El crecimiento económico del informe Banco Central

Felipe Ciprián

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Al leer con detenimiento el “Informe de la economía dominicana del año 2022”, publicado el pasado martes por el Banco Central, quedé maravillado con el bienestar que disfruta el pueblo dominicano.

Este país es un encanto por la pujanza de su crecimiento, por los excelentes resultados de todas las políticas que implementa, y sobre todo, porque hay coincidencia total entre lo que el Banco Central previó y lo que finalmente resultó.

Solo la pericia de técnicos adiestrados en formular políticas, recoger estadísticas y luego informarlas (todo concentrado), hace posible que los resultados siempre estén “en línea con las últimas proyecciones de esta institución (Banco Central)”, estribillo inmancable en cada una de sus afirmaciones.  En el informe del estado de bienestar general, se dice que la economía dominicana creció 4.9% en 2022 y que los sectores que jalonaron ese empuje productivo fueron, esencialmente, Turismo 24% del total, Zonas Francas 5.4% y Agropecuaria 5.0%.

En cambio, Minería decreció 7.2% (con tan buenos precios en los mercados internacionales) y la Construcción solo subió 0.6%.

No pagan impuestos y repatrian las ganancias

Hablando en ‘latín paladino’ eso significa que los sectores en expansión son exactamente los que no pagan impuestos porque están exonerados por ley, en lo que los académicos llaman el gasto tributario.

Y ya conocemos las características de los sectores del turismo, zonas francas y la agropecuaria. Bajos salarios y alta repatriación de ganancias. En turismo y zonas francas repatrian sus propietarios extranjeros –principalmente- y en la agropecuaria, repatria sus ingresos la mano de obra haitiana que casi exclusivamente es la empleada.

Los sectores que decrecieron, Minería y Construcción, son los que tienen mejores salarios y dinamizan los mercados.

Se vanagloria el Banco Central de que las remesas alcanzaron más de 9,800 millones de dólares en 2022 como si sus técnicos formularan alguna política para que esto suceda.

El crecimiento de las remesas es un excelente indicador de lo mal que está la economía dominicana, porque si estuviese bien, los expulsados de aquí en yolas y cruzando la selva del Darién a pie no se expusieran a la muerte por cientos cada mes para buscar la oportunidad que aquí se niega.

Los jóvenes se van de forma ilegal, dejando atrás a sus padres, hermanos, esposas y a sus hijos, precisamente porque quieren resolverles sus problemas esenciales (alimentos, alquiler, medicamentos, estudios, deudas) y aquí no tienen oportunidad aunque sean profesionales o técnicos. Es una lástima que el Banco Central no pueda contabilizar la totalidad de las divisas que entran al país enviadas a mano por los dominicanos en el exterior –que es mayor que la que viene por remesadores- y el dineral que llega por la ventanilla siniestra del narcotráfico, el contrabando de armas, mercancías y personas.

Si esa economía subterránea pudiese ser incorporada estadísticamente al Producto Bruto Interno (PIB), el país no tendría un PIB nominal “en torno a US$114,000 millones” y un PIB per cápita de 10,700 dólares, sino mucho más del doble de esas cantidades.

Pero como no se pueden mover los altares porque caerían los santos a todos los niveles, el país se ubica discretamente en la “séptima economía de América Latina”.

El boom agropecuario

El informe registra que el crecimiento del sector agropecuario fue bárbaro. Aunque entre enero-junio no superaba el 2%, en el último semestre parece que repuntó de tal manera que alcanzó a final del año el robusto 5%.

Lo he dicho en otras ocasiones: el que quiera aprender de gestión económica no tiene que ir a estudiar a ninguna academia de prestigio mundial ni examinar el éxito de países emblemáticos en el mundo.

Solo tienen que venir a República Dominicana y leer los informes del Banco Central, que como dijo Jacques Attali y nadie ignora, es el único caso en el que el organismo que formula la política monetaria, es el mismo que recoge las estadísticas y las publica.

Contrario a Estados Unidos, modelo de transparencia interna, donde la Oficina de Análisis Económico, adscrita al Departamento de Comercio –no a la Reserva Federal- es la que recoge las estadísticas del comportamiento de la economía, mientras que la Oficina de Estadísticas Laborales, del Departamento de Trabajo, acopia la situación laboral y aspectos económicos.

La realidad es que el sector agropecuario fue golpeado con un festival de importaciones libres de arancel, financiadas por el gobierno a través del Banco Agrícola, que nos puso a comer ajo traído de China, cebollas de Holanda, carne de pollo, pavo y cerdo de Estados Unidos y Brasil…

Pero en el mismo informe que se dice que el sector agropecuario creció 5%, se cuela una perla delatora de la verdad que dice textualmente: … “la variación (aumentos) de los precios en los últimos meses de 2022 refleja el impacto sobre los bienes agropecuarios de las condiciones climatológicas adversas evidenciadas durante el período septiembre-diciembre, destacándose varios tornados en la región del Cibao y la Línea Noroeste y los daños ocasionados por el paso del huracán Fiona, así como las menores temperaturas… que afectaron de manera directa las plantaciones de plátano”.

Para comer pescado y hablar en idioma sumerio hay que tener precaución.

¿Cómo fue posible el crecimiento del sector agropecuario con 700 técnicos cancelados, con un crecimiento enero-junio de 2%, con todos los recursos del Banco Agrícola volcados hacia los intermediarios importadores de alimentos libres de arancel y los efectos climáticos del segundo semestre del año? No más preguntas, magistrados.

El Banco Central levanta como estandarte Reservas Internacionales por 14,440 millones de dólares, pero no dice nada del monto de la deuda pública y cómo le va a pagar el dineral pendiente con acreedores por el rescate bancario que hizo el gobierno de Hipólito Mejía en el año 2003 que ya supera los 900,000 millones de pesos.

Como gritaría un borracho italiano en un cabaret de París: “¡Mamma mia. È un debito impagabile e rovinoso!”.

República Dominicana se parece a un gran teatro que todas las noches está a casa llena (crecimiento), pero de personas que entran de cortesía (Turismo y zonas francas no pagan impuestos), mientras afuera la gente es asaltada por la delincuencia, compra comida y medicinas caras, sufre apagones, los jóvenes se van por miles, y el dueño del teatro tiene que coger préstamos todos los meses para sostenerlo (endeudamiento crónico). No obstente grita: ¡Vamos muy bien!

Lo triste y lastimero es que hay una cohorte empresarial, ‘intelectual’ y política que aplaude gozosa, mientras que los partidos ‘opositores’ trabajan por volver al poder (para hacer lo mismo) mediante mensajes en las redes sociales y ruedas de prensa.

Que siga la fiesta, que Milano paga.

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