El holograma de Gardel y un teatro donde nunca cantó

Tacuarembó (Uruguay), 23 jun (EFE).- Cual espectro que vuelve «con la frente marchita», Carlos Gardel reaparecerá en holograma para cantar en un histórico teatro de Tacuarembó, ciudad uruguaya que muchos consideran su origen y, al tiempo, su condena por ser el lugar donde el coronel Carlos Escayola no lo reconoció como hijo.

La voz del «Zorzal criollo», de cuya muerte en un trágico accidente de avión en Medellín (Colombia) se cumplen este viernes 87 años, nunca calló definitivamente en radios, televisores o pantallas de cine.

Sin embargo, ver a esta leyenda del tango cara a cara es el privilegio que nadie puede disfrutar y que, como asegura en diálogo con la Agencia EFE el director de Cultura del gobierno de Tacuarembó, Carlos Arezo, gracias a la tecnología podrá hacerse realidad en 2023.

UN CORONEL VISIONARIO

Tras una breve formación militar que lo llevó a participar del Sitio de Paysandú, conflicto que fue antecedió a la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), el uruguayo Carlos Escayola Medina (1845-1915) se asentó en la Villa San Fructuoso, hoy ciudad de Tacuarembó, en el norte de Uruguay.

Nombrado coronel y jefe político de la zona, Escayola tenía, más allá de su faz «negra», pues asesinó y mantuvo cautivos a múltiples enemigos, una reputación social particular.

«Era músico, era cantante, tocaba la guitarra, el piano, la mandolina; se metía en los concursos carnavaleros», acota Arezo, quien cuenta que eso lo distinguió y motivó que, cuando el foco estaba en edificar cuarteles y regimientos, él mandara erigir un teatro.

El coronel, a quien Arezo califica de «visionario», ya que, en un contexto en que a esa zona llegaban compañías extranjeras atraídas por la extracción de oro, apostó por la cultura con un capital importante.

Así lo detalla la información que acompaña la muestra del Centro de Fotografía de Montevideo (CdF) organizada por el documental «El padre de Gardel» (2013), pues dice que Escayola encargó un teatro de ópera de estilo italiano al ingeniero francés Víctor L’Olivier por «unos 25.000 pesos fuertes», un «golpe grande» para su fortuna.

UN TEATRO SINGULAR

Inaugurado el 31 de mayo de 1891, el Teatro Escayola, detalla el CdF, no solo era «lujoso», sino que contaba con «todas las comodidades de cualquier teatro europeo de la época», ya que, además de destacarse como el primer local con electricidad de Tacuarembó, tenía dos posadas aledañas para hospedar a los elencos.

El recinto, al que, con gestiones de Escayola, llegaban artistas de todo el mundo en una parada estratégica entre Río de Janeiro y Buenos Aires, y que con el paso del tiempo funcionó como cine -hasta 1956, cuando cerró-, fue adquirido en 2014 por el gobierno local y está hoy en obras de reconstrucción.

Como detalla la directora de Vialidad Urbana de la Intendencia de Tacuarembó, Martha Mullin, el proyecto, con una inversión de unos dos millones de dólares, constituirá un «complejo cultural» con el realojo de dos museos preexistentes en las antiguas posadas y estará terminado en 2023.

«Hoy día se está trabajando en la obra propiamente del teatro, que son aproximadamente 900 metros cuadrados y tres niveles para un estimado de 200 plazas, con la incorporación de tecnología necesaria para la actualización de todas las funciones teatrales», remarca.

Según la arquitecta, la dificultad central está en «recomponer» partes del teatro alteradas para otros usos, ya que, comenta Arezo, en algún punto funcionó en el local una imprenta, por ejemplo.

DE TAL PALO, TAL ASTILLA

Dos teorías se disputan aún el origen de Gardel: una dice que es francés; la otra, que lo reconoce uruguayo, encuentra en sus visitas a Tacuarembó y en registros oficiales la base para afirmar que «El Mago» es uno de los 36 hijos ilegítimos que tuvo Escayola -más 14 dentro de sus matrimonios-.

Según detalla el documental de Ricardo Casas y consigna el CdF, la menor de las tres hermanas Oliva con las que se casó Escayola, María Lelia, quedó embarazada a los 13 años de este, quien era esposo de otra de ellas, lo que motivó enviar al niño «lo más lejos posible» con la niñera francesa que lo criaría, Berthe Gardes.

Mientras los testimonios orales de los Escayola coinciden en que había mandato familiar de silenciar el asunto Gardel, queda claro que el dueño de esta icónica voz compartía con el coronel su pasión por la música.

No obstante, el célebre autor de «Por una cabeza» nunca cantó en el Teatro Escayola, lo que los tacuaremboenses esperan subsanar.

«Va a cantar en la noche de gala de reinauguración del Teatro Escayola en el año 2023. Ya estamos haciendo las vinculaciones del caso para poner un holograma», remarca Arezo, que ya contagia esa sonora ilusión.

Alejandro Prieto

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