Entre Sal y Agua: La parcialidad de la ONU y el conflicto en Gaza

Por la redacción

La parcialidad de la ONU y el conflicto en Gaza

La comunidad internacional se encuentra sumida en un serio dilema con la ofensiva de Israel en la Franja de Gaza después del ataque de Hamas contra la población judía en la zona, que dejó al menos dos mil muertos, entre ellos niños degollados y alrededor de 300 rehenes. ¿Es prudente condenar a Israel por una reacción legítima frente a un ataque de tal magnitud? El tema es hasta qué punto se puede jugar a ser imparcial solo limitando la condena de la guerra a Israel sin que esa condena vaya acompañada de una censura a Hamas?

En los últimos meses, Naciones Unidas se ha limitado a observar el problema desde una sola óptica, lo cual, desde su función como órgano mundial, es incorrecto. Es cierto que Israel, si se quiere, se ha excedido, pues el número de muertos del lado palestino, incluyendo niños, es algo que podría equipararse a una crisis humanitaria. Más aún cuando se está hablando de que se trata en su inmensa mayoría de civiles, así como de una población que se está sometiendo a una terrible hambruna como consecuencia de la limitada ayuda que está llegando, fruto de los controles establecidos por los propios israelíes.

Israel ha tomado la decisión de terminar de una vez por todas con un enemigo que le ha estado hostigando a través de los años, con incursiones periódicas a su territorio, acciones de carácter terrorista y prodigando el odio contra su población en un contexto en que la ONU y otros gobiernos extranjeros llevan décadas tratando de buscar una solución diplomática a un conflicto histórico que se alimenta de la ayuda de Irán, un enemigo jurado de Israel, que suministra apoyo económico y bélico no solo a Hamas, sino también a Hezbollah, otro grupo bien armado en el Líbano.

No es que no se esté de acuerdo con la creación de un Estado Palestino. De hecho, sacar a Hamas del juego facilitaría una salida diplomática al conflicto. La Autoridad Palestina podría volver a asumir el control sobre la Franja de Gaza, hoy solo limitado a Cisjordania, lo que generaría condiciones más viables de negociación con Israel para lograr una paz duradera en la región. El propio Ministro de Defensa de Israel ha planteado a su gobierno la necesidad de buscar una alternativa palestina para la gobernanza de la Franja de Gaza y esa alternativa no puede ser otra que la Autoridad Palestina, que retomaría el control sobre todo el territorio.

La existencia de Hamas, dígase claro, es el peor escollo a la paz en la región. Dejémonos de hipocresías. La ONU debe adoptar una postura más equilibrada y condenar tanto las acciones de Hamas como las de Israel. No se puede avanzar hacia una solución justa y duradera si se ignoran las atrocidades cometidas por ambos lados. Es hora de que la comunidad internacional, especialmente la ONU, actúe con responsabilidad y justicia, y deje de observar el conflicto con una sola lente.

A propósito de las elecciones

A propósito de las elecciones nacionales de este domingo 19 de mayo, las agencias de prensa han despachado al ámbito internacional historias sobre este proceso que se centran en la problemática que República Dominicana enfrenta con la masiva migración haitiana y el interés que los diversos candidatos a la presidencia han puesto sobre el tema. Este hecho nos muestra cómo la comunidad internacional se interesa por un problema que hasta ahora ha tratado de manejar presentando a los haitianos como las grandes víctimas, sin observar ni buscar soluciones concretas a las causas que generan el problema.

En estos despachos de agencias internacionales se resalta la excesiva migración que soportamos y el número de repatriaciones producidas en lo que va del año por la Dirección General de Migración, que totalizan 175 mil. Haitianos que son deportados y vuelven a ingresar al territorio nacional a través de una frontera con varios puntos vulnerables, alimentada por el negocio entre traficantes y militares.

Se habla de que para la semana entrante estaría arribando a Haití el primer contingente de la fuerza multinacional destinada a auxiliar a la policía haitiana en el restablecimiento del orden y la seguridad en el convulsionado país. Se mencionan incluso fechas específicas, entre el 22 y el 23 de mayo, dato que parece estar en línea con las garantías ofrecidas por el Consejo Provisional Presidencial de que pronto restablecería su control sobre todo el país.

Las bandas armadas tienen el control de casi el 80% del territorio haitiano, sobre todo en la capital, Puerto Príncipe. En los últimos días, estas bandas han estado en movilización ante la inminente llegada de esta fuerza multinacional, hecho que de seguro provocará enfrentamientos con consecuencias trágicas. República Dominicana debe estar preparada para la protección de su frontera, pues la sola presencia de esta fuerza multinacional puede generar condiciones de inestabilidad que podrían afectarnos, debido a que los haitianos podrían intentar refugiarse de este lado.

La comunidad internacional, especialmente la ONU y otros organismos relevantes, ha sido ineficaz en abordar las raíces profundas de la crisis haitiana. Se limitan a paliar los síntomas sin enfrentar las causas estructurales, como la corrupción, la falta de instituciones fuertes y el apoyo insuficiente para el desarrollo económico y social sostenible en Haití. Mientras tanto, República Dominicana sigue lidiando con las consecuencias directas de esta negligencia, soportando una presión migratoria que pone en riesgo nuestra estabilidad social y económica.

 La comunidad internacional debe reconsiderar su enfoque y comprometerse seriamente a implementar soluciones integrales y duraderas para Haití. No se trata solo de enviar fuerzas multinacionales o de gestionar crisis humanitarias esporádicas, sino de invertir en el desarrollo a largo plazo y en la construcción de un estado haitiano funcional y autosuficiente. Solo así podremos esperar una reducción significativa de la migración forzada y una mejora en la calidad de vida  para los haitianos.

En el contexto de nuestras elecciones, es vital que nuestros líderes sean conscientes de esta realidad y actúen en consecuencia, defendiendo nuestros intereses nacionales mientras se promueve una cooperación internacional más efectiva y justa.

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