Elecciones municipales y sistema de partidos

Flavio Darío Espinal

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) y sus aliados acaban de obtener una contundente victoria en las elecciones municipales al ganar 121 de las 158 alcaldías (cuarenta más que la vez anterior), así como un incremento apreciable en el número total de votos en comparación con los resultados obtenidos de las elecciones municipales de 2020. Ganaron, además, las grandes plazas electorales del país, lo que los coloca en una posición ventajosa de cara a las elecciones presidenciales y congresuales a celebrarse el tercer domingo de mayo. Este es uno de esos casos de triunfos electorales que ocurren sólo de tiempo en tiempo en los que un partido o polo electoral logra una gran hegemonía política y pinta de su color el mapa electoral.

Por su parte, los partidos de oposición no lograron balancear la competencia electoral municipal y posicionarse de manera convincente ante el electorado de camino a las elecciones presidenciales y congresuales. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y sus aliados redujeron notablemente su número total de votos y de alcaldías al pasar de 65 a 15 del 2020 al 2024, mientras que la Fuerza del Pueblo (FP), si bien aumentó su votación y número de alcaldes, lo cual era de esperarse ya que en el 2020 apenas había surgido como partido político, no llenó sus propias expectativas de convertirse en la segunda fuerza política para apalancarse hacia las elecciones presidenciales y congresuales.

Estas son realidades que no se pueden ignorar, lo que no impide examinar algunos factores que se pusieron de relieve en este proceso electoral para tratar de entender la coyuntura política y examinar los problemas y desafíos que se les plantean al sistema de partidos en la República Dominicana. De hecho, sólo la perspectiva que da el tiempo puede poner las cosas en su lugar, lo que invita, especialmente a los que perdieron las elecciones, a «respirar hondo» y examinar con franqueza y agudeza crítica lo que significó este episodio electoral.

No obstante, hay datos llamativos en estas elecciones. En el Distrito Nacional, por ejemplo, Carolina Mejía y Domingo Contreras obtuvieron prácticamente los mismos votos que en las elecciones de 2020 (la primera un poco menos, el segundo un poco más), con una abstención de 63%, siete puntos porcentuales mayor que en las elecciones pasadas que llegó a 56.79%. Pocas veces se ha visto una realidad electoral tan estática como ésta, pues ni el partido de gobierno logró expandir su base electoral en esta importante demarcación ni los partidos de oposición lograron cambiar la dinámica política para lograr movilizar a su favor esa gran masa de abstencionistas. En el municipio Santo Domingo Este pasó algo similar. El PRM y aliados fueron esta vez con un candidato distinto, pero su votación fue prácticamente la misma que en el 2020 (apenas obtuvieron alrededor de cien votos más), al igual que ocurrió con el PLD y aliados cuyo candidato alcanzó alrededor de diez mil votos menos que en las elecciones pasadas, con una abstención de 66%. En Santiago de los Caballeros la situación fue un poco distinta, pero con resultados igualmente sorprendentes. El candidato del PRM y aliados aumentó su votación en algo más de cuarenta mil votos, mientras que el PLD y aliados redujeron su votación en alrededor de catorce mil votos, pero esto se produjo en el contexto de una abstención de 68 %, probablemente la más alta del país. En este caso no se puede hablar de una realidad estática como en el Distrito Nacional y Santo Domingo Este, pero sí cabe preguntar qué pudo haber ocurrido en Santiago que, a pesar del gran despliegue de esfuerzos por parte de los dos polos electorales, estos no lograron encantar masivamente al electorado. El espacio de esta columna no permite analizar otras demarcaciones electorales, pero en muchas de ellas se dieron situaciones igualmente llamativas.

Es evidente que en estas elecciones se puso de manifiesto, al menos en las grandes plazas electorales, un gran desapego y una gran indiferencia del electorado. El PRM y el gobierno tienen buenos motivos para celebrar, pero los datos señalados muestran a un electorado indiferente y desmovilizado que no se sintió convocado a respaldar, con una alta votación, la labor gubernamental. Por su parte, los partidos de oposición tienen todavía muchos más motivos para estar preocupados por la falta de acogida del electorado a su interpelación como alternativa política.

Desde la perspectiva del sistema de partidos políticos y la democracia en general, estos resultados electorales, al menos en las grandes demarcaciones, tienen que motivar una reflexión seria, dentro y fuera de los partidos. Una de las características más sobresalientes del sistema político dominicano había sido la gran incidencia y fortaleza de los partidos políticos, así como la motivación siempre presente del electorado a participar en las elecciones. Si esta realidad cambia, entraremos en un terreno desconocido y hasta desconcertante, pues se podrían crear las condiciones para que, eventualmente, prosperen propuestas populistas fuera de los partidos políticos que, al final, terminan socavando el sistema democrático.

La oposición política, representada principalmente por el PLD y la FP, tiene el enorme desafío de renovar el discurso político y proyectar un liderazgo de relevo, lo cual sólo se logra si esa tarea se asume con una visión transformadora de mediano y largo plazo y no sólo con la mirada puesta en el siguiente certamen electoral. A su vez, el PRM y aliados tienen que tomar conciencia de que esta sorpresiva apatía política en una gran parte del electorado podría terminar afectándole a ellos mismos. También deben estar conscientes que les ha tocado gobernar en medio de un proceso de recomposición política cuyo desarrollo y desenlace se vislumbran bastante inciertos debido a lo que parece ser el comienzo de una crisis de representación política causada por una desconexión entre las expectativas sociales y las respuestas partidarias. Este no es un hecho menor en el sistema político dominicano, el cual ha estado vertebrado en torno a partidos políticos relativamente fuertes que le han dado sustento a la estabilidad y la gobernabilidad de que ha gozado el país durante las últimas cuatro décadas.

Una de las características más sobresalientes del sistema político dominicano había sido la gran incidencia y fortaleza de los partidos políticos, así como la motivación siempre presente del electorado a participar en las elecciones. Si esta realidad cambia, entraremos en un terreno desconocido y hasta desconcertante, pues se podrían crear las condiciones para que, eventualmente, prosperen propuestas populistas…

Diario Libre

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