En las crisis debemos mirar el conjunto del universo con los pies en la tierra

Altagracia Paulino

Por la fuerza de las costumbres surgidas de la religión, tendemos a mirar al cielo donde se supone que está Dios -se dice que está en todas partes-, para pedir su mediación ante los problemas que nos acosan.

Pero no siempre que se mira hacia arriba se piensa en el Creador, existen otras miradas hacia arriba y no precisamente al cielo, sino hacia algo más terrenal como las élites, y esas miradas a veces impiden ver el entorno en el que se está, y por tenerla fija en algo, en ocasiones no tan vital, se olvidan a los que están al lado o debajo de donde estamos.

Esa conducta conduce a errores que, en pequeño, pueden afectar a los vecinos cercanos, pero en grande pueden implicar a toda la sociedad.

De vez en cuando se piensa desde la propia perspectiva individual y nos creemos que lo que está en nuestro entorno es lo que prima y no lo que sucede en el espacio grande y poblado con muchas personas carenciadas.

Ocurre que la crisis global forzosamente ha provocado inflación en todas partes, derivada de la escasez de productos porque la globalización implicó una producción a partir de ensambles, es decir, que todo lo producido no proviene de un solo lugar y depende de ofertas desde todos los confines del mundo.

La crisis en la cadena de suministro es tal, que grandes proveedores en Estados Unidos han pedido a las cadenas de tiendas abstenerse de publicar ofertas que no podrán suplir para el viernes 26 de noviembre, día del Black Friday.

La crisis de suministro la veíamos venir, pero no nos preparamos para ella, y ahora que se inicia el regreso a la normalidad, la demanda de bienes y servicios supera la oferta del mercado y, debido a la parálisis de más de un año en la economía mundial, estamos colocados en medio de una crisis inflacionaria sin precedentes.

En crisis de esta naturaleza los más afectados son los consumidores, quienes debemos pagar los altos precios que brinda el mercado; esto implica para la clase media restringir sus gastos y para los mas pobres una baja sensible en su calidad de vida.

En medio de todo esto se ha encendido una luz con la propuesta del Gobierno de Estados Unidos y refrendada por 130 países para que sean gravadas con un impuesto global mínimo de 15% las ganancias corporativas de las grandes transnacionales.

La información, dada a conocer el domingo 10 de octubre, fue el resultado de una reunión celebrada en Francfort, Alemania, el viernes 8.

El acuerdo fue fiscalizado por la Organización para la Cooperación al Desarrollo Económico (OCDE). De concretarse la iniciativa, que busca ajustar la economía mundial, se pondría un limite a los llamados paraísos fiscales, que sería lo justo.

En medio de todo esto, imponer una reforma fiscal en nuestro país es darle un tiro de muerte a la clase media y declarar la muerte súbita a los pobres.

La crisis global forzosamente ha provocado inflación en todas partes

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