del Primer Ministro para ser escuchado, según su conveniencia, un hecho sin precedentes. Tenemos la impresión de que fue el Primer Ministro quien finalmente interrogó al juez.

En consecuencia, la lucha contra la impunidad constituye un aspecto importante para la buena marcha de las instituciones y la construcción de una economía de prosperidad para todos, desgraciadamente tomada como rehén por una camarilla oligárquica.

Cualquier solución duradera a la crisis debe implicar necesariamente no sólo el necesario cambio de régimen del Primer Ministro Ariel Henry, sino sobre todo, tomar en cuenta estos cuatro factores a la hora de poner en marcha un plan de acción.

Listín Diario

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