El zoológico

Celso Marranzini

El título puede confundir, algunos se preguntarán, ¿qué sé de animales? Mi respuesta es que existen otros tipos de zoológicos que no son los que estamos acostumbrados a visitar.

La jungla no necesariamente está en la selva. En nuestro caso está en las calles. La falta de educación, de planificación, está convirtiendo nuestras ciudades en una jungla con poca solución. Permisos de construcción que atentan contra toda lógica, colegios sin estacionamientos, consultorios médicos, negocios comerciales, ausencia de estacionamientos frente a un parque vehicular cada vez mayor, nos crean tensiones en el diario transitar por nuestras calles. Podríamos, perfectamente, por las características de cómo conduce cada uno relacionarlo con un caballo, con un burro, con un orangután, con una gacela, con un rinoceronte o con un gorila, pero para no herir susceptibilidades prefiero dejar al lector esa correlación.

Los negocios de los deliverys prosperaron más que nunca durante y después de la pandemia, nos han resuelto mucho, pero se han convertido en un peligro para ellos y para todos los demás.

No conducen, saltan de un lado a otro, no existen semáforos ni calles de una dirección, pueden perfectamente rayar los vehículos y uno que otro puede pedir excusas, pero la mayoría ni miran hacia atrás.

¿Tienen ellos solos la responsabilidad? No, empieza por los dueños de los negocios que los presionan a entregar más rápido, no exigen calidad en los motores ni el uso de cascos, tampoco les preocupa el cumplimiento de la ley de tránsito. Peor si estos son deliverys de colmados. Motores destartalados, sin luces y hasta sin frenos.

Estos muchachos, con la necesidad de ganarse la vida y dar un servicio, no obedecen reglas. Es culpa de nuestras autoridades que deben empezar no a incautar motores, llevar un verifone, empezaría por multar a los negocios y no a los deliverys.

Luego están los Sonatas, un tipo de vehículo de transporte público que no necesita luces, ni espejos retrovisores, tienen una imperiosa necesidad de llegar delante sin importar a quién atropellan, no respetan las luces de los semáforos porque para ellos son elementos inútiles que han instalado las alcaldías. La yipeta, vehículo impetuoso, que puede salir de cualquier intersección sin respetar las señales de pare, está ahí para recordar que muchos somos del Escogido por su color rojo, la altura del vehículo y su potencia los hace irrespetuosos y más si son de color negro.

Los camiones entienden que las calles las compraron para ellos, como los demás, las direccionales o el respeto a los carriles no existe, en las autopistas manejan en el carril izquierdo y rebasan sin ningún cuidado porque entienden que el otro debe respetar su tamaño, tenga cuidado si se encuentra en el camino de uno de estos. No se le ocurra conducir detrás de un camión de grava o arena, fácilmente le rompen el vidrio delantero.

Las voladoras necesitan ir a siquiatras para que les receten calmantes, lo primero que hacen es cambiar los parachoques de fábrica y sustituirlos por tubos, desgraciadamente ante la mirada indiferente de las autoridades, es un espectáculo verlos cambiar de carril diez veces en una misma cuadra para terminar llegando al mismo sitio. Me alegró el nombramiento de Hugo Beras en el INTRANT, joven inteligente, su plataforma política la desarrolló en base a resolver el problema del tránsito. No sé si tenía claro que el problema va mucho más allá de lo bien estructurado de un plan. La falta de consecuencias, la arrogancia de los conductores, políticos que entienden que un cargo les permite violar la ley de tránsito, un empresario que tiene una tarjeta de un militar, un periodista que critica las violaciones de la ley, pero el día que lo detiene un agente se sienten ofendidos; es toda una sociedad sin importar si son ricos o pobres, que se sienten que hay que llegar primero sin importar como se llega.

Para terminar de hablar de esta selva no podemos dejar atrás los sindicatos de choferes, que entienden las rutas les pertenecen y hemos visto que el negocio puede ser mejor que el de muchas de nuestras empresas, por la riqueza que exhiben.

Uno piensa y qué hacer frente a este panorama. Cazar a las fieras es imposible, pero debe existir una solución frente a este caos que es cada día peor.

Sabemos hacer las cosas bien. Ahí tenemos como ejemplo el corredor de la Churchill que es el que siempre veo. Las guaguas limpias por su carril, anuncios de empresas en sus laterales que les permiten cubrir sus costos.

No podemos seguir así, nos cuesta mucho dinero en tiempo, combustible, paciencia. Todos tenemos que ser parte de la solución, no podemos dejarlo en manos del INTRANT o cualquier otra institución pública. El país es de todos, somos un país turístico que refleja una agresividad en la calle que dista mucho del carácter amable, acogedor y festivo del dominicano.

Fuente El Caribe

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