El peso de las ideas

Margarita Cedeño

@Margaritacdf

Hace unas décadas, cuando comenzamos a acuñar el término de la “sociedad de la información y el conocimiento”, estábamos convencidos de que la revolución de las ideas sería inevitable y que el mundo se abocaría a un proceso de evolución constante, que a pesar de tener altas y bajas, siempre dejaría resultados positivos para la sociedad mundial.

La proliferación de nuevas formas de interacción, interconexión y comunicación, el auge de la Aldea Global, auguraban un nuevo contexto social capaz de propiciar la mejoría de los ciudadanos en la medida en la que se estrechaba la “brecha digital”, es decir, nos comprometimos con un futuro donde el acceso al internet y los medios de comunicación traería consigo el desarrollo integral de los seres humanos.

Ese pensar fue lo que motivó una gran inversión del Gobierno dominicano y del sector privado para conectar las comunidades y llevar el internet a los hogares, una meta que aún no se ha cumplido del todo, pero que ha sido determinante para la inclusión de los dominicanos y su participación en el bienestar colectivo.

 Sin embargo, a pesar de que vivimos en un mundo cada día más conectado, aquella revolución de las ideas ha quedado distante y rezagada. El acceso de los ciudadanos a más y mejor información, no necesariamente ha traído consigo que el debate público y privado se eleve a niveles que aporten al avance intelectual y a la solución de los grandes problemas que nos agobian.

Acudir a las redes sociales en busca de información se ha convertido en un verdadero suplicio, que obliga a navegar en un mundo de noticias falsas, bots y tendencias generadas para tratar de encontrar información fiable, verificada y que resulte en un aporte al debate. La democratización de la información es un triunfo de la sociedad, pero los abusos que se observan hoy en día, que son difíciles de sancionar, generan un mal mayor.

Como sociedad, estamos obligados a retornar al concepto original de la sociedad del conocimiento, cuando se buscaba que el gran avance tecnológico que ocurría de manera exponencial en la sociedad debía traducirse en una transformación social, cultural, económica, política e institucional que se tradujera en un mundo plural que generaba avance y desarrollo constantes.

En parte, se ha logrado el objetivo. Pero el populismo político, la incapacidad de las instituciones de conservar su credibilidad y reconocimiento ante la sociedad y la inexistencia de un marco jurídico adaptado a los nuevos tiempos, impiden que el debate se concentre en las ideas y no en las informaciones infundadas, muchas veces generadas por perfiles anónimos que, probablemente, no existan en la realidad.

En la medida en la que avanzamos a la siguiente fase de la revolución digital, donde hablamos de metaverso, NFT, crypto y otras novedades, no podemos dejar de lado la importancia de reencausar la información para devolver a las ideas su peso ideal.

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