El legado histórico del presidente Donald Trump

Francisco S. Cruz

No hay duda: ciertos analistas internacionales e intelectuales de izquierda no logran explicarse el protagonismo geopolítico-bélico que viene exhibiendo los Estados Unidos bajo el liderazgo del presidente Donald Trump; y encima, ni China ni Rusia dicen ni pío -excepto que declaración e intervención de la ONU-. Por supuesto, nos referimos a los casos de Venezuela e Irán. Lo de Cuba va por otra ruta -no de ataque bélico directo-, pero igual hacia una configuración de transición política negociada.

Y es curioso pues el actual cuadro geopolítico internacional se va configurando en el contexto de una China que avanza y se expande en su estrategia comercial y una Rusia centrada en la guerra con Ucrania. Parecería que hay una suerte de entendimiento soterrado entre potencias; o, quizá, lectura, por parte de China y Rusia, de que lo de Venezuela, Cuba, Irán -y en cualquier momento Nicaragua- era, y es, insostenible desde la visión o teoría de zona de influencia y peligro global ante desarrollo-almacenamiento nuclear en mano de de un país teocrático-fundamentalista-religioso como Irán.

La anterior podría ser una lectura errada o falsa, pero es lo único que explica el dejar hacer, por beneficios estratégicos o lógica geopolítica, ante el protagonismo o liderazgo de EE.UU. en Medio Oriente y su traspatio geográfico-hemisférico. O quizás, el convencimiento de que el presidente Donald Trump está decidido a jugársela por una reconfiguración geopolítica arrastrando, de paso, a Europa, casi a carabina, a una conflagración mundial.

No obstante, hay que soslayar que el presidente Trump ha sabido posicionarse a nivel global y ha recuperado parte del terreno perdido en el espectro geopolítico y en la narrativa hegemónica de potencia militar más allá de su frontera u hemisferio. Es un cambio de estrategia con respecto a su primera administración que se caracterizó por un repliegue geopolítico y renuencia al multilateralismo tradicional o de agendas retorcidas.

Finalmente, lo que es un hecho es que no hay forma de obviar el liderazgo del presidente Trump y que, seguramente -por razones inexplicables-, está exhibiendo o imponiendo lo que podría llamarse un nuevo Orden Mundial donde no queda claro si es un sobreentendido o tácito acuerdo entre potencias o un dejar hacer ante lo indefendible por razones de equilibrio, amenaza global o sabrá Dios prudencia calculada de China, Rusia y otras potencias que no es inocente ni indiferente sino conveniencia disfrazada de retórica política-diplomática. En otro orden, la historia dirá si el fin de tres dictaduras -Venezuela, Cuba y Nicaragua- y la hecatombe-fundamentalista de Irán, serán el legado histórico del presidente Donald Trump. Al menos desde nuestra óptica, no habrá dudas…

El Caribe

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