El Manifiesto Comunista, 175 años de un panfleto legendario

Berlín, 21 feb (EFE).- El Manifiesto Comunista, el texto escrito por Karl Marx y Friedrich Engels traducido a 200 idiomas, considerado guía de muchos movimientos políticos y que es patrimonio cultural de la UNESCO, cumple este martes 175 años.

El breve documento fue el resultado de un encargo del segundo congreso de la Liga Comunista, celebrado en Londres el 29 de noviembre de 1847, en el que Marx y Engels presentaron un primer bosquejo que debía ser una declaración de principios del movimiento.

«Un fantasma recorre Europa, es el fantasma del comunismo», empieza el texto que está atravesado por frases breves que parecen escritas para ser aprendidas de memoria.

Un siglo después Europa estaba divida en dos partes, una de las cuales tenía los textos de Marx y Engels como una especie de evangelio político mientras que en la otra mitad muchos sentían que «el fantasma del comunismo» se había convertido en una amenaza real.

El centro de la confrontación era Alemania, partida en dos -a partir de 1949 en dos estados independientes- y Berlín, cuya división desde 1961 se veía en el muro que habían levantado las autoridades comunistas para que la gente no se escapase hacia occidente.

Así como la capital alemana había sido el símbolo de esa confrontación la caída del muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, sería el momento emblemático que representaría el colapso del bloque comunista.

«Nosotros no tuvimos la culpa», decía un grafito que alguien había escrito por esos días en el monumento a Marx-Engels que se encuentra todavía cerca de la Alexanderplatz en el territorio de lo que en otro tiempo fue Berlín Oriental.

La declaración de inocencia que el grafitero anónimo la atribuía a Marx y Engels recogía una vieja discusión en torno al marxismo y al socialismo en general.

Por un lado, estaba el llamado «socialismo realmente existente» -en Europa marcado por la influencia de la Unión Soviética- y por el otro lado los planteamientos originales de Marx y Engels, su análisis del capitalismo y su visión de una sociedad sin clases.

Los partidos socialdemócratas en Europa también habían estado marcados por el marxismo aunque a lo largo de la guerra fría se fueron alejando del mismo.

En Alemania hay un momento clave: el programa de Godesberg, del Partido Socialdemócrata (SPD) en el que por primera vez en su historia no se pone al marxismo en su base.

En buena parte de Europa, y en especial en Alemania Occidental, la situación de los trabajadores era muy distinta a la que habían previsto Marx y Engels en el Manifiesto.

Allí, tras asegurar que toda la historia universal había estado marcado por la lucha de clases, se agregaba que esta se había simplificado. «Toda la sociedad se divide cada vez más en dos grandes bloques enemigos que están frente a frente: la burguesía y el proletariado», dice el texto.

El proletariado, según las predicciones del Manifiesto, se haría cada vez más pobre y las clases medias terminarían también emprobreciéndose y engrosando la masa proletaria que se rebelaría contra la burguesía.

Lejos de ello, tras la II Guerra Mundial se dio en buena parte de Europa y en especial en Alemania Occidental un fortalecimiento de las clases medias y la llamada economía social de mercado le daba a los trabajadores un nivel de vida que hacía poco atractiva una aventura comunista.

Las frases con las que se cierra el Manifiesto -«Los proletarios no tienen nada que perder fuera de sus cadenas, Tienen un mundo por ganar. Proletarios del mundo, uníos»- tenían poco sentido para un obrero alemán occidental, cuyas condiciones de vida y su capacidad de compra mejoraban año tras año.

Sin embargo en países de África, Asia y Latinoamérica el marxismo, complementado por elementos de la llamada teoría de la dependencia y la teología de la liberación, mantenían cierto atractivo.

La crítica del capitalismo que aparece en los textos de Marx todavía puede iluminar ciertas contradicciones -su pensamiento tuvo cierto renacimiento después de 2008- pero el sistema ha mostrado hasta ahora una capacidad de autocorrección que hace al menos dudar de la fatalidad de las predicciones marxistas.

Rodrigo Zuleta

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