EL INFORME OPPENHEIMER

¿Está preparada América Latina para el Metaverso?

ANDRÉS OPPENHEIMER

 El corresponsal extranjero y co­lumnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald.

Cuando el fundador de Fa­cebook, Mark Zuckerberg, anunció recientemente que cambió el nombre de su em­presa a Meta, porque opera­rá en el Metaverso, muchos medios no se percataron de la parte más importante de la historia: el hecho de que la nueva compañía será parte de una nueva tendencia tecnoló­gica que cambiará el mundo.

El Metaverso, o meta-mun­do, o X-verso, o como se ter­mine llamando, es el nuevo mundo de realidad virtual y realidad aumentada que re­emplazará al Iternet tal como lo conocemos. Según me di­cen varios gurús de la tecno­logía, el Internet multidimen­sional cambiará – para bien y para mal – nuestras vidas, nuestros trabajos y la econo­mía mundial.

En primer lugar, hay mu­chas compañías de Internet además de Meta, incluidas Mi­crosoft, Sony, Google y Apple que están trabajando a toda velocidad para crear univer­sos digitales multidimensio­nales. No habrá un solo Me­taverso, sino tantos millones de metaversos como ahora existen sitios de Internet. Po­drás crear tu propio meta-uni­verso e invitarme a sentarme virtualmente en tu oficina, y podremos caminar juntos di­gitalmente desde allí a cual­quier otro lugar.

Todo esto lo haremos con las anteojos de realidad vir­tual que hoy en día son gran­des y pesados – como eran los primeros celulares – pero que pronto se parecerán a gafas comunes, y quizás más tarde serán reemplazados por chips en nuestras cabezas. Sí, ya sé, suena aterrador, y probable­mente es.

En segundo lugar, la transi­ción a un mundo digital mul­to-dimensional probablemen­te comenzará con la industria de la música y el deporte, y después pasará a la produc­ción de bienes digitales.

Podremos ver conciertos o conferencias con realidad vir­tual o realidad aumentada, en lugar de verlos en una panta­lla plana. Y más tarde, podre­mos fabricar productos digita­les. Un ingeniero en Alemania podrá teletransportarse a una fábrica en México y mostrarle a sus trabajadores cómo repa­rar una máquina rota, o vice­versa.

En segundo lugar, el me­tauniverso llevara a la produc­ción de cada vez más bienes virtuales, incluida la ropa di­gital.

A medida que la econo­mía se mueve cada vez más del mundo físico al mundo virtual, participaremos en re­uniones de trabajo virtuales o iremos a una cena de gala vir­tual estando en nuestras ca­sas en pijama, pero vestidos con ropa digital. Algunas em­presas de ropa de lujo ya están vendiendo vestidos y acceso­rios digitales.

En tercer lugar, es probable que la producción de bienes digitales multidimensionales amplíe la brecha tecnológica entre los países ricos y pobres.

Vivek Wadhwa, un futuró­logo de Silicon Valley que ha escrito varios libros sobre las próximas tecnologías, me di­jo que el hecho de que el Me­tauniverso permitirá que las personas trabajen desde cual­quier lugar del mundo podría ser una gran oportunidad pa­ra que América Latina reem­place a China como la fábrica del mundo.

Pero agregó que así como América Latina se perdió la oportunidad de convertirse la oficina de soporte administra­tivo del mundo cuando apa­reció el Internet, puede perder la oportunidad de convertirse en la fábrica del mundo con el Metaverso.

“El problema no es la tecno­logía”, dijo Wadhwa. “El pro­blema es la falta de visión y capacidad de América Latina para aprovechar las oportuni­dades”.

Cuando le pregunté a Rony Abovitz, el fundador de la empresa de realidad aumentada Magic Leap qué le recomendaría a los presi­dentes latinoamericanos, me dijo que les aconsejaría que construyeran una buena in­fraestructura de Internet rá­pida, enseñen a los niños de sus países a codificar, y ayu­den a que sus empresas en­cuentren un lugar en las nue­vas cadenas de suministro de productos digitales.

Si no se suben a esta ola ahora, “empezarán a parecer­se cada vez más a Afganistán”, agregó.

Eso puede sonar demasia­do dramático, pero tiene al­go de cierto. Nos guste o no, la transición al mundo digi­tal multidimensional va a su­ceder. Las empresas que están invirtiendo miles de millones de dólares en el Metaverso no se van a detener, así como no se detuvieron con la construc­ción del Internet en la década de 1990.

El metaverso probablemen­te tardará entre diez y quin­ce años en convertirse en una realidad cotidiana. Pero su­cederá, y los países que no se preparen desde ahora se van a quedar atrás.

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