Elecciones caras, democracia falsa

Pablo McKinney[email protected]

En nuestro país la lucha elec­toral ha devenido en un vul­gar asunto empresarial y poco más; cosa de obtener recursos económicos –(si de manera le­gal y trasparente mucho mejor)- y, a su de­bido momento salir con una ambulancia moral y/o financiera a recoger a los heri­dos/ vencidos de las primarias del partido adversario.

Hoy, en lo fundamental, la política consiste en estar dispuesto a agenciar­se la financiación de tirios y troyanos, o sea, de grandes grupos económicos de fortuna relativamente legítima, y tam­bién de narcos y lavadores, algunos de los cuales ahítos de “atajar para que otro enlace” les ha dado por participar directamente como candidatos a pues­tos electivos. A eso ha llegado nuestra democracia en pañales.

Sin embargo, a pesar de todos estos pe­sares, no hay forma ni manera de que nues­tras élites dominantes entiendan que mien­tras para aspirar a cualquier puesto electivo lo determinante no sea la hoja de vida, las propuestas ni los argumentos sino el dine­ro, la fe en la democracia seguirá disminu­yendo con cada proceso electoral y con ca­da ejercicio de gobierno.

Lo más grave es que, sabido todo esto, en vez de corregir el entuerto, es decir, aba­ratar el ejercicio de la política, hacemos jus­to lo contrario, en vez de parafrasear al de Úbeda para que ser honesto no salga tan caro y ser corrupto no valga la pena.

Se suponía que ante el liderazgo deter­minante del dinero en las campañas, los es­fuerzos irían encaminados a lograr hacer estas más cortas y menos costosas, pero no ha sido así, si no todo lo contrario: El Tri­bunal Constitucional acaba de declarar in­constitucional la prohibición de propagan­da en las precampañas, lo que hará más cara la competencia.

Ahora, por ejemplo, un precandidato presidencial antes de lograr ser nominado por su partido deberá agenciarse una ver­dadera fortuna para poder pagar la propa­ganda y esa cosa terrible a la que todos lla­man “logística”.

Mientras el factor determinante para la victoria electoral sea el dinero de quienes invierten en campaña para llegada la vic­toria cobrar de mil modos, nuestra demo­cracia, como en el tango de Discépolo se­guirá “flaca, fané y descangayada”, aunque la economía crezca como siempre y se re­cupere el turismo y las zonas francas como nunca.

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